Jorge Enrique Robledo

Por Jorge Enrique Robledo*.- Entre 2002 y 2006, hicimos numerosos debates en el Senado, en la Comisión Quinta y en la plenaria, demostrando lo mal que le iba a ir a Colombia con el TLC con Estados Unidos. Libramos otros hasta el 2012, cuando el Tratado entró en aplicación, luego de que con la lucha democrática impidiéramos que se aplicara desde enero de 2007, como lo pretendía el presidente Álvaro Uribe. Alguien debería calcular las inmensas pérdidas que le evitamos al país con este aplazamiento de cinco años.

La controversia se libró principalmente con los ministros Andrés Felipe Arias y Jorge Humberto Botero, esté último el encargado de dirigir las “negociaciones” del TLC, entre comillas, porque en realidad fue un contrato de adhesión a lo decidido en Washington. Según Eugenio Marulanda, uno de los asistentes a la reunión con Álvaro Uribe y Robert Zoellick en la que se inició la “negociación”, el representante comercial de Estados Unidos y luego presidente del Banco Mundial advirtió: “Listo, se hace el acuerdo. Pero nosotros ponemos las condiciones. Lo toman o lo dejan” (El Espectador, Agt.10.03).

Los debates consistieron en que los opositores demostramos con cifras y análisis lo mal que nos iba a ir con el “libre” comercio, en tanto los voceros del gobierno, sin dar una sola prueba, hacían afirmaciones que ni siquiera intentaban demostrar –porque les era imposible–, pero que sí contenían la carnada de que con el TLC los colombianos viviríamos como gringos. Según estos precursores de los fake news, ¡Colombia, y manteniendo muy alto el costo país, iba a vencer a una potencia económica que en 2007 tenía un PIB setenta veces mayor y que competía con el respaldo de enormes subsidios!.

En representación de los intermediarios ganadores con estos tratados, Jorge Humberto Botero fue capaz de afirmar: “Mil y mil gracias, por los subsidios agrícolas extranjeros” (La Patria, May.16.04), subsidios que llevan treinta años destruyendo el agro nacional. Y también dijo que para qué producir nuestros alimentos en Colombia si podíamos importarlos y pagarlos con la plata de las exportaciones petroleras y mineras, aplicación de la teoría falaz de las ventajas comparativas, la misma que los países desarrollados recetan pero que no aplican. ¡Y si esto lo impusieron contra la comida, se imaginan lo que habrán hecho contra la industria!

Lo positivo de la entrada en vigencia de ese TLC y de otros, como el firmado con la Unión Europea, fue que la experiencia probó quiénes tenían la razón, si quienes los presentaron, sin ruborizarse, como sanalotodos, o quienes advertimos sobre sus funestas consecuencias. Y ahí están las cifras irrefutables, publicadas en esta columna y en muchas otras partes, confirmando que a Colombia en su conjunto le ha ido como a los perros en misa.

Pero hace poco salió en Semana (Dic.03.20) Jorge Humberto Botero a repetir, empeorados, los mismos dogmatismos irresponsables de hace años. Porque fue capaz de afirmar que a Colombia le ha ido muy bien –ni el brutal desempleo de antes de la pandemia lo conmueve–, y que si algo falla, es porque falta facilitar todavía más las importaciones y porque los trabajadores y los empresarios colombianos son unos avivatos a los que les gusta abusar de sus privilegios contra el país.

Aunque ya había pruebas de sobra, repetir este disparate tantos años después confirma lo que ya se sabía: que con los colombianos promotores del “libre” comercio no ha habido nunca un debate serio, con pruebas en la mano, con razones y argumentos, tendiente a demostrar qué es positivo para Colombia en su conjunto y no solo para unos cuántos. Porque lo que siempre hemos tenido al frente son recitadores de doctrinas importadas que se sabe que en Colombia operan al revés de lo que prometen, según las incontables pruebas que así lo establecen. Y que lo máximo que de verdad nos ofrecen es que cada uno finque su éxito en salvarse como pueda, en no parecer colombiano, para mantenerse o volverse parte de ese escaso 20 por ciento al que pertenecemos los sectores menos atrasados y pobres del país.

Mi invitación es a no atender estos cantos de sirena reencauchados, a unirnos –sectores populares, clases medias y empresarios–, para sacar a Colombia de la mediocridad a la que la han sometido los malos gobiernos, impidiéndonos ser un país de primer nivel.

Coletilla: Muchos hechos anuncian que a Colombia le va a ir mal con las vacunas del coronavirus, víctima de las políticas retardatarias globales que tanto les gustan a Iván Duque y a otros, a cada vez menos. Al respecto, citaré a debate de control político en el Senado.

Bogotá, 21 de diciembre de 2020

Senador de Colombia

@JERobledo

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Mauricio Cabrera Galvis

Por Mauricio Cabrera Galvis*.- La magnitud de las fluctuaciones del precio del dólar en el 2020 han superado cualquier registro histórico. Con la llegada del coronavirus en los primeros tres meses del año se devaluó 25%, pasando de $3.250 a un máximo de $4.081. Después estuvo fluctuando con una leve tendencia bajista que se aceleró desde noviembre pasado, de manera que en mes y medio perdió más de $400 pesos, llegando a un mínimo de $3.420.

Estas fluctuaciones fueron generalizadas en la tasa de cambio de todos los mercados emergentes. Con la pandemia algunas monedas incluso perdieron más valor frente al dólar que el peso colombiano. El real brasileño y la libra turca se devaluaron más del 40%, y el peso mexicano el 35%; otras fueron menos afectadas: el peso chileno perdió el 18% de su valor y el sol peruano solo el 10%.

Al cierre del año la mayoría de estas monedas se han recuperado, pero en general en esos países el precio del dólar es un poco más alto que al inicio del 2020, con los casos extremos de Brasil y Turquía donde si se termina el año con una devaluación del orden del 30%. Caso preocupante para Colombia por el abaratamiento de las importaciones de esos dos países, que han crecido mucho en los últimos años.

Como los economistas y los analistas del mercado lo mejor que hacen es tratar predecir el pasado, y muchas veces ni siquiera en eso aciertan, han dado múltiples explicaciones a este comportamiento. Las causas de la abrupta devaluación de principios del año son más o menos claras: la caída del precio del petróleo, que perdió dos terceras partes de su valor, y la huida de los capitales golondrina, en un contexto de gran incertidumbre ante el desarrollo de la pandemia.

En cuanto al desplome del precio del dólar desde noviembre, que en Colombia ha sido más acelerado que en otros países emergentes, se han mencionado tres causas posibles: una, el retorno de los flujos de capital a los países emergentes, explicado por la abundante liquidez mundial creada por los bancos centrales de Estados Unidos y Europa, y las bajas tasas de intereses en esos mercados. Otra, la recuperación del precio del petróleo que debe disminuir el déficit de la balanza de pagos, y la tercera la expectativa del mercado por la monetización de los dólares del crédito del FMI al gobierno.

Aunque estos tres factores están incidiendo en el comportamiento de corto plazo de los agentes del mercado, hay dudas sobre sus efectos de mediano y largo plazo. Empezando por el último, el gobierno dio una señal muy clara de no querer distorsionar la tasa de cambio con la monetización de sus créditos externos, y por eso el Banco de la República le compró directamente USD1.500 millones, con lo cual no aumentó la oferta de divisas en el mercado.

El regreso de los capitales golondrina no es todavía muy grande, pues la balanza cambiaria solo registra ingresos por este concepto de USD500 millones, y el neto de la cuenta de capital del sector privado es negativo en casi USD18.000 millones. Finalmente, la recuperación del precio del petróleo no será suficiente para compensar el aumento de las importaciones que se dará con la recuperación económica, de manera que el déficit comercial será más alto el año entrante.

Cali, 20 de diciembre de 2020

Filósofo y Economista. Consultor.

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Amylkar D Acosta M

Por Amylkar D. Acosta M*.- Habíamos advertido de las nefastas consecuencias que se podían derivar del auto proferido hace un año por la Sección Tercera del Consejo de Estado en respuesta a una demanda por un supuesto desacato por parte de la multinacional Drumond de las medidas cautelares tomadas por la misma corporación suspendiendo las normas concernientes al uso de la técnica del fracking en Colombia.

A raíz de la demanda de nulidad interpuesta contra tales actos administrativos expedidos por parte del Gobierno Nacional entre los años 2013 y 2014, el Consejo de Estado mediante providencia fechada el 8 de noviembre de 2018 decretó dicha suspensión, con lo cual en la práctica conllevaba una moratoria  del uso del fracking en todo el territorio nacional.

Así como en todo yacimiento de petróleo este se encuentra asociado con el gas, en todo yacimiento de carbón entre los intersticios de este se aloja el gas metano asociado a los mantos de carbón (CBM, por sus siglas en inglés). Colombia, en donde el gas escasea y sus reservas a duras penas le alcanzan para sólo 10 años, tiene en los yacimientos de carbón un gran potencial in situ, según Arthur D Little Inc (2007),  de 6.9 terapies cúbicos, casi el doble de las reservas probadas remanentes, que el país está en mora de aprovechar.

Desde años atrás DRUMOND viene  autogenerando la energía que demanda su operación utilizando este gas como combustible. Intempestivamente, el Consejo de Estado al resolver un incidente de desacato de las medidas cautelares por él dispuestas, alegando que la operación adelantada por la DRUMOND  en el campo de La Loma (Cesar) iba a contrapelo de las mismas, decretó como medida cautelar la suspensión de sus operaciones, aduciendo que estas les aplicaban “los efectos jurídicos de una técnica suspendida”. Si bien el CBM se puede catalogar como Yacimiento no convencional, de ello no se sigue que se tenga que utilizar para extraerlo la “técnica suspendida” del fracking.

Error garrafal del Consejo de Estado al confundir la estimulación hidráulica, que se viene utilizando en el país por espacio de más de 60 años tanto en yacimientos convencionales como no convencionales con la técnica del fracking. Sin embargo, en su fallo la sección tercera del Consejo de Estado asume, con cierta ligereza, que la estimulación hidráulica y el fracking son una y la misma cosa.

La técnica del Fracking comporta la perforación de pozos horizontales, además de los verticales y, a diferencia de otras técnicas de estimulación, se apela a la estimulación hidráulica multietapa, amén de que sólo es aplicable en aquellos yacimientos no convencionales tipo shale. Esta y sólo esta es la forma cómo puede penetrarse la llamada roca generadora en la cual está atrapado el hidrocarburo para que fluya y pueda ser extraído.

A contrario sensu, como lo afirmó el Presidente de DRUMOND José Miguel Linares en su alegato, “los pozos de gas de mantos de carbón actualmente en operación por Drummond son pozos verticales perforados en una formación geológica no de tipo “shale” y que requieren estimulación hidráulica convencional, una única vez, en pocas etapas, como se hace en pozos convencionales”. Así de claro!

De haber prosperado la tesis que dio lugar a esta medida cautelar, ello habría conllevado a la virtual parálisis de toda la actividad de la industria petrolera en el país, lo cual sería impensable en este momento cuando la dependencia de la economía colombiana con respecto a la misma es protuberante. Ello hubiera sido equivalente a una moratoria total de la actividad petrolera en Colombia con todas sus consecuencias.

Por fortuna, enhorabuena, al no encontrar méritos en la acción de nulidad que había dado lugar a la medida cautelar de marras, la Sección tercera del Consejo de Estado acaba de revocarla y en consecuencia la DRUMOND podrá reanudar sus actividades en los 15 pozos Caporo Norte de gas metano en La Loma, a las que se le había puesto el freno de mano. Aduce la Alta corporación en su auto, al referirse a la actividad adelantada por DRUMOND, que “al decidirse si la medida cautelar fue desacatada no puede considerarse que, porque la resolución y el decreto que regulaban una actividad fueron suspendidas y esa actividad quedó sin regulación, tal actividad quedó prohibida a partir de la medida".

Se explica, además, en dicha providencia que para la suspenderla “era necesario que esa actividad quedara expresamente prohibida y además estuviese descrita y delimitada con precisión en la providencia que decretó la medida cautelar". Y este no era el caso. Por ello advierte, en una clara referencia al desaguisado del auto que se revoca, que "no resulta procedente considerar en el auto en el que se declara el desacato, que en la medida cautelar se prohibieron las actividades de exploración, explotación y producción en yacimientos no convencionales, bajo cualquier modalidad de estimulación (vertical u horizontal), y que los únicos proyectos no afectados por la medida son aquellos en los cuales ya no se esté realizando ninguna labor, como lo entendió el magistrado sustanciador en el auto suplicado". Definitivamente a esa medida cautelar le faltó cautela y sindéresis.

Esta decisión ha sido de buen recibo por parte de la industria petrolera y augura un buen futuro para la recuperación de las reservas de gas del país en momentos en los que más lo requiere y de paso con ello, contrariamente a lo que piensan y alegan los detractores de esta actividad, se hará una gran contribución para alcanzar la meta, ahora más ambiciosa, de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2030 en un 51%.

Bogotá, diciembre 19 de 2020

*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía.

www.amylkaracosta.net

 

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José Félix Lafaurie Rivera

Por José Felix Lafaurie Rivera*.- Con esa invocación a la alegría comienza un villancico de esos que se están perdiendo en el Alzheimer colectivo por la tradición. Este diciembre lo cantaremos, aunque la alegría resulte más esquiva que en años anteriores, pues a las naturales angustias e incertidumbres, hoy se suman la zozobra por la salud y la vida por cuenta de la pandemia, el dolor de quienes todo lo perdieron por fenómenos climáticos arrasadores, la frustración de una paz que no llegó, y la amenaza de la inseguridad que atemoriza a los colombianos en campos y ciudades.

En Bogotá la situación es alarmante. En noviembre, la Secretaría de Seguridad presentó su rendición de cuentas con cifras acumuladas que se muestran alentadoras, pero que esconden una realidad diferente si se leen en el contexto de la pandemia.

No es un logro que el robo de carros disminuya apenas 10,3% en una ciudad vacía de carros durante cuatro meses. Cuando empezaron a salir masivamente, en septiembre, este delito creció ¡22%! frente al mismo mes de 2019. No es logro que el robo a establecimientos comerciales disminuya 42%, cuando durante meses solo estuvieron abiertos los de actividades esenciales y hoy muchos permanecen cerrados. No es logro que las lesiones personales disminuyan 30%, si están cerrados los lugares de rumba y borrachera donde se produce la mayoría.

No tengo como calcularlo, pero me temo que, corregidas las bases por el efecto de una ciudad paralizada y semivacía durante meses, la realidad es otra, más cercana a la percepción de inseguridad que agobia a los bogotanos. Así lo demuestran dos delitos muy significativos: el robo de bicicletas, que se disparó 35,8% frente a 2019, con gran impacto social, pues una bicicleta es divertimento para algunos, pero medio de transporte y de trabajo para muchos.

El más preocupante, sin embargo, el delito contra la vida: el homicidio; igual, en una ciudad semivacía durante meses y con mayor facilidad de vigilancia; a octubre había crecido 1,5%, con 835 víctimas, entre las que no está, entre otros, Wilfredo, asesinado en este mes de diciembre que debería ser de alegría; humilde celador, padre de cuatro hijos ya “levantados” —el menor de 17 años— y cuatro veces abuelo.

¿Qué hay detrás de esta situación? Muchos factores, entre otros, la capacidad de reacción de la Policía, afectada por una campaña de estigmatización que busca neutralizarla y deslegitimarla ante la sociedad, promovida por la alcaldesa misma; la incapacidad de la alcaldesa como Jefe de Policía de la ciudad; y uno que, al parecer, no midió la Secretaría de Seguridad: el microtráfico.

La guerra del microtráfico por el control de “territorios urbanos”, como la de su hermano de sangre, la del narcotráfico por el control territorial en el campo, están detrás de la mayoría de homicidios en el país, aunque se obstinen en negarlo quienes se oponen a la aspersión con glifosato, la alcaldesa entre ellos, para acabar con la maldición de las 200.000 hectáreas.

En Cali, habían sido asesinadas más de 900 personas a octubre, y si en Medellín se ha presentado una sensible disminución —346 al 10 de diciembre—, en gran parte obedece a que, desde 2019, las bandas del microtráfico que tenían disparado el homicidio sellaron un pacto para “hacerse pasito”.

Diciembre…, mes de alegría, de ilusión, de luz y paz; así prosigue el villancico. Aunque no sea fácil, pues la alegría, como expresión de la felicidad permanente, es una utopía que perseguimos para dar sentido a nuestras vidas, les deseo a mis lectores toda la alegría posible y paz en el corazón en esta Navidad.

Nota Bene: A mis lectores les deseo toda la alegría posible y paz en el corazón en estas festividades. Feliz Navidad!!

Bogotá, D. C, 20 de diciembre de 2020

*Presidente de FEDEGAN.

@jflafaurie

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Mons. Ovidio Giraldo Velásquez

Por: Mons. Ovidio Giraldo Velásquez*.- Llega la Navidad, no una Navidad, porque cada época es única e irrepetible; cada Navidad es La Navidad, pues es actual y completa la experiencia del Nacimiento de Dios entre nosotros, y así unos la pueden vivir con la actitud de los pastores o de los habitantes de Belén, otros con la actitud de los reyes magos o la de Herodes, o con la actitud de la Santísima Virgen y San José.

Cada Navidad es La Navidad porque ya está obrada la irrupción de Dios entre nosotros para ser el Emmanuel (Dios con nosotros) y fecundar toda la historia con su presencia siempre nueva, siempre joven, siempre vital, siempre viva y eficaz.  La Iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús edificada sobre el cimiento de los apóstoles, tiene la misión y el poder de encarnar en todo tiempo este don maravilloso de La Navidad, para que en el mundo no haya frío, para que los hombres sean hermanos, para que en ningún lugar falte Dios.

¡Qué alegría poder tener en este año 2020 La Navidad! Corresponde a cada uno, a cada familia y a cada comunidad favorecer este acontecimiento para que sea de gran significancia y valor en todos y cada uno. Mi navidad es nuestra navidad, y por eso se requieren unas actitudes adecuadas para facilitar este bello hecho histórico, litúrgico y teológico.

Sabemos del recogimiento y la oración que se nos pide en el tiempo de Adviento, pero también es importante ir al encuentro del otro, ante todo de los que Dios ha puesto en nuestro camino como especiales compañeros de camino, En este orden de ideas es muy importante buscar la familia, los vecinos, los amigos y los hermanos de comunidad en la fe, como por ejemplo los fieles de la parroquia. Este tiempo de pandemia nos ha recordado que pocas cosas son esenciales, y entre ellas están la familia, los amigos, los vecinos y la comunidad creyente. Con razón se dice que Navidad es época de familia, de familia humana y de familia en la fe.

Este año, la pandemia nos obliga y favorece el encuentro y reencuentro en pequeños núcleos familiares y de hermanos en la fe. Por lo mismo, no debe faltar el pesebre en casa, la decoración navideña del hogar y un bien vivido rezo de la Novena. Será esta Navidad época fabulosa para ampliar los tiempos del rezo, del diálogo, de las anécdotas, las evocaciones y el gusto de sentirse pueblo de Dios y el gusto de ser hermanos como bien nos lo viene recordando el papa Francisco.

Pienso que las buenas comidas, típicas, bien preparadas y bien servidas formarán parte de este escenario de amor y de intimidad orante que nos ofrece La Navidad. Los obsequios y los mensajes cargados de fe y esperanza también deben hacer su aparición.

Entre otras cosas, y muy importante esto, Navidad será época para procesar los muchos duelos que en este año de pandemia han quedado pendientes. Y que esta Navidad sea preludio de un nuevo resurgir.

Con la venida de Dios al mundo en nuestra carne, en condición humana, se abrió una nueva historia se generó una nueva creación, se promulgó un nuevo orden de cosas. Que esta Navidad, con las muchas lecciones de este inusitado año 2020, haya un nuevo resurgir, y para que sea tal que sea de la mano de Jesús, el Emmanuel. María y José nos ayuden y acompañen, los pastores y los reyes magos nos inspiren. Sigamos en todo la liturgia y las lecturas bíblicas que nos presenta la Iglesia, madre y maestra en la fe.

¡Llega la Navidad! Ánimo, llena tu casa de luces, tu mesa de manjares, tu pesebre de evocadoras figuras, tu rincón de delicados obsequios y tu corazón de ternura.

Con todo ello rompamos la coraza de la indiferencia, de la desesperanza, del desamor, de la soledad, del egoísmo, de la soberbia, de la vanidad, del acaparamiento; pero en todo ello observemos las medidas de cuidado y los protocolos de bioseguridad para acoger y promover la vida como María y José en Nazaret y en la gruta de Belén.

“Que esta Navidad sea para vivirla en austeridad de bullicio en el exterior y de riqueza en la vivencia interior. Que cada hogar sea un Nazaret y cada hogar sea un pesebre.

¡Ven, Señor Jesús!

Bogotá, D. E, 20 de diciembre de 2020

*+ Obispo de Barrancabermeja

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Gabriel Ortiz

Por Gabriel Ortiz*.- Ni Duque ni Ruiz alcanzaron a imaginar que existiera en el planeta una nación tan inerte y abúlica; que adoleciera de prevención y acción para resolver las necesidades urgentes que requiere una población amenazada.

“Nos cogió la noche”, exclamó el procurador Carrillo, cuando lo enteraron que Colombia, su patria, no había adquirido una sola vacuna cierta para combatir el covid-19, que diariamente se lleva a la tumba a entre 180 y 200 almas y contamina cada 24 horas a más de 8.000 personas. Ese mal ha recibido patente para actuar con total libertad. Encierra a 50 millones de habitantes, diezma la economía, acaba con empleo, impone el teletrabajo, aumenta la desigualdad, la seguridad y modifica la vida a todos.

Nada se diga de los abusos que se cometen con normas que denominan protocolos, muchas de las cuales han caído, porque ante el afán de expedirlas, olvidaron firmarlas.

Cuando el covid-19 no cayó encima, el país confió en la dinámica de sus dirigentes, del presidente Duque para abajo. Consideró que estábamos en las mejores manos. Aclamó la inauguración de sus peroratas televisivas vespertinas, así fueran inconstitucionales. Las gentes esperaban con información y ánimo de su mandatario, medidas acertadas que sirvieran y motivaran para derrotar el covid y montar acertados planes de reactivación que entusiasmaran e impulsaran a la gente.

El fervor, la fogosidad y el frenesí del fundado espacio “Prevención y Acción” nacido el 24 de marzo, empezó a marchitarse. Relleno sobre relleno y apariciones lagartas sin contenido, hasta llegar a la política venezolana con López.

Los colombianos, ajenos al CD desde luego, no comprendían lo que se buscaba con esa cansona hora diaria. Tampoco a qué hora el Presidente se ocupaba de las funciones que juró cumplir sobre La Biblia que le puso el bachiller.

Tuvo durante 38 semanas, es decir 9 meses, tiempo suficiente para enfrentarse con dinamismo al covid-19. Pero nada sucedió. El Procurador Carrillo y el Contralor están perplejos ante la ineficiencia de quienes se deben encargar de combatir el virus. Esta es la hora en que Colombia no tiene una vacuna, mientras otros países de igual, mayor o menor importancia, ya están vacunando a sus ciudadanos. Duque dice haber trazado una estrategia desde meses atrás para combatir la pandemia y dice no estar buscando aplausos. Los aplausos se los merecen quienes actúan con destreza y en este caso no ha existido. No tenemos una sola vacuna y no sabemos cuándo lograremos conseguirlas, porque ya los laboratorios las vendieron a las naciones previsivas. No ha habido previsión, ni acción.

Presidente Duque: cierre el programa de TV, gobierne y consiga las vacunas, que ahora nos saldrán más costosas. Fuera la “confidencialidad”. Nos cogió la noche.

BLANCO: La vacuna de AstraZeneca solo alcanza un 70% de efectividad.

NEGRO: La lavada de manos está dejando a la gente sin huellas digitales.

Bogotá, D. C, 18 de diciembre de 2020

*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper

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Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.- La movilidad en Bogotá es un desastre: ciclo rutas improvisadas, motos por montones invadiendo andenes y calles en contravía; el transporte público haciendo el pare en donde se le da la gana; conductores de vehículos particulares estacionando también donde se les da la gana; y policías de tránsito escondidos tras los postes o las esquinas para sancionar, no para prevenir y, por su puesto, uno que otro exigiendo la “mordida navideña”.

Y qué decir de esas vías que técnicamente se conocen como “vías arterias” atravesadas por ciclo rutas improvisadas generando trancones insoportables (Avenidas 68 y Las Américas) que no son ninguna solución para los ciclistas, escasos ellos, y los pocos que transitan ven amenazadas sus vidas por moto conductores irresponsables.   

En medio de la pandemia, y no obstante el pico y placa, transportarse en Bogotá de norte a sur o de sur a norte y de oriente a occidente y viceversa es un desastre que se traduce en pérdida de tiempo y en un estrés insoportable que rompe con el equilibrio en la salud del ciudadano. Dirán funcionarios o expertos que esto ocurre en todas las urbes del mundo para justificar las interminables filas vehiculares, pero se les olvida una diferencia abismal: en esas ciudades del tamaño de Bogotá o más grandes existen alternativas de transporte como el metro que provee al ciudadano del común un traslado seguro y de calidad; esta ciudad no lo tiene.  

En ese contexto es que ahora la alcaldesa Claudia López le plantea a los bogotanos un “corredor verde” que nos lo define como un “diseño conceptual” por la carrera séptima que, en esencia, será una troncal de Transmilenio; como dice el dicho popular “el mono, aunque se vista de seda, mono se queda”. Como el mago, la alcaldesa sacó del cubilete una propuesta que nunca le conocimos en campaña y tampoco existe un proyecto serio, estudiado y consensuado con los ciudadanos.

Claro que la carrera sétima tiene que ser intervenida, ya es una vía vetusta y poco funcional en términos de movilidad, pero parece que a esta alcaldesa como a los anteriores alcaldes les quedó grande la vía, no supieron ni saben qué hacer.

Ahora, no me gusta que Claudia López, por quien voté, me engañe. Dijo claramente que no haría de la séptima una troncal de Transmilenio y todo parece indicar que hará todo lo contrario. ¿Cuál fue la alquimia que la hizo cambiar de idea? Debería explicárnoslo a los bogotanos y, en particular, a quienes habitamos por ese corredor vial tan importante.

Como Peñalosa la señora López insiste en los buses y entra en el negacionismo de buscar otras modalidades de transporte público como el tranvía al que descalifica con el banal argumento de que este sistema “bloquea las intersecciones”; no me crea tan pendejo como si esto ya no lo hubieran resuelto los países que se inventaron este sistema hace más de cien años, o como si las obras civiles no fueran lo suficientemente dúctiles para imaginarse un corredor sin obstáculos. Yo la invitaría a que se diera un paseo por esos países y escuche opiniones y no se quede con la del “lobista” y  “zar” de los buses, Enrique Peñalosa.

Recuerdo muy bien esa campaña que decía “la séptima se respeta” liderada por su hoy compañera Angélica Lozano, y que la puso entonces de edil de la localidad. Pues bien, creo que es hora de retomarla y hacer que se respete la séptima. La alcaldesa aprovechó la pandemia para embutirnos una ciclo ruta improvisada, sin estudios por la séptima y sin consultar la opinión de la comunidad; hoy esta vía es un caos.

Le auguro lo mejor a Claudia pero no me quiero imaginar esta ciudad en pocos años con una intervención de la séptima sin tener claro los propósitos de su reconstrucción y la avenida Caracas en pleno desarrollo del “métrico” elevado alimentador de Transmilenio.  Pobres los ciudadanos que vivimos en el corredor oriental de la ciudad, nos tocará llenarnos de resiliencia, porque la empatía se irá para el carajo.

Bogotá, D. C, 17 de diciembre de 2020

*Periodista. Analista Político.

@jairotevi

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José G Hernández

Por José G. Hernández*.- Tras la votación popular del 9 de diciembre de 1990 había necesidad de proceder a lo que institucionalmente fuese necesario con el objeto de cumplir la decisión del pueblo. Ya el 27 de mayo, al votar en desarrollo del Decreto Legislativo 927, había sido derogado el artículo 13 del Plebiscito de 1957 -que depositaba en el Congreso de manera exclusiva la competencia para reformar la Constitución-, lo que había permitido lograr el propósito que animó a los estudiantes integrantes del movimiento “Todavía podemos salvar a Colombia” cuando propusieron la séptima papeleta. Así que el presidente Gaviria tenía un mandato popular totalmente claro, con el que -además- coincidía, vista la situación que afrontaba el país y persuadido de la necesidad del cambio constitucional.

En virtud del fallo proferido por la Corte Suprema de Justicia sobre el Decreto 1926 de 1990, que había declarado la constitucionalidad de su estructura fundamental más no la del temario previsto para los trabajos de la Asamblea -que fue declarado inexequible-, ella dejó de ser un cuerpo facultado para reformar la Carta de 1886 y mutó en una asamblea constituyente, con todo el poder -conferido por el constituyente originario- para expedir una nueva Constitución-.

La Asamblea terminó su tarea el 4 de julio de 1991 y, si bien ese día prestaron juramento sus tres presidentes -los doctores Álvaro Gómez Hurtado, Horacio Serpa Uribe y Antonio Navarro Wolf-, lo cierto es que el texto de la nueva Constitución solamente fue publicado oficialmente el 7 de julio, fecha de su promulgación y de su vigencia.

Sobre el alcance del vuelco sufrido en nuestro sistema constitucional y acerca de la fecha de entrada en vigor, cabe decir que la Corte Constitucional así lo declaró, con base en el artículo 380 de la Carta Política, que dice: “Queda derogada la Constitución hasta ahora vigente con todas sus reformas. Esta Constitución rige a partir del día de su promulgación”.

La Constitución que nos rige -democrática, participativa, igualitaria, pluralista, tolerante, que consagra un Estado Social de Derecho-, tiene esas esenciales características que se deben tener en cuenta al interpretarla y aplicarla. Vienen desde el preámbulo, que goza de poder vinculante. Y componen el dogma de la Constitución.

Como el origen de la Constitución es netamente político, sus valores y postulados tienen un nivel supremo dentro en la jerarquía normativa, por encima de todas aquellas normas y decisiones provenientes de las ramas y órganos constituidos. Como ya lo hemos expresado en otras ocasiones, los órganos constituidos, transitoriamente dotados de las facultades que la Carta Política les otorga, deben su existencia -y el margen y alcance de sus competencias- a la Constitución. Es ella la que los crea, les asigna el ámbito de sus funciones y les proporciona y demarca la dimensión de su autoridad. Ningún poder les corresponde si no proviene de la habilitación constitucional.

Estos principios básicos se olvidan de vez en cuando -en especial por los gobiernos- y, en consecuencia, hace falta recordarlos cuando vamos a cumplir treinta años de la Constitución que nos rige. Allí están las directrices de la vida individual, de las colectividades y del Estado. Son los fundamentos indispensables de la organización política.

Bogotá, D. C, 17 de diciembre de 2020

*Expresidente de la Corte Constitucional

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Víctor G Ricardo

Por Víctor G. Ricardo*.- Todos sabemos que uno de los temas más alarmantes que vivimos los colombianos es la corrupción y la falta de conclusiones y sanciones judiciales.

En esta materia es muy urgente que el señor Presidente de la República tome medidas e incluso haga una convocatoria a los dirigentes y líderes políticos con el fin de llegar a un acuerdo nacional para adoptar medidas extraordinarias que permitan controlar el desbordamiento que ha tenido este tema y que se incorporen sanciones fuertes y extraordinarias para castigar a los responsables de actos de corrupción. ¿Qué pasó con todos los responsables de los casos de Odebrecht, Reficar, contratos de alimentos para estudiantes o de la pandemia, para no enumerar sino algunos? Además, es muy importante crear conciencia que el silencio de jefes y superiores, ante actos que huelen a corrupción, se convierte en complicidad.

Hace pocos días, distintos medios de comunicación comentaron un hecho sobre el cual, de un momento a otro, se guardó silencio y no se siguió debatiendo, lo que hace más importante que la opinión pública sepa o conozca que sucedió. El Ministerio de las TIC convocó una licitación por más de dos billones de pesos para ampliar el servicio de internet a distintas zonas del país.

En el pasado, el cierre de una licitación tan importante por su objetivo como por su valor, era presidido por el Ministro correspondiente o en su defecto por uno de los Viceministros, por el Secretario General o por el Director General del área correspondiente. Pues en esta oportunidad lo presidió la subdirectora de contratación de ese Ministerio, es decir por un funcionario de quinto nivel.

Pero lo más sorprendente es que durante el acto de presentación de las propuestas, varios de los interesados denunciaron una anomalía que se estaba presentando con una de las firmas proponentes y la cual consistía en que uno de los asesores por contrato del despacho de la Ministra de las TIC era simultáneamente asesor de esa empresa, por lo que pedían que no se aceptara su propuesta ya que entendían era un acto irregular, que podría tener inhabilidades por tener vinculado a ella el asesor de la Ministra, lo que independientemente de las inhabilidades legales era una clara inhabilidad ética y moral.

Como consecuencia de esta supuesta anomalía se declaró un receso y como producto del mismo se anunció que el asesor de la Ministra tenía un contrato de trabajo en el que en una de sus cláusulas se manifestaba que no estaba incapacitado para prestar asesorías en materia de contratación administrativa.

¿Cómo es posible que el Ministerio de las TIC suscriba contratos en esas condiciones? Pero lo que es peor, que un asesor considere que no tiene inhabilidad para ser parte (por trabajar en el Ministerio en el cual se abre una licitación gigante) y contraparte (por ser asesor se una firma que licita ante el Ministerio del cual él es asesor).

No podemos seguir en esas condiciones. ¿Qué clase de ejemplo le están dando al país en materia de ética y moral?

El Procurador General de la Nación así como el Contralor General de la República deben actuar con prontitud y en investigaciones rápidas y prioritarias tomar acciones sobre este caso. Incluso el Presidente de la República debería también tomar decisiones que protejan la moral pública.

Frente a la corrupción, como al narcotráfico y la inseguridad que hoy estamos viviendo, no podemos ser débiles. Hay que tomar decisiones que sean ejemplarizantes porque, de lo contrario, estamos perdidos.

Bogotá, D. C, 16 de diciembre de 2020

*Excomisionado de Paz

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Guillermo García Realpe

Por: Guillermo García Realpe*.-Por estos días en que se concerta el aumento del salario mínimo para el próximo año y que tendrá incidencia en el bolsillo de millones de trabajadores colombianos que obtienen su sustento de esa asignación salarial, fuimos sorprendidos por la mezquina propuesta de los empresarios e industriales agrupados en el Consejo Gremial.

Cuando esperábamos una propuesta algo generosa, pues el empresariado lo que propone es un reajuste del 2%, lo que significaría un aumento de $17.556, es decir, $585 diarios, eso es una burla a la clase obrera y una bofetada para los trabajadores colombianos que son quienes ponen a rodar el aparato productivo.

Por su parte, las centrales obreras, plantearon un reajuste salarial de 13,9%, equivalente a un millón 200 mil pesos, ya incluido el básico, más el subsidio de transporte, una propuesta sin duda, más justa, equitativa y que ayudaría a dinamizar mucho más la lánguida economía nacional, tan golpeada por la actual crisis por cuenta de la pandemia.

El gobierno nacional y quienes dominan el país, empresarios, bancos, sector financiero etc, pretenden hacer el ajuste para enfrentar las consecuencias graves de la pandemia en materia de desempleo, de desigualdad, de crisis en general, por cuenta de los trabajadores, bajando sus salarios, eliminando sus primas, eliminado las horas de trabajo, pretenden precarizar mediante contratos por horas y con ellos ajustar hacia abajo sus salarios y sus prestaciones sociales.

Por otro lado, está ofreciendo una reforma tributaria para ampliar la base, es decir, para involucrar a muchos más colombianos y especialmente afectar las rentas laborales, se escucha que va haber reajuste de IVA, especialmente en contra o para cargar y afectar la canasta familiar que no se había tocado por ningún gobierno y también está pretendiendo que definitivamente no se toquen temas como costos financieros de los bancos, que no se pongan impuestos a los ricos, como impuesto al patrimonio, que sí debe operar en tiempos de crisis para quienes tengan capitales superiores a $3.500.000.000.oo líquidos, no pretenden tocar esos temas y está pretendiendo bajar el impuesto a la renta de las empresas o ya lo bajo en la anterior reforma tributaria y conservar esos privilegios y conservar un esquema de beneficios tributarios a los empresarios nacionales y extranjeros como haberle quitado el IVA a las importaciones de bienes de capital, está pretendiendo un ajuste para enfrentar la crisis que los paguen los pobres y los trabajadores.

El gobierno deja ver una vez más sus claras intenciones de seguir favoreciendo a toda costa al gran empresariado, a los industriales y a los ricos de este país, en detrimento de la economía de millones de familias colombianas que subsisten con un escaso salario mínimo, los que tienen empleo, que no son la mayoría. 

Y es que, según cifras del propio DANE, de 14 millones 243 mil hogares colombianos, 6 millones 223 mil tienen ingresos de un salario mínimo o menos. Esto representa más del 43 por ciento de los hogares colombianos.

Si nos ponemos en los zapatos de las familias que devengan un salario mínimo o incluso menos, pues vemos que están en serios aprietos económicos, pues de ese valor, tienen que suplir gastos de vivienda o arriendos, alimentación, transporte, educación, es decir, que no les quedaría nada para gastos adicionales como vestuario o recreación familiar y esa penosa situación el gran empresariado poco la entiende, no existe esa sinergia por parte de los ricos de éste país con los trabajadores colombianos que son quienes, con su fuerza laboral, ponen a marchar sus empresas.

Ahora bien, somos conscientes del difícil momento que atraviesa no sólo Colombia, sino el mundo entero por la actual crisis de la covid-19, como se dice en el argot popular, "el palo no está para cucharas", pero sí se podría hacer un esfuerzo, que representaría dinamizar la economía, es decir, sin salario no hay demanda y sin demanda, las empresas no invierten para producir más.

Las empresas necesitan nivelar costos, pero también necesitan quien compre sus productos y si hay poco dinero circulante, pues muy pocos serán quienes logren comprar sus productos.

De todas formas, la situación es compleja, porque ningún sector quiere "aflojar" en sus propuestas y si no se logra un consenso, pues será el gobierno nacional quien entre a terciar en el asunto y fijar por decreto el nuevo salario mínimo, tal como sucede casi todos los años y sí eso ocurre esta vez, pues ya sabemos de qué lado está el gobierno.

Que entre el diablo y escoja y que Dios proteja a los millones de trabajadores colombianos.

Bogotá, D. C, 15 de diciembre de 2020

*Senador Liberal

@GGarciaRealpe

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