La inflación en Venezuela está disparada, pero nadie sabe exactamente hasta qué punto. Han pasado más de nueve meses desde la última fecha que el Banco Central de Venezuela (BCV) publicó la cifra, que para el 2014, estimó en 70%.
Desde entonces reportes extraoficiales –así como estimaciones de agencias financieras y consultoras– dicen que la inflación pasó la cifra de tres dígitos.
Y se cree que cerrará el año entre 150% y 200%, según las previsiones, convirtiéndose en la más alta del mundo y no muy lejos de poderse clasificar de hiperinflación.
Por ello es interés mirar a la inflación como es conocida, como el aumento generalizado de los precios de los bienes transados en una economía. Es una de las variables económicas más importantes, controlándola se garantiza el ingreso real a la población y la competitividad de los productos en el mercado nacional e internacional.
Los gobiernos responsables combaten la inflación, porque genera desestabilización y, a largo plazo, ilegitimidad política e institucional; sus consecuencias tocan el intersticio más profundo de la gente, su posibilidad de acceso.
Para el venezolano de a pié, no sólo es imposible rendir sus ingresos, sino llegar al fin de mes. El ahorro es un imposible. Un ejemplo que ilustra lo terrible de la situación es el acceso de los productos de la canasta básica, indicador estadístico que mide el costo mensual de los rubros alimenticios que cubren los requerimientos, hábitos y disponibilidad que, hoy en día, supera los 50.625,32 bolívares y presenta en octubre de 2015 un incremento promedio de 21.5% en comparación del mes anterior, según cifras del Centro de Documentación y Análisis Social (CENDAS).
El oficialismo venezolano se lava las manos y teoriza que la alta inflación es producto de la especulación de algunos comerciantes que suben los precios como mecanismo de una guerra económica contra Venezuela y el socialismo, que también, dicen, son atacados por medio del acaparamiento y el contrabando de productos básicos.
Sin estimar que no existe una coherente política económica que ayude a equilibrar la economía venezolana. Por un lado, la imposición de un modelo económico inviable contribuyó al deterioro de la producción nacional, el cerco de la actividad comercial y de los emprendimientos y, por otro, la caída de los precios del petróleo y la no reducción del gasto público, han creado condiciones adversas.
La inflación se debe, asimismo, a la creciente impresión de dinero no respaldado en reservas internacionales. La liquidez monetaria ha aumentado, según cifras oficiales, mientras que los bienes y servicios se han reducido.
En una economía sin inflación hay un balance entre el dinero circulante y los bienes y servicios disponibles en la economía. En Venezuela ya no se sabe, oficialmente, como se comporta este indicador financiero.