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Por Luis Fernando García Forero.-Colombia elige este domingo 25 de octubre a sus autoridades locales y regionales. Estas elecciones son históricas para la democracia y un reto al liderazgo político, sea de oposición o cercano al gobierno, porque afortunadamente están circunscritas al mayor esfuerzo político realizado hasta hoy, para concretar la tan anhelada, necesaria e impostergable Paz.

Los colombianos, hombres y mujeres, que asumieron el reto de postularse a los cargos de elección popular en esta fecha tienen una apuesta al futuro, una suprema responsabilidad con sus electores.

No es una elección más. Es una votación con algo más que propuestas, programas de gobierno o promesas, es la elección que va a materializar, en toda la geografía humana de Colombia, la paz posible, la real, la más cercana a los ciudadanos.

Todo el esfuerzo del Proceso de Paz, en sus aciertos, dificultades, errores o circunstancias, puede verse afectado si los gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles que se elijan no se enfocan en el logro material de este propósito.

La paz depende de la función pública y de la calidad del trabajo de sus servidores, en términos de eficacia, eficiencia, efectividad y legitimidad de sus acciones.

La corrupción, el nepotismo, la burocracia, la ineptitud y la ausencia de una visión compartida, entre otros, son los más grandes problemas que viven los gobiernos de nuestros países, que han contribuido al incremento de la pobreza, a la ilegitimidad política y la imposibilidad del desarrollo. Todos estos factores pueden confabular contra el proceso de paz.

Es por ello que candidatos y electores deben actuar responsablemente; unos al ofrecerse para el servicio público; y los otros, al ejercer el voto,  porque nuestras vidas, nuestro futuro, están en sus manos.