Por Jaime Enrique Durán Barrera.- Ya estamos en el umbral de una decisión que cambiará no sólo la historia de nuestro país, sino el devenir del mundo contemporáneo.
Colombia vive, tal vez, el momento histórico más importante de su historia, porque decidir terminar o no la propuesta de los Acuerdos de La Habana, tiene implicaciones en todos los órdenes de la vida nacional e incluso repercusiones en la esfera global.
No fue un ardid electoral el apoyo de la Comunidad Internacional a las negociaciones, ni sus contribuciones al complejo proceso posterior, el de Postconflicto. Menos aún la entrega de los menores y el comienzo de la entrega de las armas. Son hechos que ya han anunciado y corroborado la seriedad del proceso de paz.
Más de medio siglo de conflicto representa la pérdida de un verdadero desarrollo sostenido y el desgarro del tejido social. Colombia tiene más de 8,3 millones de víctimas del conflicto armado registradas desde enero de 1985.
Si ya tenemos inmensas dificultades para reparar a esas víctimas, de no terminar la guerra vamos a seguir produciendo víctimas. En 50 años, tendremos 8 millones de víctimas más, por la sofisticación de la violencia.
Los contradictores del proceso de paz han perdido la perspectiva. Ninguna negociación es perfecta, pero si dos adversarios lograron dirimir sus diferencias en pos de una salida negociada, es posible, a posteriori, optimizar el acuerdo.
Porque el problema es perder la oportunidad histórica. La incomprensión de la naturaleza de la negociación puede llevarnos a un mayor conflicto. Claro está que la guerra tiene su valor agregado, pero a largo plazo, sólo habrá perdedores.
Vivir en paz y asumir el desafío del después de la guerra, es una tarea titánica. Es algo que los colombianos no conocemos.
Vivir en paz es conjugar otros procesos sociales. Procesos de inclusión, respeto, aceptación, convivencia e integración. Procesos que tocan los intereses individuales y de las élites, de todo tipo y abren posibilidades de democratización.
Por ello, como senador invito a todos a votar por la Paz, por ese sí que nos llevará al reto de hacer una Colombia más equitativa, más incluyente, más humana. No será fácil, es un desafío a nuestra creatividad, a nuestra capacidad de diálogo, a nuestra habilidad de manejar conflictos y resolverlos, a nuestra obligación de reconstruir el tejido social colombiano, herido de guerra e injusticia, que espera reparación y no repetición.
Votemos Sí, para vencer la guerra y ganar todos.