Por Nicolás Garzón.-Hoy la población en Colombia no cree en las instituciones, a los líderes políticos y de opinión les ha quedado grande su papel, la corrupción campea y se enquista en nuestros sistemas democráticos, de justicia y de gobierno. El papel de los partidos se viene reduciendo cada vez más a la maquinaria electoral, donde lo que manda son grandes caudales de dinero, lo que genera que solo se pueda acceder por dos vías: aquella que no pretende cambios (pues quien obstentando privilegios va querer que las cosas cambien) y por la vía del dinero fácil (la corrupción).
Estos dos caminos están llevando al país a un fin peligroso, con unas dinámicas sociales que están generando igualmente dos caminos: el primero el del esepticismo (el cual lo hace caldo de cultivo de los autoritarismos) y el segundo el de la lucha de clases (generada por altas desigualdades sociales, económicas, políticas y culturales). En Colombia el movimiento social, que es el único capaz de cambiar la situación planteada porque solo cuando un ciudadan
o ve que es capaz de generar cambios para si mismo es que empieza a sentirse parte del poder, es decir de la democracia, ha sido estigmatizado por el fuerte conflicto armado, por eso es necesario que desde los gobiernos nacionales y regionales, se empiecen a generar dinámicas y políticas públicas que permitan el fortalecimiento de la organizaciones populares, ya sean estas políticas, sociales o culturales.
En ese sentido el sistema educativo tiene un papel fundamental, pero no solo del sistema público, es necesario que desde todos los ambitos académicos se empiece a propiciar movimientos y organizaciones en defensa de la democracia, ese es el papel fundamental de los docentes, desde la educación preescolar hasta la doctoral, desde la informal y desde la formal. El papel de la escuela debe fortalecer ciudadanos capaces de ejercer el poder de decisión y de transformación.
Pero esto no se debe dejar solo en el papel y el discurso, para que esto se de en realidad el sistema educativo, público y privado, debe cambiar y a tener acceso a toda la población y los estudiantes con mejores capacidades puedan tener la mejor preparación.
Ese sería el primer paso justo en el logro de una Colombia equitativa y en paz.