Capitalismo de vigilancia

Clara López Obregón
Clara López Obregón

Por Clara López Obregón*.- En las discusiones de la Comisión codificadora de la constituyente a la que asistía como delegada de Jaime Castro, surgió una polémica sobre la utilización del término habeas data para consagrar el derecho a conocer, actualizar y rectificar las informaciones que se hayan recogido sobre las personas en bancos de datos y archivos públicos y privados. El exmagistrado Ciro Angarita, llamado a resolver las dudas, desde esa época explicaba que las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones exponían al ciudadano como a “un pez en un acuario,” para subrayar la urgencia de consagrar este derecho fundamental.

De ese tiempo para acá han transcurrido casi treinta años y el habeas data se ha quedado corto frente a la manipulación a que están siendo sometidas las personas con las tecnologías invasivas de la privacidad que la profesora emérita de la escuela de negocios de Harvard, Shoshana Zuboff, ha denominado “Capitalismo de vigilancia.” La experiencia viva de las personas se recoge, acumula y empaqueta en productos predictivos del comportamiento humano que son utilizados en actividades comerciales y políticas sin su consentimiento y conocimiento informado.

La materia prima de los productos predictivos consiste en la infinidad de datos sobre los gustos, compras, lecturas, visitas, llamadas, salud, educación y demás preferencias y actividades que se registran en redes sociales, cámaras de vigilancia y celulares con los que se arman dosiers individuales que permiten convertir a cada persona en blanco de manipulación. La experiencia digitalizada del diario vivir se acumula y procesa con algoritmos que perfilan a cada consumidor, votante o blanco de cualquier finalidad ajena a su conocimiento o deseo, al extremo de llegar a predecir e incluso dirigir su conducta para aumentar ventas, votos o el control social.

Para dar una idea de lo invasivo del acuario en que se está convirtiendo la sociedad, analicemos los alcances de la vigilancia a la que nos sometemos con el omnipresente celular. Cada uno de esos aparatos tiene tres dispositivos de ubicación, más cámaras y micrófono. No basta con desconectar el GPS. Los otros dos dispositivos permiten ubicar al portador a centímetros de distancia de cada locación, durante cada segundo de cada hora del día. También recoge el número de pasos, el ritmo cardiaco, las emociones, la huella digital, entre tantos datos que alimentan los apps que nos hacen cómoda la vida.

Un estudio del Massachussetts Institute of Technology (MIT) comprobó que tres meses de información sobre la ubicación de una persona a través de su celular son suficientes para que los algoritmos puedan predecir su accionar diario con un alto grado de confiabilidad. El Gran Hermano contemporáneo de las plataformas digitales de Facebook, Amazon, Microsoft y Google (Alphabet), lo ve, lo oye y lo acumula todo para venderlo procesado al mejor postor.

Las implicaciones para la libertad individual y la democracia son realmente escalofriantes. Quienes manejan la información han descubierto el poder de manipular y modificar el comportamiento humano para garantizar resultados. Se trata de un poder susceptible de abuso que cambia los supuestos mismos de la economía y de la política, al transformar la conexión digital de un medio de liberación, conocimiento y expresión, en un fin de control por parte de terceros cuyas motivaciones, objetivos y métodos nos son ajenos.

La instrumentación económica convierte la información, que desapercibidamente soltamos, en productos predictivos que después nos condicionan a consumir determinados bienes y servicios. La instrumentación política puede condicionar al ciudadano a votar de acuerdo con la voluntad de quien pague por el acceso y procesamiento del big data. Ya sucedió con la empresa Cambridge Analitica contratada para influenciar las elecciones en favor de Trump y del brexit con base en pilotos experimentales realizados previamente en Bogotá con Enrique Peñalosa y en Filipinas con Duharte. Así lo divulgó el documental Nada es privado dirigido por Karim Amer y Jehane Noujaim y difundido en Netflix.

La legislación mundial está en pañales ante tan grave amenaza. Debemos abandonar el espacio de confort, cuidarnos de divulgar nuestros datos y exigir regulaciones adecuadas que nos protejan de esta megamanipulación que atenta contra nuestra autonomía y la democracia. Para mañana es tarde.

Hecatombe humanitaria. Con la muerte de Fernando Quintero Mena el 26 de enero, en Convención, Norte de Santander, van 25 líderes sociales y 6 excombatientes asesinados en 2020. Hace una semana (18 de enero) iban 23 líderes sociales y 3 excombatientes. Sigue el exterminio. Uno es demasiado. (Fuente Indepaz y SEMANA).

Bogotá, D. C, 13 de febrero de 2020

*Exalcaldesa de Bogotá y Exministra de Trabajo.

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