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Por Mauricio Cabrera.-Con la excusa de protestar contra la ideología de género han salido del closet con furia y con pasión las ideologías del odio, alimentadas de falsos principios religiosos y lecturas sesgadas de la Biblia, y aprovechadas por políticos oportunistas que en ese río revuelto buscan adeptos para su oposición a la Paz.

“Ambientes escolares libres de discriminación” es el título de la cartilla preparada por un grupo de expertos cuya divulgación desató la ira santa y cabe preguntarse el porqué de la reacción agresiva e intolerante contra un intento de educar para el respeto de la diversidad y la tolerancia, y así evitar fenómenos de matoneo y hostigamiento que pueden llevar a desenlaces tan trágicos como el suicidio del joven Sergio Urrego, discriminado en su colegio por su orientación sexual.

Por desgracia parecería que la humanidad tiene una tendencia atávica, casi una necesidad, de discriminar, de marcar diferencias y establecer barreras entre nosotros (los buenos, los superiores, los correctos) y ellos (los malos, los equivocados, los inferiores). Hoy en Colombia las baterías se enfilan contra los homosexuales, -y con más rabia porque una valiente Ministra ha tenido la osadía de reconocer que ella lo es-, pero antes han sido muchos los grupos sociales víctimas del acoso y la persecución.

De hecho la llamada “ideología de género” no surgió como una defensa de la comunidad LGTBI sino que fue una bandera del movimiento feminista en su lucha por la igualdad de derechos para las mujeres en las sociedades machistas que les daban un tratamiento de ciudadanos de segunda categoría. Después el concepto se extendió a los otros géneros que siguen siendo discriminados y hostigados.

Grande es el esfuerzo que debe hacerse para superar esa tendencia discriminatoria de las sociedades y construir una sociedad donde impere el respeto por el otro, la tolerancia, la aceptación de las diferencias, la valoración de la diversidad.

Educar para la tolerancia, es el nombre del juego. Esta labor pedagógica debe iniciarse desde el seno mismo de la familia, donde cada uno de nosotros experimenta por primera vez la importancia del respeto por el otro y la necesidad de la aceptación de las diferencias como elemento esencial de la convivencia en la vida cotidiana; casi que se puede afirmar que quien no lo aprendió allí, difícilmente podrá llegar a comprender su importancia.

Pero por supuesto, la pedagogía de la tolerancia debe ser un elemento esencial en las instituciones educativas, y por eso es indispensable que se incluya en los manuales de convivencia, para que no se reproduzcan las ideologías del odio y no repitamos la historia.