Gabriel Ortiz

Por Gabriel Ortiz*.- El sol de los venados aleja, distrae y desorienta. Oculta deslealtades, engaños y felonías.

Es la ley de la vida, es el acontecer en el mundo de las deslealtades y las traiciones. Los fieles servidores de ayer, rápidamente se acomodan y a nuevos patrones, moldes o plantillas.

Al Presidente Duque, le han interpretado pasodobles, porros y boleros. Pero no ha encontrado la pareja bailadora, porque la soledad lo aísla en su levitación. Esa es y no otra, la razón de sus actuaciones desde ese 7 de agosto… nada le sale. Desdeñó la paz que ya salvaba vidas, y confundió prosperidad económica con despilfarro y burocracia. Reaparecieron las masacres, asesinatos de líderes y desplazamientos. El esperado guiño que uniera ésta sociedad con la participación de todos, nunca salió de Casa de Nari. El aislamiento siempre ha ido en aumento con esos dudosos asesores. Las detestables ubérrimas órdenes que le llegaban a través de “Tejota” -Tomás y Jerónimo- las mitigaba con su entretenimiento de TV, a las 6. La soledad lo empuja, lo desdibuja y lo presenta con morbo ante una sociedad que, no perdona, porque ya no resiste más.

Ni Colombia, ni el mundo, esperaban la pandemia, que nos llegó. Era necesario afrontarla con sabiduría, sin politiquería y sin corrupción.

Al gobierno le faltó previsión y audacia para organizar un frente común contra el covid. Creyó que con un espacio de Tv era suficiente. No se armó con un ejército de batas blancas que estuviera listo para recibir las vacunas e inyectarlas; menos para organizar una adecuada y eficiente atención hospitalaria.

Y nos cayó lo que nadie esperaba: tardanza en la negociación de las vacunas y, desde luego, en el suministro de las mismas. Hoy, cuando hemos perdido más de 86 mil vidas, aún no llegan los biológicos, únicos con los que se pueden contrarrestar los efectos malignos del corona virus.

Duque en su soledad, cayó en la telaraña de Carrasquilla, quien lo llevó al error de elaborar una reforma tributaria en el peor momento. ¡Mal consejero! Era imposible arruinar más a un pueblo. Hasta Uribe, su mentor, le sacó el cuerpo al proyecto que ya cursaba en el Congreso. “Mal amigo”, dijo alguien. Nadie quiere saber de reformas. La comunidad colombiana se lanzó a las calles a protestar, desafiando la sospechosa intención de una magistrada, quiso torpedear el clamor de un pueblo desesperado.

Duque tuvo la oportunidad de salir avante y romper la marcha, de su desprestigio, pero seguramente sus ineptos asesores se lo impidieron.

El 27, “día D”, podría haber llamado a un pacto nacional, con todos los movimientos políticos, anunciando el retiro de la reforma y la conformación de un gobierno, con todos los partidos y caras nuevas en el gabinete, incluyendo los ubérrimos, desde luego. Surgiría ahí un gobernante con séquito leal, plural y progresista…

¡Estaba soñando! Hablaba de otro Duque. El del postparo, está en otra galaxia. El hombre solo no aterriza. 

BLANCO: La comparación de Escobar con Carrasquilla.

NEGRO: Los negociados en Reficar.

Bogotá, D. C, 29 de abril de 2021

*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.

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