Por Felicia Saturno Hartt. Foto: Foto A. Blanchi/Reuters.- El escrutinio oficial del voto en el referéndum del domingo confirmó este lunes la victoria del "No" a la Reforma Constitucional del Primer Ministro Matteo Renzi, con un 59,95 % de las papeletas depositadas en las urnas.
El 40,05 % de los votantes apoyaron por el contrario la reforma del jefe del gobierno. Votaron en contra de la reforma un total de 19.019.197 electores, y a favor 12.706.340.
Renzi anunció que este lunes presentará su dimisión al Presidente de la República, Sergio Mattarella, como consecuencia del resultado obtenido en los comicios.
Controvertida reforma
La "Reforma Boschi", que lleva el nombre de la Ministra de Reformas María Elena Boschi, iba a concentrar más poder en las manos del Gobierno y tenía como fin simplificar el sistema bicameral.
El Senado iba a ser abreviado de 315 a 100 miembros y ya no iba a ser elegido por el pueblo. Tampoco habría contado ya con el derecho de votar sobre todas las leyes. Sus críticos la veían como anti-democrática, mientras que sus promotores decían que iba a volver más estable a Italia.
Italia mostró también el descontento, la frustración y la Antipolítica
El italiano Matteo Renzi es el Segundo Jefe de Gobierno Comunitario en renunciar a su cargo tras ver sus iniciativas rechazadas por la vía del referendo. El primero fue el ex Primer Ministro de Gran Bretaña David Cameron. Ambos fueron forzados a dimitir por conciudadanos rabiosos, opuestos a las reformas, simpatizantes de los radicales de derecha o izquierda.
Tras un nuevo y fatal triunfo de los populistas, suenan las alarmas en la Unión Europea. Políticos como Marine Le Pen del Frente Nacional Francés y Matteo Salvini de la Liga Norte Italiana, se frotan las manos de júbilo a la derecha. Beppe Grillo y su oposición fundamentalista hace lo mismo a la izquierda. "¡Viva Trump! ¡Viva Putin! ¡Viva Le Pen!”, escribió Salvini en su cuenta de Twitter; él es el secesionista de ultraderecha que quiere ver al Norte de Italia separado del Sur. Es increíble observar el nivel al que ha descendido el enfrentamiento político.
No cabe duda de que la voluntad expresada democráticamente por el 60% de los italianos, en unos comicios que, además, contaron con una participación inusualmente alta, debe ser respetada incondicionalmente.
Pero los factores que condujeron a este terremoto político son difíciles de entender. Los iracundos, los frustrados, los excluidos e incluso muchos de los que han sacado provecho de un sistema parcialmente corrompido, han enviado a Renzi a la dimisión. ¿Acaso sopesaron las consecuencias de su decisión? ¿Acaso tienen mejores propuestas que las de Renzi?
El de por sí bajo desempeño económico del país empeorará ahora debido a la creciente incertidumbre. ¿Qué inversionista lleva su capital a un país donde los Antipolíticos del Movimiento de Grillo tienen probabilidades de obtener respaldo mayoritario en las próximas elecciones?
El mundo financiero y los inversionistas castigarán a la de por sí alicaída economía italiana y dejarán caer a los bancos tambaleantes. Italia podría terminar sumida en la recesión nuevamente. Las deudas, que ya alcanzan niveles inauditos, crecerían.
Eso convertiría a Italia en un serio problema europeo. Y lo que el bloque comunitario menos necesita en este momento, marcado por la salida de Gran Bretaña y la crisis irresuelta de Grecia, es a una Italia debilitada. En el peor de los casos, Italia contará con un Gabinete tecnocrático durante un año, lo cual equivale a meses de estancamiento hasta que se celebren las próximas elecciones.
Si tuvieran lugar comicios anticipados, la tropa populista de Grillo tomaría control del timón; eso es lo más probable. Grillo, que atiza la ira y saca provecho a la frustración, quiere que su país abandone la zona euro. Si eso llegara a suceder, sería el fin de la unión monetaria europea, ya que Italia continúa siendo la tercera economía de Europa y uno de los contribuyentes más importantes, tanto del presupuesto comunitario como del fondo de rescate europeo.
Al contrario de los populistas de otros estados comunitarios, los de Italia no articulan un discurso xenofóbico ni racista, no recurren a los refugiados como chivos expiatorios, ni tienen un carácter nacionalista.
Sin embargo, el castigo que ahora recibe el Gobierno en las urnas es viento en las alas de políticos como el neerlandés Gerd Wilders o la francesa Marine Le Pen, quienes saldrán a cazar votos en la primavera de 2017 con sus proclamas misantrópicas.