El río ya no es el río, al río lo mataron

Jairo Gómez
Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.- Mataron el Río Cauca y, como sucede con el asesinato de cerca de 580 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos, desde 2016, seguramente el crimen quedará en la impunidad.

No sabremos de responsables y todos, quienes tuvieron la brillante idea del gran negocio, se culparán unos a otros hasta difuminar en una abstracta investigación judicial la sentencia mortal contra el torrente de agua más importante del país, después del Río Magdalena.

La muerte del río, como los crímenes contra luchadores sociales, tiene su pasado y está lleno de intereses y de perversos propósitos. La historia comienza cuando en aras de la supuesta modernidad y el progreso escogieron inundar territorios que en el pasado habían sido escenarios de múltiples masacres, de luchas por la propiedad de la tierra; pero al mismo tiempo del voraz apetito de quienes vieron en el proyecto Hidroituango un barril de fortuna para llenar los bolsillos de una clase política antioqueña corrupta y mentirosa. “Como presidente de la República le di todos los estímulos para que este proyecto se pudiera llevar a cabo”, dijo en su momento el expresidente y Senador Álvaro Uribe Vélez. En igual sentido lo auspició desde la Gobernación de Antioquia, Luis Alfredo Ramos, hoy investigado por sus presuntas alianzas con grupos paramilitares.

Según las propias organizaciones de campesinos que históricamente han encontrado en el río Cauca el sustento económico y desarrollo de la región, nunca se conocieron estudios serios y se desoyeron las recomendaciones y posibles daños al ecosistema, amén del desarraigo cultural y el desplazamiento que provocaron en los 25 municipios ribereños que han vivido y viven del caudaloso río.

Esas mismas organizaciones denunciaron, como ocurre con el asesinato de líderes sociales y defensores de Derechos Humanos, la implementación de una estrategia violenta para imponer la construcción de la megaobra basada en la persecución y desplazamiento de quienes se oponían a que la represa se cimentara en esa región.

“Mataron no solo el río que ya es un crimen ambiental de altísimas proporciones, también mataron la cultura, la historia de la comunidades y el sustento de los pobladores ribereños. No les importó la comunidad, ni la flora, ni la fauna, con tal de tratar de culminar una obra que ya es un fracaso”, dijo Isabel Cristina Zuleta, de la Fundación Ríos Vivos.

Como seguramente no habrá responsables, y quiénes vayan a la cárcel por semejante crimen ecológico y ambiental, la pregunta es ¿cómo castigar a toda esa clase dirigente inepta y corrupta? Pues bien, ahí va una sugerencia: no votar por ellos en las próximas elecciones para gobernadores, alcaldes, diputados y concejales.

Ese es el único castigo que les duele: el castigo de las urnas, porque la justicia brillará por su ausencia. Hay que sacarlos de circulación política y quitarles la confianza que los antioqueños depositaron en esos dirigentes que hoy tienen a más de 300 mil pobladores postrados en la miseria y en la incertidumbre de no saber con certeza qué sucederá con la mole de cemento agrietada y en constante vaivén porque no logró encajar en la montaña.

Hay que trasladar el descontento de la ciudadanía a la calle, ni siquiera el parlamento con su control político es efectivo. Hoy en Colombia no pasa nada; reina la impunidad. De Hidroituango no vamos a conocer los responsables de semejante debacle, como tampoco conoceremos, finalmente, quienes en Odebrecht propiciaron y ordenaron el pago de los sobornos a las campañas presidenciales y funcionarios estatales.

Solo la calle hará libre a Colombia de estos enjambres de corrupción que se apoderaron de la institucionalidad del país, en este caso de los principales socios de la presa: la Alcaldía de Medellín (EPM) y la Gobernación de Antioquia.

La respuesta contra quienes mataron el río Cauca debe ser política, y los antioqueños, los que no pertenecen a las élites, ni sindicatos y colmenas corruptas ancladas en el pasado, los deben castigar en las urnas y expulsarlos del poder. El río ya no es el río, el río lo mataron.

Bogotá, D. C, 12 de febrero de 2019

*Periodista y Analista Político

@jairotevi

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