Por Felicia Saturno Hartt.- A 111 días de las elecciones generales españolas ya queda claro que el 26 de junio los ciudadanos ibéricos van a tener que volver a votar. Es la primera vez en la democracia española y es un hecho con muy escasos antecedentes, en el mundo.
Los partidos políticos españoles que participaron en las elecciones de enero 2016 no lograron fraguar un pacto, ponerse de acuerdo, sacrificar posiciones y sacar una negociación donde ganase España y no los políticos y sus posibles cuotas de poder.
Como bien lo expresa Fernando Garea, “queda el reparto de las culpas, que será casi el único mensaje electoral de cada uno de los partidos”.
“No serán los programas o las ideologías, sino la responsabilidad por la falta de acuerdo y la repetición de elecciones lo que someterán los partidos a los españoles el 26 de junio. Y es posible que todos tengan su parte de razón y ninguno la tenga. La culpa, como el gordo de Navidad, está muy repartida”, señala el cronista de El País.
El PP, PSOE y Ciudadanos no lograron hacer la diferencia frente a la amenaza populista de Podemos, con pruebas de participación y de grandes ganancias, por asesorías en 2 países con crisis intensas como Irak y Venezuela.
Estas 3 fuerzas se han mantenido unidas, pero no han acordado en concreto nada, más aún cuando los del PSOE expusieron sus diferencias ideológicas con el PP. Esta posición absurda a todas luces ni siquiera se modificó por la necesidad de ser percibidos por sus electores como tibios ante el problema de la gobernabilidad del país.
El PSOE ha pactado con Ciudadanos sin obtener la cifra de escaños necesarios, pero han evitado un acuerdo con Podemos, entre otras cosas, por las incontables y poderosas presiones externas, y se han escapado del respaldo de los independentistas, necesario aritméticamente.
Pedro Sánchez del PSOE ha sido el más golpeado de los jóvenes políticos españoles, porque no ha podido materializar apoyos concretos a su posible investidura como jefe de gobierno en 3 oportunidades.
Podemos, a diferencia, ha jugado a vender una posición flexible y calmada, sin forzar la posibilidad de ser una opción, porque imagina poder capitalizar una mejor posición en unas posibles elecciones, superior al debutante Ciudadanos y al decadente PSOE.
Pablo Iglesias, líder internacional de Podemos y gran asesor populista, dimitió como vicepresidente sin tomar posesión y presentó una oferta que sabía que no podían aceptar los demás partidos y ni siquiera ha esperado para escenificar la ruptura a tener el lunes la respuesta formal de la consulta en el seno de su partido.
Ciudadanos tenía el papel del acuerdo y lo ha intentado, salvo para llegar a un pacto con Podemos, al que ha vetado de diferentes formas hasta el final.
El partido de Rivera pactó con el PSOE con el riesgo de perder su equidistancia, pero no ha tenido la más mínima flexibilidad para completar el acuerdo con Podemos.
Y antes de la reunión Iglesias y Rivera o Rivera e Iglesias se comportaron en el pleno del Congreso como los protagonistas de la vieja política que tanto combatieron con la etiqueta del "y tú más" como señala Garea.
Desde enero, España ha tenido un congreso inoperante, cuyas acciones no han contribuido a la buena administración de España, con sus grandes problemas y desafíos.
Todas las iniciativas para democratizar el país, como son la derogación de la fatídica Ley Mordaza, la Reforma Laboral para superar el grave problema del paro y la actualización de la Ley de Enjuiciamiento, no se han discutido y seguirán vigentes hasta que se resuelvan las diferencias o el Rey llame a elecciones.
Y las elecciones son más que una oportunidad, un gravísimo riesgo. Los periodistas españoles plantean:
1.- El PP se arriesga a que Podemos quede por delante del PSOE y gobierne;
2. El PSOE, a quedar tercero y perder la hegemonía de la izquierda; 3.- Podemos, a perder escaños y ver un Gobierno del PP con Rajoy en La Moncloa;
3.- Y Ciudadanos, a perder su papel decisivo.
Todo eso, claro está, con la interrogante de si Podemos integrará a IU.
Lo más lamentable es haber tenido a España en mora con sus problemas y desafíos, en un mundo difícil y cambiante, con la crisis del Euro, el grave problema humanitario de los desahucios y la búsqueda de la autonomía de los catalanes.
Y desde el punto de la gobernabilidad y la democracia, es un grave retroceso. Parlamento es diálogo y negociación, no reparto de cuotas. Y si lo fuese, ¿estarán estos políticos conscientes de la era que viven?
Los electores y otros ciudadanos están desde hace 111 días a la espera de un resultado. Votaron para tener gobierno no este minueto de fuerzas debilitadas e indiferentes.
Desde Ecos, esperamos lo mejor para España.