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Por Iván Díaz Mateus.-Acabamos de salir de una emergencia costosa y dramática causada por el verano, las voces de alarma cundieron entre agricultores, ganaderos, pescadores y muchas poblaciones se vieron abocadas a racionamiento de agua, solo el cambio del clima nos salvó de un apagón que le iba a costar al gobierno de Santos los pocos puntos de opinión favorable y al país millones de pérdidas por su afectación a la industria, el comercio, el turismo, etc.

Tristemente semanas después de esta coyuntura llegan los efectos adversos de las lluvias y ahora no es por falta de agua sino por su exceso que se presentan contingencias, en viviendas, vías, cultivos y explotaciones económicas. El fenómeno de la Niña empieza su cadena de estragos y le dará paso a su oponente El Niño para que vuelva y haga de las suyas.

Difícilmente aprendemos las lecciones de la naturaleza que son tozudas, sistemáticas e imposibles de ignorar y así no hemos diseñado un política pública y de inversiones dirigidas a enfrentar estos fenómenos no mediante paliativos de urgencia, sino con una preparación estratégica y puntual que nos permita vivir lo más normal posible durante su ocurrencia o sin ella, y aunque parece remoto prepararnos de manera perfecta para afrontar los caprichos del clima si debemos empezar por entender que aunque somos un país tropical, sin estaciones, los tiempos de verano e invierno vendrán tan acentuados cada uno que es obligatorio iniciar un camino hacia una trasformación de nuestra manera de pensar y de actuar.

Hasta hace pocos años nos guiábamos por el almanaque Bristol y el poster de la Cabaña, o nos concentrábamos en los primeros días del año para predecir lluvias o tiempo seco de acuerdo al comportamiento de los días respectivos, eso es historia patria, las circunstancias son diferentes ya que como lo ha sostenido James Lovelock en su libro “La Venganza de la Tierra”: “…para comprender y tratar de salir del lio en el que nos hemos metido con el cambio climático es necesario conocer la verdadera naturaleza de la Tierra e imaginarla como el ser vivo más grande del sistema solar, no como algo inanimado, al modo de esa vergonzosa idea de “la nave espacial tierra”, y agrega citando al escritor Michael Crichton quien afirma que: “… la previsión del tiempo a largo plazo es imposible debido a las matemáticas del caos que dominan los sistemas meteorológicos”.

Los frentes en que hay que trabajar son diversos, como son los problemas que se vienen, pero hay que empezar a consolidar una voluntad política que vea ese tema con responsabilidad, poco se habla hoy de energías renovables como la solar, la eólica, la mareomotriz fuentes alternativas reconocidas y probadas; son escasos los proyectos de apoyo al campo para el riego, el análisis de suelos, la producción alimentos almacenables; tampoco hemos tomado con seriedad los planes de ordenamiento para evitar urbanizaciones en sitios con alto riesgo; la guerra por sitios de disposición final de basura nos hace ignorar la posibilidad de convertirla en energía, en fin hay multiplicidad de temas que los expertos sabrán tratar con mayor puntualidad.

Es inevitable que nos preparemos para tiempos difíciles porque lo cierto es que la era del almanaque Bristol ha llegado a su fin.

@idiazmateus