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La suspensión de la regla fiscal se plasma en un acto administrativo que, como tal, es demandable ante el Consejo de Estado por “falsa motivación”.

Por Juan Camilo Restrepo*. - ¿En qué va a quedar los anuncios que hizo el Gobierno al presentar el Marco fiscal de Mediano Plazo (MFMP)?

En una reforma tributaria fallida, pues ni el Congreso ni el país aceptan en este momento más impuestos.

En más endeudamiento público, pues las compuertas de la prudencia que imponía la regla fiscal se han abierto de par en par al suspenderla.

El déficit fiscal más alto en la historia reciente que seguirá al alza.

En más gasto público burocrático, pues el Gobierno dice que no puede hacer nada distinto a continuar con el febril ritmo de crecimiento que trae.

Seguiremos entonces en las mismas: descontrol fiscal total acompañado ahora de más endeudamiento.

En palabras simples las cifras anunciadas por el ministro de Hacienda pueden resumirse así:

El déficit fiscal es enorme. Según Fedesarrollo el más alto de los últimos 120 años. Este año, dice el MFMP, cerraremos con un déficit de 7,1% del PIB. Hay motivos para sospechar que será mucho mayor.

En 2025 no se hace nada para corregir este déficit ni tampoco el enorme desajuste fiscal en que nos debatimos.

El conjunto de la propuesta gubernamental se reduce entonces: a más impuestos y a más endeudamiento. Pues hay cero moderación en el gasto. Y la suspensión de la regla fiscal que proporciona vía libre al mayor endeudamiento que se viene.

Así las cosas, resulta casi imposible que, con el clima que el Gobierno ha creado con una consulta popular que quiere meter a la brava, el Congreso le apruebe en el segundo semestre del 2025 una reforma tributaria por $19 billones (que entre otras cosas trae aumento del diésel y en el IVA) todo quedará reducido a una reforma tributaria fallida y a más deuda.

Y como la reforma tributaria casi con seguridad no la aprobará el Congreso y no se anuncia ningún propósito genuino de disminuir el febril incremento de gasto burocrático en que andamos, ello significará que no habrá ninguna desactivación de la bomba fiscal que está estallando.

Lo único que veremos entonces es un incremento importante de la deuda, pero para seguir en las mismas: es decir, para continuar con una situación fiscal insostenible y con un gasto en burocracia creciendo a todo vapor.

El ministro de Hacienda, en la presentación del Marco Fiscal 2025, efectivamente no dijo que la reforma tributaria que van a presentar fuera a elevar la tarifa general del IVA del 19% al 26%. Pero lo que sí dijo y escribió en el documento radicado es que el Gobierno quisiera hacer una revisión profunda del esquema del IVA, eliminando deducciones y exclusiones a productos que hoy lo tienen en cero.

Esta iniciativa no es descabellada. El IVA se ha convertido en la gran fuente de elusión fiscal en Colombia. El informe de la comisión que estudió los beneficios fiscales que existen en Colombia recomendó modificaciones muy profundas en este sentido.

El impacto de una medida de esta índole tendría (así se excluya los alimentos y a los sectores más débiles) un impacto fiscal muy superior a elevar la tarifa general del 19% al 26%. Y sería un paso correcto en la dirección de enfrentar el pavoroso déficit fiscal que vivimos.

Pero ante la bulla que se armó el ministerio de Hacienda salió presuroso a decir lo contrario a lo que había dicho: es decir, que no se tocará el IVA.

Lástima. Esto demuestra lo débilmente diseñado que tiene el Gobierno la reforma que va a presentar: al primer gruñido de protesta se apresuró a recular.

Le dispararon al tigre, y antes siquiera de matarlo se asustaron con el cuero.

Este episodio demuestra, además, que la reforma tributaria que se anuncia y que ni siquiera se ha redactado y mucho menos cuantificado, no va para ninguna parte.

En foro celebrado en el Externado de Colombia sobre la coyuntura fiscal que vive Colombia sostuve, además, lo siguiente:

La suspensión de la regla fiscal se plasma en un acto administrativo que, como tal, es demandable ante el Consejo de Estado por “falsa motivación”.

La situación fiscal es tan calamitosa que el próximo gobierno (pues éste ya dijo que no podía hacer nada salvo seguir endeudándose a manos llenas , continuar creciendo el gasto burocrático y  asustar al país con una reforma tributaria), tendrá que buscar a grandes hacendistas, de la talla de un  Esteban Jaramillo o  de un Carlos Lleras, que con credibilidad , prestancia política  y sin recurrir a  prácticas corruptas como los cupos indicativos, restablezca los platos rotos  de las finanzas públicas que entregará el gobierno Petro el 7 de agosto del 2026.

Bogotá, D. E, 20 de junio 2025

*Abogado y Economista. Exministro de Estado.