Por Luis Fernando García Forero.-El año próximo es de particular significado para nuestra Colombia. De cara al futuro, el país avanza, con paso sostenido, a infinitas posibilidades de cambio, productividad e integración. Basta con hojear los informes de Banco Mundial, de la OCDE y demás organizaciones para observarlo; Colombia es reseñada constantemente en los medios y las redes. Pero hay una tarea pendiente: El Proceso de Paz y sus etapas.
El Proceso de Paz se puede estimar, a todas luces, como irreversible. De él dependen múltiples variables y procesos, que dibujan una Colombia más equitativa, más justa, más con la mirada en sus diversidades regionales.
Firmar el Acuerdo de Paz es dar un paso a un futuro de integración de dos escenarios en conflicto, devenidos en una sola identidad; el Postconflicto representa uno de los mayores retos de la sociedad colombiana en el Siglo XXI.
Es un desafío, no sólo a la clase política, que debe comprometerse, en sus diversas expresiones y por misión histórica, a concretar procesos y procedimientos de integración social de los grupos humanos vinculados con el conflicto, sino una apuesta de la ciudadanía, a consolidar una sociedad más equitativa, exigente con los gobernantes y con un papel propio en la comunidad.
El Pueblo de Colombia quiere la Paz, porque esa Paz, aun siendo imperfecta, puede ser perfecta con el trabajo y el compromiso de todos. Digo todos, porque la oposición no debe renunciar a ese propósito, que es un mandato constitucional.
Esa es la esperanza, superar ese largo proceso conflictivo y costoso y tener otras expectativas como individuos, grupos y sociedad.
Nos toca a nuestra generación educarnos y educar para la Paz. El Postconflicto es un proceso de aprendizaje de la pluralidad política, de la diversidad étnica y de la complejidad de las soluciones factibles. No es una cuestión sólo de reparar lo sucedido, sino demostrar que la Democracia es un camino difícil, pero que acepta el concurso de todos.
Al igual que la Paz, la Democracia no es perfecta. La hacemos mejor cada día, cuando cada uno hace lo que le corresponde hacer.
Y ahora Colombia nos pide más que eso. Nos pide decidir si esta salida al conflicto armado de más de 50 años, que se ha gestado desde la Habana, es la que nos merecemos.
Pero lo que si debemos estar conscientes todos los colombianos es que no se puede edificar un futuro palpable sin la Paz. Todo depende de esa condición, de ese desafío, de ese valor irrenunciable.
Así sea Si o No la respuesta del Pueblo de Colombia, habrá que construir la Paz, porque es irrenunciable y además, repito, un mandato constitucional.