Por Jaime Enrique Durán Barrera. Este lunes 26 de septiembre comienza un nuevo tiempo para Colombia, porque el logro de un consenso entre dispares, implicó trabajar las diferencias y asumir el reto de mirar al futuro y edificar un mejor destino para los colombianos.
La firma de la Paz es uno de los acontecimientos que cambiará la cara de la Política en el país, no sólo porque la insurgencia reemplazó las armas por la participación política directa en los escenarios públicos, sino, porque su expresión concreta y real, hacer la paz, enfrentará a todos los problemas supeditados a la prioridad de la guerra. Es decir, que la gran excusa para postergar la solución a los necesidades sociales, ya no serán de las guerrillas y sus actos.
A partir de este 26S se abre la posibilidad de construir nuevos espacios y escenarios sociopolíticos, pero desde la Colombia Profunda, donde están aún las causas de más de 50 años de conflicto, latentes y urgentes, exigiendo la iniciativa y la presencia del estado colombiano, de la sociedad civil y de la academia, para superar, en mediano plazo, las necesidades y exigencias de un país diverso y plural, que merece progresar.
Indudablemente que viviremos en una nuevo tiempo. Y tendremos que aprender a vivir en paz, con todo lo que requiere esta convivencia, con otras reglas de juego: respeto, consulta, iniciativa, tolerancia y evaluación, porque el valor de la paz, requiere del consenso y eso sólo es posible con el diálogo permanente.
También será un proceso de decisiones contundentes, por ingente necesidad de construir la equidad, para vencer las profundas diferencias sociales y económicas que viven los colombianos, sobre todo de las regiones y lograr la igualdad de derechos, para superar las consecuencias de la guerra e integrar a todos en un proyecto de país realmente democrático, donde quepamos todos.
Y definitivamente, será el momento de las regiones, de esa geografía humana y territorial, intrincada y diversa, que describe a Colombia y es un desafío para la clase política. Porque la Paz exige participación, diálogo, consensos, negociación y evaluación, prácticas realmente que forman parte del desarrollo de la democracia.
Para la construcción de una Colombia en Paz requerimos una verdadera democracia. Para ello, tendremos los retos de superar los vicios presentes en las instituciones y organizaciones del estado, como el uso abusivo de la burocracia, el nepotismo, la corrupción, etc. y la integración de la sociedad civil y del sector privado, a través de la responsabilidad social. Sin ello, no habrá paz duradera.