Gabriel Ortiz
Gabriel Ortiz

A veinte días de ese 26 de agosto, cuando los colombianos atiborraron las urnas para pronunciarse contra la corrupción, afloraron las más preocupantes denuncias en torno al tema que saquea las finanzas nacionales y el producto de los impuestos que dejan exhaustos los bolsillos de nuestros compatriotas.

En Colombia, uno de los países que más agua posee en la faz de la tierra, millares de habitantes mueren de sed, o de enfermedades que contraen por consumir el precioso líquido completamente contaminado. Contaminado por nosotros mismos, que lo enrarecemos con el glifosato –que beneficia a Monsanto e importadores- la minería ilegal, el ELN con sus atentados al oleoducto, la incultura y tantos factores más.

Sale ahora a flote, según denuncias del Colega Daniel Coronell y otros columnistas, el ingente negocio que montó en Panamá hace años el actual ministro de Hacienda con los llamados “bonos Carrasquilla”. Con extraños mecanismos, ubicaban municipios, les entregaban dineros con leoninas clausulas y altísimos intereses, que debían pagar durante 19 años. Ni los más avaros y usureros bancos, que se sepa, tienen modalidades de ese tenor. La corrupción reinante en la mayoría de esos municipios, permeaba a alcaldes y concejales que hacían festines con esos dineros, mientras la sed agobiaba a sus habitantes, o las enfermedades diezmaban su población.

Esta perversa situación fue denunciada por Simón Gaviria y luego por el entonces ministro de Vivienda, Luis Felipe Henao. Este último, con nuestros impuestos, logró a través del Findeter, recoger algunas de esas deudas y librar a los municipios de las garras de los “bonos Carrasquilla”. “Bonos impotables”.

El inventor de los bonos, se defiende –y tiene todo su derecho- señalando que no se enriqueció con esos bonos. La corrupción, no tiene medida, ni modalidad, ni cuantía monetaria. Es simplemente corrupción. En la antigua Roma, Julio César dijo: “No basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo”.

Fue casi imposible para el Minhacienda y el enjambre de senadores hambrientos de la mermelada -que Duque ha eliminado hasta ahora- encontrar argumentos para sacralizar, limpiar o purificar los “bonos Carrasquilla.  

En Colombia nos invade la corrupción. Por fortuna, el Presidente Duque dejo en firme el proyecto de ley que adopta las normas aprobadas por la Consulta del 26 de agosto y la envió al Congreso.

Es urgente. Ya no hay espacio que no ocupe la corrupción. En Bogotá, se acaba de adjudicar la licitación de los semáforos inteligentes con papeles falsos, mientras el Alcalde se hizo el de la vista gorda, como ocurrió en su anterior administración con la invasión de bolardos, pésima calidad de las losas y tantas cosas más. Ahora vemos cómo habilidosamente se oculta bajo abultados presupuestos de publicidad en importantes medios, para escurrir el bulto, eludir responsabilidades y escapar a una “requeteaplazada” revocatoria y traer buses contaminantes.

¿Lograremos unos bonos de agua potable?

BLANCO: El reconocimiento del Presidente Duque a Pékerman. 

NEGRO: ¿A quiénes les interesa una guerra con Venezuela? Hasta la OEA y Pacho Santos buscan armarla.

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Bogotá, D.C, 21 Septiembre 2018

*Periodista. Ex director Noticiero Nacional y de NotiSuper.

 

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