Por Nicolás Garzón.-La paz está en los corazones, ese es el verdadero logro al que debe llegar el país. En estos momentos difíciles que vive el proceso de cese al fuego con las Farc debe ser la premisa que debe tener cada uno de los colombianos y de la comunidad internacional. Si bien se han generado expectativas que esto estaba por lograrse en los próximos meses es necesario más que nunca que como nación sigamos sintiendo que es necesario que estas conversaciones lleguen a buen termino, así demoren el tiempo que tengan que demorar, y que nuestra voz siempre esté viva en contra de cualquier acto de violencia de donde venga y por quien venga.
El pueblo colombiano, en especial aquellas personas que han sufrido directamente la violencia por el conflicto armado, hoy están trabajando para cambiar esta situación, son esos ejemplos los que deberían ser tenidos en cuenta porque desde allí es que se están generando unas dinámicas para cambiar el rumbo del país. Cuando nos acercamos a este tipo de procesos descubrimos que a pesar del sufrimiento y al abandono, hay colombianos con voz crítica pero con el corazón lleno de esperanzas para cambiar el rumbo de nuestra historia, es desde ahí que se está ejerciendo una verdadera presión para que las Farc, otros grupos guerrilleros, la delincuencia común, el narcotráfico y la corrupción, cambien su manera de actuar, pues el país tiene mucha riqueza no solo natural sino de gente comprometida con la formación de un país en desarrollo y en equidad. Para ahí es donde los medios de comunicación y los planes de gobierno deben dirigir su mirada y demostrar que solo a través de procesos locales de cohesión social es que se está logrando esa paz tan anhelada, puesto que solo con la participación política y social de la población es que se producirán cambios en el desarrollo de Colombia.
La Pastoral Social de Colombia tiene un programa al que han denominado Iniciativas Locales de Paz y Sembradores de Paz, estos son los ejemplos a los que hace referencia este artículo de opinión. Oír a estas personas que bajo condiciones sociales y políticas no propicias deciden oponerse a la guerra y llenar sus casas, sus barrios, sus pueblos y sus territorios de paz, es que llenan los corazones de esperanza, no sin inocencia pues es seguro que la paz no la lograremos con solo la firma de la Habana, sino a través de cada uno de nosotros, y para eso requerimos un cambio de cultura política.