¿Gobernabilidad en jaque?

Desde su designación como Ministro de la Defensa por el Presidente Iván Duque, el nombre de Guillermo Botero generó no sólo observaciones, sino bajas expectativas.
Foto: El Espectador

Por Luis Fernando García Forero.- Desde su designación como Ministro de la Defensa por el Presidente Iván Duque, el nombre de Guillermo Botero generó no sólo observaciones, sino bajas expectativas.

Botero venía de Fenalco y el Ministerio de la Defensa, el más estratégico de la Triada del Poder Ejecutivo, junto a Hacienda e Interior, era un desafío para un profesional que no mostraba la visión de ese conglomerado de interacciones que sostiene la seguridad del Estado, más otra: la Colombia post conflicto. 

Dicho Ministerio, hoy en día, salió de los paradigmas territoriales y ante la globalización de la criminalidad y de los intereses transnacionales, el vocero de Defensa requiere otro encanto. 

Es indudable que el Ministerio de Defensa es pieza fundamental del ajedrez político y tal vez el funcionario con más atención en materias públicas luego de la Firma de los Acuerdos de Paz, redefinición del manejo del Postconflicto por la Administración Duque y los efectos perversos de lo que aún no se ha hecho con sus actores y víctimas. 

Las Mociones de Censura anteriores rozaron a Botero, pero esta vez sucedió un evento poco visto y menos esperado, la separación del cargo. 

Es más fácil salir del Ministro de Salud, pero la salida del Ministerio de Defensa es una derrota política, en un escenario, aunque no lo creamos y ojalá no sea así, cercano a un nuevo conflicto armado. 

Afortunadamente el Congreso de Colombia supo moverse en un ajedrez político que indudablemente ha cambiado. Tal vez sea una evidencia clara del debilitamiento de una tendencia o un cambio cultural en lo político. 

La gravedad de los asesinatos de líderes sociales y excombatientes se convirtió en un claro y certero indicador. La verdad sea dicha, no existe una política auténtica de seguridad, ni un respeto a lo acordado en La Habana. 

Ante la Globalización de la Violencia Política, un Ministro de la Defensa tiene que ser un avezado político, pero también un jefe estratégico. Lamentablemente Botero no tuvo ni demostró acciones en ninguno de los dos aspectos. 

La renuncia del Ministro Guillermo Botero de la cartera de defensa, debe llevar a reflexionar al jefe de Estado y a su partido, el Centro Democrático. 

Es el momento preciso para que el Presidente de la República inicie verdaderamente el camino para alcanzar la unidad nacional y no hay otro escenario de entrada, el Congreso de la República, foro nacional por excelencia, para lograr los verdaderos consensos de la reconciliación en Colombia. 

Bogotá, D. C, 7 de noviembre de 2019

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