Por Humberto Tobón*.-No están China, Rusia e India, tres de los grandes contaminadores mundiales, en la Conferencia de las Partes – COP27, que se realiza en Egipto. Esto quiere decir que de este evento saldrá, nuevamente, una declaración reducida, de buenas intenciones y de compromisos gaseosos.

Los acuerdos, presionados esencialmente por intereses políticos y económicos, seguirán tratando de proteger una economía tradicional basada en energías fósiles, mientras se escucharán potentes discursos hablando de la necesidad de salvar el planeta, que está dando muestras continuas de deterioro. Hipocresía en un máximo nivel.

Este encuentro sobre el clima, se produce en un momento donde las naciones europeas dan pasos atrás en sus compromisos de transición energética y regresan al carbón para poder garantizarle a su gente una fuente de energía, luego de la decisión de Rusia de no provisionarlas de suficiente gas, especialmente en la temporada de invierno.

Esta crisis en Europa, demuestra la inmensa incapacidad de los gobiernos de la Unión de avanzar hacia el desarrollo de tecnologías que oferten energías limpias. Todo lo que promocionaron durante décadas fueron mentiras. Cuando llegó el momento, ni Francia, ni Alemania, ni España, ni Italia, ni Portugal, ni nadie, tenía cómo darle una respuesta tranquilizadora a su población sobre la oferta de una energía suficiente y amigable con el planeta.

Lo que se ve hoy en Egipto es el desfile de los más poderosos lobistas del mundo, negociando con los gobiernos, especialmente los que representan a las naciones más ricas, el aplazamiento de decisiones cruciales sobre el petróleo y el carbón. “Todavía hay mucha existencia de estos combustibles, como para dejarlos enterrados en el suelo”, dirán.

La ambición humana, la corrupción gubernamental, el poderío de los grandes capitales  y la insensatez de nosotros los consumidores, contribuyen a un deterioro acelerado del planeta, que se evidencia a través del cambio climático, cuyas consecuencias están dejando una estela de destrucción, dolor y muerte.

El futuro de la Tierra está en manos de gentes como los magistrados de la Corte Suprema de Estados Unidos, que le prohibieron al gobierno controlar las emisiones contaminantes de las grandes empresas. O de personajes como Trump, que muy seguramente ganaría la presidencia norteamericana si decide lanzarse, que no cree en el cambio climático y retiraría a su país de todos los acuerdos sobre el ambiente.

Cuál esperanza se puede tener en líderes como Putin, dispuesto a impulsar una guerra atómica; o Xi Jinping​ que sigue basando su economía en el carbón; o Narendra Modi, que tiene sumida a gran parte de su nación en la pobreza extrema.

Macron, Sánchez, Scholz, Meloni y Sunak, no tienen el peso para imponer una agenda climática mundial más ambiciosa y obligatoria. Tampoco lo tiene Biden, que, a pesar de sus buenas intenciones, está preso por el poder de las industrias automotriz y petroquímica.

Las conclusiones de la COP27, se sumarán a las de otros encuentros, que han resultado ser mentiras arropadas por un buen discurso. Sólo venden humo.

Bogotá, 08 de noviembre de 2022

Economista de la Universidad Libre. Estudió Administración Financiera en la EAN y Comunicación Social en la U Jorge Tadeo Lozano.

@humbertotobon

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