Por Felicia Saturno Hartt. Foto: Jeff Widener.- A 27 años de las protestas estudiantiles prodemocráticas de 1989, el Gobierno Chino y los medios de comunicación oficialistas en China tratan de ignorar la fecha, el aparato represivo ha intentado evitar que testigos directos o familiares de la víctimas se reúnan, conmemoren o siquiera hablen de este terrible episodio de represión.
Hong Kong es el único lugar de China en el que se permite conmemorar el aniversario de la matanza de 1989 gracias al “un país dos sistemas” que rige en este territorio, tras su vuelta bajo soberanía china en 1997.
De pie y con una pronunciada reverencia, decenas de miles de personas han rendido homenaje a las víctimas de la masacre de Tiananmen. En la tradicional vigilia que, cada 4 de junio, se celebra en Victoria Park, los allí congregados han rememorado vela en mano una tragedia que se cobró la vida de cientos, si no miles, de manifestantes.
En esta ocasión, al menos cinco personas han sido arrestadas en diferentes episodios de recuerdo de las protestas democráticas y su violenta represión, según la organización Human Rights Watch.
Las organizaciones internacionales de defensa de los DDHH han vuelto a pedir de forma unánime al Gobierno chino que admita lo que ocurrió y compense a los familiares de las víctimas cuyo número se desconoce (aunque se cifra entre cientos y miles) debido al bloqueo informativo oficial.
Este año el acento se ha puesto en cómo, debido al paso inexorable del tiempo, los padres de los muertos van falleciendo sin conseguir que se haga algún tipo de justicia, especialmente un reconocimiento oficial de lo que pasó y una compensación.
"Hasta ahora, al menos 41 miembros de nuestro grupo de familiares de víctimas han fallecido. Su mayor lamento es no haber podido ver que se ha hecho justicia", señaló esta semana el grupo Madres de Tiananmen, en un documento divulgado por Human Rights in China.
La noche del 3 al 4 de junio de 1989…
Unidades blindadas y de infantería del ejército chino entraron en la Plaza de Tiananmen y zonas adyacentes para desalojar a los ciudadanos, inicialmente estudiantes pero también trabajadores y profesores que, desde hacía casi siete semanas, llevaban protestando en favor de una democratización del régimen comunista. Esa protesta ocurrió en la estela de lo que estaba teniendo lugar en la antigua Unión Soviética y los países de Europa Central y oriental al hilo de las reformas lanzadas en Moscú por Mijail Gorbachov.
Los militares dispararon sobre la multitud en algunas zonas próximas a Tiananmen, especialmente al oeste, mientras se acercaban a la plaza para sellar el acceso. Allí, tras una tensa negociación, los ocupantes accedieron a evacuar el lugar y evitar una nueva matanza.
Tanques de guerra contra civiles
"Los hechos han demostrado que el camino al desarrollo que hemos elegido sirve a los intereses fundamentales de China y de su pueblo, y satisface las aspiraciones de toda la nación china", añadió una portavoz del Ministerio de Exteriores, Hua Chunying.
"Las autoridades chinas han continuado desde 1989 con su intento de distorsionar y enterrar la verdad, forzando al país a olvidar y a sus generaciones más jóvenes a ignorar la historia", afirmó hoy por su parte Human Rights Watch, quien lamentó la "completa impunidad" que siguen disfrutando de los responsables de la masacre.
China, 27 años después
27 años después de que el ejército chino asesinara a una cantidad no declarada de civiles desarmados en Beijing y otras ciudades del país entre el 3 y 4 de junio de 1989, el Gobierno chino continúa persiguiendo a los supervivientes, los familiares de las víctimas y a los que cuestionan la versión oficial de los hechos, señaló Human Rights Watch.
El Partido Comunista Chino justificó inicialmente su actuación durante la represión sangrienta como una respuesta necesaria a un "incidente contrarrevolucionario", para después revisar su definición de los hechos como "disturbios políticos".
"Los esfuerzos continuos del gobierno por censurar la historia, aplastar la disidencia y hostigar a los supervivientes contrasta claramente con los impresionantes avances económicos y sociales de las últimas décadas en China", señaló Sophie Richardson, directora de Incidencia Política para Asia de Human Rights Watch. "El Gobierno chino debe reconocer que 27 años de negación y represión sólo han logrado infectar más las heridas de Tiananmen, en lugar de cerrarlas", agregó.
El Gobierno Chino siempre se ha negado a facilitar una lista de los asesinados, "desaparecidos" o encarcelados, y no ha publicado cifras de bajas comprobables.
Las Madres de Tiananmen, un grupo de madres y padres de estudiantes y víctimas civiles, ha establecido una lista de más de 150 personas asesinadas cuando el ejército abrió fuego contra la población civil. Ya han fallecido 41 de los padres sobrevivientes de la tragedia.
El gobierno también ha reprimido constantemente todo debate público sobre los acontecimientos de junio de 1989, y ha perseguido a los que participaron en las manifestaciones o cuestionan públicamente la versión gubernamental de los hechos.
Han Dongfang tenía 26 años cuando se sumó a la movilización estudiantil de Tiananmen en 1989 y fundó el primer sindicato libre de China. Encarcelado durante 22 meses tras la violenta supresión de aquellas manifestaciones, se exilió en 1993 a Hong Kong, donde fundó la ONG China Labor Bulletin, defensora de los derechos laborales en su país. Como activista, sigue con gran interés las manifestaciones pro democracia en Hong Kong.
Dongfang, en entrevista con Macarena Vidal y Pablo Wang de El País, aclaró las verdaderas intencionalidades de la histórica protesta y posterior masacre: “Tianamen empezó con la muerte del antiguo secretario general (del Partido Comunista de China, Hu Yaobang) y la tristeza y la rabia que eso generó. De ahí se pasó a la lucha contra la corrupción y contra los mercados controlados por el gobierno. De ahí, a reclamar la libertad de los medios de comunicación y de ahí, a exigir la democracia. Se fue pasando de una cosa a otra. Aquí la gente tiene muy claro desde el primer día que lo que quiere son elecciones libres y democráticas”.
Después de 27 años, la paradoja de Tiananmen, reside en que si bien las causas que motivaron aquella rebelión cívica (corrupción, nepotismo, aumento de las desigualdades, demanda de reforma política, etc.) siguen en gran medida vigentes, el compromiso de los actores que intervinieron en aquella tragedia es otro bien diferente. Empezando por los estudiantes, los principales impulsores de la protesta.
Hoy día, en China, afirma Xulio Ríos, Director del Observatorio de la Política China, los estudiantes han dejado de ser una referencia del estado de la opinión pública y de la conciencia del país, como tradicionalmente ha sido desde comienzos del siglo XX.
“Tras los sucesos de 1989, la intensa combinación de adoctrinamiento y despolitización, milicias obligatorias que aun hoy siguen vigentes —de varias semanas de duración— para infundir disciplina, la proliferación de controles de todo tipo, la paulatina transformación de las universidades en unidades de gestión económica por vías diversas —tanto mediante la creación de empresas propias como la controvertida “venta” de plazas a hijos de adinerados— o una política pública de fomento de la investigación que prima las lealtades ideológicas e invita a la autocensura masiva, completan el círculo neutralizador”, señala Ríos.
Las universidades chinas de hoy, en su inmensa mayoría, no son un centro de efervescencia intelectual como lo eran en los años 80. Los controles sobre el profesorado se han multiplicado, opinan los más críticos, y aquellos que profesan ideas inconformistas o algún tipo de activismo son marginados.
Por su parte, los estudiantes viven bajo la presión de los exámenes y con la mirada puesta en la búsqueda de un buen empleo tras la carrera, con un control estricto de sus asociaciones y reuniones a expensas de los arrebatos que imponga la agenda oficial.
Parte de esa paradoja es también que la conciencia política de buena parte de las autoridades, a la hora de invocar una reforma institucional que no pueden soslayar formalmente, sigue evocando con nostalgia la figura de Hu Yaobang, secretario general del PCCh apartado en 1987 por Deng Xiaoping a causa de su mal manejo de los disturbios estudiantiles de 1986.
Su muerte en 1989 fue el detonante de la protesta que arrancó en sus funerales y culminó en los sucesos de junio, tras casi dos meses de asamblea permanente en la plaza de Tiananmen que también se llevó por delante al entonces secretario general Zhao Ziyang, su efímero sustituto al frente del PCCh.
Enemigo acérrimo del inmovilismo, Hu Yaobang fue sin duda el más ambicioso de los reformistas chinos del tiempo de la apertura iniciado en los ochenta. El actual tándem Xi Jinping-Li Keqiang, que se apunta discursivamente a un reformismo integral con la economía por bandera, no alude directamente a su memoria para enraizar sus propuestas políticas a sabiendas de que ello podría provocar reacciones encontradas, pero en el afán de poner freno a la arbitrariedad, sobre todo en la justicia, y a la corrupción podemos adivinar trazos de una influencia histórica que no cesa de crecer con el paso del tiempo.
Los conflictos de intereses crecen en una China a cada paso obligada a elegir entre la profundización de la reforma, la apertura política y la supervivencia del Partido, sin duda el mayor de los desafíos de su modernidad y cuya solución no parece cercana. Una reforma política sincera en China no puede ser evocada sin aludir al ideario de Hu Yaobang y por lo tanto soslayando los sucesos de Tiananmen.
En buena parte de los estratos superiores del PCCh ajenos al monolitismo dominante, esta reminiscencia menta esperanzas fracasadas que atenazan su ímpetu y fundamentan la inevitabilidad de alumbrar un consenso reformador que preserve la estabilidad. Paradójicamente, esta obsesión impide avances radicales y deja en el aire más preguntas que respuestas. Entre ellas, si algún día el PCCh podrá saldar cuentas con su pasado inmediato.