Primer coletazo de la pérdida de autonomía en el suministro doméstico de nuestro gas natural.
Por Juan Camilo Restrepo* - Los datos que acaban de publicarse sobre las reservas de gas natural en Colombia son alarmantes. Como bien lo dijo la presidenta de Naturgas, estas cifras deben leerse con sentido de urgencia.
Durante los últimos 10 años, salvo uno, todos los años han venido decayendo las reservas de gas natural que a la fecha apenas cubren 5.9 años de consumo.
Todo apunta entonces a que el déficit creciente tendremos que atenderlo con más importaciones. Las cuales, como es sabido, tienen un costo mucho mayor que el gas producido domésticamente.
Los nefastos resultados de la política del gobierno de Gustavo Petro, menospreciando esfuerzos para desarrollar yacimientos tanto en tierra firme como aguas afuera en el Mar Caribe, están empezando a mostrar sus nefastas consecuencias que habremos de pagar muy caro los colombianos en los años venideros.
La indolencia para modernizar la legislación sobre consultas previas está teniendo también su cuota de responsabilidad en el atraso de la autosuficiencia nacional. Se estima, por ejemplo, que la explotación del pozo Sirius (el más promisorio de la provincia gasífera del Caribe) requerirá de 116 consultas previas antes de que una sola molécula del gas de este yacimiento pueda llegar a tierra firme.
Se ha hablado de que con importaciones de Venezuela podríamos paliar los negros nubarrones que plantea el horizonte del gas natural en Colombia. Esto es ilusorio y, además, nos sometería a una malsana dependencia de Venezuela para atender las necesidades futuras de gas en Colombia.
Los últimos datos sobre el decrecimiento de las reservas de gas natural en Colombia que están en sus niveles más bajos históricos, y las lecciones que Alemania ha sacado de su alta dependencia del gas ruso deben hacernos reflexionar. Cuando se pierde soberanía nacional sobre algo tan importante como el gas natural y se recurre a crecientes importaciones de países extranjeros, el país que así actúa no solo termina pagando el gas mucho más caro - como ya nos está sucediendo en Colombia- sino que la pérdida de autonomía energética termina afectando toda la política toda del país, como le está sucediendo a Colombia.
Lo que está sucediendo en Alemania es muy aleccionador. Creyeron que no planteaba ningún problema aumentar la dependencia del gas ruso, cosa que se hizo en los años 70 y 80 del siglo pasado con el tendido de una gran red de gasoductos que traían el hidrocarburo desde los pozos siberianos hasta los centros de consumo alemán. Esto no resultó bien, y hoy en día hay coincidencia de que aquella política fue una profunda equivocación de quienes planificaron la energía alemana del siglo XXI. Hasta el punto de que a esta alta dependencia del gas ruso se le atribuye actualmente la gran vulnerabilidad económica que exhibe el principal motor del crecimiento económico en la Unión Europea como es Alemania.
Lo que fue inicialmente un voto de confianza ingenuo para con Rusia, se ha convertido en el talón de Aquiles de la política exterior de Alemania. Hasta el punto de que los lineamientos de su política de defensa se han tenido que modificar radicalmente con el nuevo canciller.
Una de las novedades quizás más importantes de lo que se ha escuchado en el escenario internacional reciente es el discurso inaugural ante el parlamento alemán del canciller Friedrich Merz en el que anunció un giro trascendental en la política y en la doctrina militar que se apresta a liderar.
Las fuerzas armadas (Bundeswehr) serán objeto de una profunda revisión en el gobierno de este canciller. Su propósito, dijo, es convertir las fuerzas militares en “el más poderoso ejército convencional de Europa en los años venideros”.
Atrás quedan pues las restricciones armamentistas que acompañaron a Alemania desde su derrota en la segunda guerra mundial. Atrás quedan las férreas limitaciones presupuestales que hacían las veces de una cadena inflexible que limitaba el crecimiento tanto de los contingentes de soldados de Alemania como de su equipamiento militar. Atrás quedan las restricciones que a partir de 1945 habían impuesto a Alemania los aliados vencedores de la segunda guerra mundial.
La explicación principal de este cambio radica en el temor creciente que despierta en la Unión Europea, y muy especialmente en Alemania, el agresivo neoimperialismo ruso.
Recordemos que Rusia ha sido siempre el dolor de cabeza de Alemania a través de la historia. Dolor de cabeza que se ha convertido en algo insufrible a partir de la invasión del régimen de Putin a Ucrania, y a la desconfianza creciente de la guerra sucia a la que parece ser tan aficionado Moscú.
Recordemos por ejemplo el reciente incidente -que luego se supo que no era más que un montaje de los servicios de inteligencia rusos- con el que quiso presentar la pantomima de que el presidente Macron, al nuevo canciller alemán y al primer ministro inglés, eran una banda de consumidores de cocaína en un tren que los conducía a una reunión en Kiev con el presidente de Ucrania. Pantomima que, según se vino a saber, después tenía por objeto desprestigiar los esfuerzos de paz de la Unión Europea en Ucrania.
Rusia es capaz de cualquier cosa como lo demuestra un brillante libro reciente de la prestigiosa historiadora Anne Aplebaum ganadora del premio Pulitzer titulado: “Autocracias, cuando las dictaduras se asocian para dirigir el mundo”.
Qué lejos están los fantasmas del nazismo y qué distantes los recelos franceses que llegaron a vetar en 1951 el ingreso de la Republica Federal a la OTAN.
Estamos frente a una “ruptura de época” como afirmó el canciller Merz ante el parlamento de su país en el discurso de investidura: los temores de hasta dónde puede llegar la Rusia de Putin han hecho olvidar los estragos a los que condujo Hitler a su pueblo.
En Colombia comenzaron las importaciones que serán naturalmente mayores y mucho más caras que el gas doméstico. No solo la infraestructura para recibir estar importaciones es insuficiente, sino que la reacción del gobierno Petro ha sido deplorable, haciendo de la Superintendencia de Servicios Públicos una especie de “policía política” con la que se busca ocultar con investigaciones arbitrarias, lo que no es otra cosa que el primer coletazo de la pérdida de autonomía en el suministro doméstico de nuestro gas natural.
Bogotá, D. C, 1 de mayo 2025.
*Abogado y Economista. Exministro de Estado.