Con una historia reciente de crecimiento económico e industrial, de corrupción asombrosa y con un sistema político parlamentario con un rey elegido de entre los jefes de estado monárquicos de nueve de los trece estados malayos, Malasia vive momentos difíciles.
Foto: Manan Vatsyayana /AFP

Con una historia reciente de crecimiento económico e industrial, de corrupción asombrosa y con un sistema político parlamentario con un rey elegido entre los jefes de estado monárquicos de nueve de los trece estados malayos, Malasia vive momentos difíciles.

Por su diversidad étnica, una industrialización voraz de empresas electrónicas que esclaviza a las poblaciones más humildes y la aplicación de la Ley Sharía que aún penaliza cualquier manifestación sexual no estimada islámica y a la homosexualidad como delito, sus habitantes no disfrutan del esplendor económico que viven ostentosamente sus habitantes.

Asombrosamente, su Rey de Malasia, el Sultán Muhammad V, ha cancelado la ceremonia oficial de su cumpleaños y la tradicional Recepción del Té para donar el dinero destinado para estos actos a pagar la deuda pública del Estado, que oprime a los malayos. El soberano, que ocupa el trono de Malasia para el periodo 2016-21, cumplirá 49 años el próximo 6 de octubre.

Asimismo anunció que destinaba un 10% de su salario al Fondo para la Esperanza.

El Ministerio de Finanzas calculó, en mayo, que la deuda del Estado rondaba el billón de ringgit (unos 250.000 millones de dólares).

¿Será que el Sultán se dio cuenta del hambre de su pueblo? 

Koala Lumpur, 1 de septiembre de 2018.-

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