La Crisis Venezolana divide a América Latina

Yoani Sánchez
Yoani Sánchez

Por Yoani Sánchez*.- La ola de protestas populares que mantiene en jaque a Nicolás Maduro, junto a la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, ha terminado por ahondar las diferencias en América Latina.

La región está dividida entre los países que han reconocido como mandatario al presidente de la Asamblea Nacional y aquellos que mantienen el apoyo a la camarilla gobernante en Venezuela.

Salta a la vista que las cancillerías que siguen rompiendo lanzas por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) pertenecen a sus viejos aliados ideológicos como Cuba, Bolivia, Nicaragua y El Salvador. En todos esos casos, se trata también de regímenes que han recibido cuantiosos recursos de las arcas venezolanas en los últimos años. Son los mismos, además, que han aprovechado el petróleo enviado desde Caracas para entronizar sus regímenes, o al menos prolongarse en el poder y desarrollar redes de clientelismo a cambio de fidelidad política.

En el mapa latinoamericano de las afinidades, muchos de los ejecutivos que apoyan a Maduro son parte también de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), un organismo regional en franco declive y cuyo origen estuvo más marcado por cerrar filas contra Estados Unidos que por  el propósito de mejorar la vida de los habitantes del bloque. Pero la complicidad que muestran actualmente con el Palacio de Miraflores trasciende las declaraciones políticas y las notas de los Ministerios de Exteriores y ha llegado a convertirse en censura informativa hacia el interior de esos países.

En Cuba, gracias a la llegada de internet a los móviles en diciembre pasado, los ciudadanos están comparando con más inmediatez las noticias sobre las manifestaciones en Venezuela que publican los medios independientes o extranjeros, bien distantes de la fanfarria triunfalista y totalmente parcializada que publican los periódicos y la prensa oficial. La cadena Telesur, controlada por el PSUV y que se transmite en la Isla, ha hecho gala de una ceguera patológica a la hora de contar las protestas que está molestando mucho a los televidentes.

En Nicaragua, numerosos colegas periodistas se quejan de que la propaganda de Ortega también distorsiona las manifestaciones populares contra Maduro y en El Salvador, la lealtad de Salvador Sánchez Cerén está aumentando el descalabro político de su partido, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que tiene muy pocas posibilidades en los comicios presidenciales de este febrero.

Otras naciones, como el México de Andrés Manuel López Obrador, han preferido mantenerse al margen en nombre del principio de no intervención y autodeterminación de los pueblos. Una postura que le ha ganado una avalancha de críticas al mandatario, pero que ubica al país norteamericano en una posición de posible intermediario en una negociación entre las fuerzas en disputa en Venezuela. Una opción que ahora parece distante, dada la agresiva retórica de Maduro y la desconfianza del sector opositor hacia otro presunto diálogo baldío.

Sin embargo, más allá de las posiciones puntuales de cada Gobierno, lo cierto es que América Latina vuelve a dividirse y a enfrentarse. Venezuela es el nuevo cisma que sacude a la región y deja en evidencia las claras líneas que separan al continente. En la medida en que la crisis se prolongue y las presiones populares aumenten, ese abismo se irá ensanchando. Vale estar pendientes de cuáles pasos, además del apoyo diplomático, están dispuestos a dar los camaradas políticos de Nicolás Maduro.

Cuba, 6 de enero de 2019

*Semióloga y bloquera cubana.

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