Hay voces que no se olvidan. Y la del cantante italiano Luciano Pavarotti es una de las que nunca se apagarán en el mundo de la ópera, a pesar que se  cumplan ya once años de su fallecimiento, acaecido en Módena, su ciudad natal, tras perder, a los 71 años, una larga batalla contra el cáncer de páncreas.
Foto: Metropolitan Opera House.

Hay voces que no se olvidan. Y la del cantante italiano Luciano Pavarotti es una de las que nunca se apagarán en el mundo de la ópera, a pesar que se  cumplan ya once años de su fallecimiento, acaecido en Módena, su ciudad natal, tras perder, a los 71 años, una larga batalla contra el cáncer de páncreas.

Considerado como uno de los tenores líricos más relevantes de la historia, Pavarotti también consiguió popularizar la ópera, una tarea nada fácil, gracias a sus colaboraciones con cantantes de otros géneros musicales como Eros Ramazotti, Sting, Andrea Boticelli, Michael Jackson, el grupo U2 o Frank Sinatra y, especialmente, al liderar el tridente de voces con el proyecto ‘Los tres tenores’ junto a Plácido Domingo y Josep Carreras.

El mundo supo reconocerlo y aplaudirlo. De hecho, durante mucho tiempo ostentó el récord del aplauso más largo. Nada más ni nada menos que 67 minutos de vítores en el Palacio de la Ópera de Berlín tras interpretar L’elisir d’amore de Donizetti, caracterizada por la dulce y sentida romanza Una furtiva lagrima, ideal para las características vocales e interpretativas de Pavarotti.

Nacido en el seno de una familia humilde, el pequeño Luciano heredó la voz talentosa de su padre, un panadero aficionado a la ópera que nunca se atrevió, no obstante, a dar el paso que sí daría su hijo: aprovechar su don natural para dedicarse al mundo de la lírica.

Su voz convencía a todo el mundo. Su timbre era brillante, lograba agudos fáciles y su fraseo era casi perfecto. Pero sus inicios no fueron fáciles y también necesitó un golpe de suerte, que le brindó la soprano Joan Sutherland.

Su primer gran triunfo fue en el Metropolitan de Nueva York con La fille du régiment, donde interpretó los nueve do de pecho del aria Ah, mes amis casi sin inmutarse. Pavarotti dejó a todo el mundo asombrado.

Empezaba la leyenda, otro Caruso en la historia de la ópera, que cantó casi cuatro décadas a gran nivel, a pesar de su poca formación técnica. Su magnífica le voz salía directamente del corazón.

Módena, 10 de septiembre de 2018.

Por Redacción Ecos Cultura.

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