Por Luis Fernando García Forero.-Comúnmente la gente piensa que el poder es coacción, autoridad, magia o populismo. Estas pueden ser sus dimensiones, no lo niego, pero no sólo es eso.
El Poder va más allá del carisma y lo necesita para empatizar. Es más que la debida retórica, porque si no es frívola elocuencia.
Indudablemente que el Poder es ejecución, convertir y cambiar los hechos, traducidos en promesas, en realizaciones, medibles y auditables.
Y por sobre todo Poder es Liderazgo. No existen líderes, si estos son incapaces de inspirar, dirigir, evaluar y ser evaluados, conformar y manejar equipos y asumir sus responsabilidades.
En este contexto de precisiones, entonces, uno se enfrenta a la realidad, que todos los días los periodistas trabajamos en nuestras redacciones. Una realidad que sorprendería, hoy por hoy, a los surrealistas, no por maravillosa, pero si por compleja.
Una realidad que reporta a diario los datos más inverosímiles de las gestiones, de los actores políticos, de sus pactos, negociados, compromisos y decisiones.
Una persona que asume la Política como pasión como yo, dice que ésta tiene la fortuna de cambiar el mundo sólo con una decisión. En otros campos, se requieren procesos complejos y largos. En la Política, basta que un hombre se comprometa para que se escriba otra historia.
Bajo este presupuesto, entonces, lo que vivimos, actualmente, no es Política. Parece acción y reacción. No decisiones. Menos Liderazgo, porque éste es una energía poderosa para hacer de la Política una Ciencia, pero también un Arte.
Echar una mirada al universo noticioso, de varias características y especial de los medios y las redes, es observar como los actores politicos visten los mismos esquemas, repiten las mismas fórmulas, reproducen los mismos errores.
No es posible que aún tengamos que sufrir las nefastas consecuencias del populismo, de los totalitarismos, de la cleptocracia, de la homofobia, de la discriminación cultural que leíamos en periódicos impresos cuando estudiábamos.
No existe cambio. Todos los días los periodistas vuelven a reseñar la corrupción en todo el abanico de sus expresiones, la incapacidad para gobernar con equidad, las negociaciones que unen a los libertarios con sus antiguos verdugos, el amarillismo y el ventajismo de los mismos de siempre, sean ricos o herederos políticos.
Como liberal no puedo dejar de ser optimista. A excepción de las pasadas décadas y por el beneficioso impacto de las TIC en la vida de todos, no estamos tan desinformados y mucho menos tenemos la misma confianza, fe y esperanza en los actores políticos, ese activo que los hizo alejarse de la realidad ya no lo tienen.