Por Felicia Saturno Hartt.- 2016 cierra su ciclo y las contradicciones de los actores políticos muestran la mayor crisis de liderazgo de la historia. El debate es, hoy por hoy, un encuentro de intereses complejos. No son las ideas, no son los intereses de clase, no son los valores los que están en pugna.
La Política, con mayúsculas, a diecisiete años del siglo, vibra en el universo bipolar. Incluso hay quienes expresan que la Guerra Fría y las guerras mundiales están detrás de la puerta. Mas no es así.
Existe un conflicto mayor, pero no irreconciliable. El Populismo, esa tendencia que hace de la diferencia un dividendo, ha engendrado, desde inicios del siglo, paradójicamente, mayores exclusiones.
Y los más angustiante es observar a los conservadores, en un escenario, complejo y contradictorio, de sobrevivencia. A diferencia de décadas anteriores, los hijos del status quo, en este momento, son populistas. Y son más amenazantes que los herederos de Stalin.
Élites oportunistas para algunos, crisis de identidad para otros, el Populismo de Derecha es una contradicción, porque el antagonismo que alimenta la relación entre las élites (económicas, intelectuales, etc) y el pueblo, no se puede resolver si no se rompe con las estructuras institucionales burguesas, oligárquicas y del staquo quo imperante, lo cual deja sin patrimonio político a los neopopulistas.
Objetivamente lo que sí existe, en la actualidad, es una respuesta a los desmanes de la clase dirigente, cada vez más corrupta, ineficiente y de espalda al momento presente de las naciones.
Pero ese descontento, también ha sido capital político de los Populistas de Derecha y tuvieron expresiones tan temibles como las del Brexit, las de la Reforma Constitucional de Italia, el No al Plebiscito de la Paz en Colombia e incluso la victoria de Trump.
El resultado de estos procesos no abrió posibilidades, más bien las destruyó. Y el votante, posteriormente, midió que las consecuencias de una decisión emocional se pagan. Ejemplo de ello, es el riesgo que tomaron los jóvenes en el Reino Unido al votar el Brexit. Las ventajas de ser europeos y poder trabajar y estudiar, el sueño de superación de todos los británicos, en cualquier parte de Europa, se esfumó.
El ciudadano de a pié no se siente representado. Las maquinarias políticas del Populismo han sido eficaces pero no efectivas, ganan elecciones, pero no manejan los indicadores de gestión de los clientes de los políticos, los ciudadanos. Sólo multiplican el discurso de la igualdad de derechos y oportunidades, ante el deterioro de la sociedad, de las instituciones y las economías nacionales.
Pero para eso, creen los Populistas, está el discurso de la intolerancia y la exclusión de los enemigos: inmigrantes, comunidad sexodiversa, intelectuales, ONGs, defensores de derechos humanos, etc, que deben callar, exilarse o morir.
Francisco Panizza, Profesor de Política Latinoamericana y comparada de la London School of Economics, advierte sanamente que “cuando hablamos de las razones comunes del Populismo, y esto afecta tanto a EEUU como a Europa, vemos que es el coletazo de la Gran Depresión del 2008 y 2010, que creó un sentimiento de injusticia entre mucha gente, que pensó que los gobiernos salvaban a los bancos a costa de la población. Eso deslegitimó mucho el orden político y económico y la visión de la globalización que subyace".
Todo esto ha alimentado las contradicciones y ellas pueden llevar al poder a los oportunistas, de cualquier signo, que actuarán en contra de las conquistas ciudadanas, en materia de derechos humanos, porque la ingobernabilidad elevará las voces de la gente, en un mundo donde lo único que libera, paradójicamente, es la tecnología.
Por ello, los neodictadores populistas odian el internet, porque han podido asfixiar los medios de comunicación, pero no el poder de las redes sociales, que, con sus defectos y virtudes, han abierto canales de comunicación y de legítima protesta.
Queda observar. Todos esos fenómenos aún no han aportado sus consecuencias. Pero los populistas siguen dando muestras tangibles de su identidad. No es poco lo que trae consigo el escándalo de Odebrecht, más que dinero es la muestra del proyecto cleptocrático de los dirigentes.
Espero que el 2017 sea un mundo infinitamente menos raro.