Jairo Gómez
Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.-Tres personajes del palenque nacional hoy no pasan por su mejor momento: el presidente Duque, el fiscal Martínez y el senador Petro. Cada uno vive su propia tragedia: la aprobación de la gestión de Iván es negativa; la credibilidad de Néstor Humberto está por el suelo; y Gustavo está al límite de perder cualquier chance para pelear la presidencia en el 2022.

Vamos por partes. El futuro del presidente Iván Duque se lo marcó su propio partido el mismo día de su posesión; el discurso del presidente del Senado Ernesto Macías, libreteado claramente por el mentor de los dos, Álvaro Uribe, definió el derrotero de su propuesta de gobierno: revanchismo como venganza a la traición de Santos y negación del acuerdo de paz como cuenta de cobro por el plebiscito de 2016 en el que ganó el No.

Después de ese 7 de agosto las premoniciones sobre los primeros cien días del gobierno se cumplieron: Duque no tendría periodo de gracia y la luna de miel con sus ciudadanos demoraría lo que dura un dulce a la entrada de un colegio.

Se acabó la guerra y todos los problemas le afloraron al novel mandatario que se ha visto a gatas para administrarlos. El señuelo en el cual se broquelaron los gobiernos del pasado, la presencia terrorista de las Farc, ya no existe y hoy los problemas son otros: la corrupción, la desfinanciación de la educación pública y del sistema de salud, el descarado reparto clientelista del poder y el inveterado vicio parlamentario, que sin mermelada no funciona.

A estos problemas se ha visto avocado Duque con la mala suerte de que quiso acudir al bolsillo de los colombianos para financiar su propuesta de gobierno y tampoco le salió bien: la reforma tributaria, que nunca prometió en campaña, terminó por agotar su imagen: en promedio en las últimas cuatro encuestas no supera el 28 por ciento de favorabilidad.

Al singular fiscal general de la Nación, Néstor Humberto Martínez, le viene bien un tema musical que dice: “Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao”. Por todos los medios se lo preguntaron el día que tomó posesión como jefe del ente acusador: “En cuáles casos o líneas de investigación se va a declarar impedido”, a lo que respondió: “A ninguna”. Mentira; a los pocos meses tuvo que hacerlo por el caso de la Ruta del Sol II, contrato administrado por Odebrecht y su socia Corficolombiana del Grupo AVAL, empresa del Banquero Sarmiento Ángulo y de la cual fue su asesor jurídico.

Según se dijo en el debate, por parte de los senadores citantes, el ciudadano Martínez Neira, como él se presentó en el debate, sabía que ese consorcio había sobornado funcionarios y políticos por un monto cercano a los 50 millones de dólares y no hizo nada para que esa investigación produjera resultados penales contra los poderosos dueños del megacontrato y los poderosos beneficiarios de esas coimas.

Hoy NHM es un funcionario acorralado por su propio invento: la codicia y su desaforada ambición. La figura del fiscal ad hoc no soluciona nada y tampoco disipa unos hechos que su propio amigo Jorge Enrique Pizano, le advirtió, y Néstor Humberto no hizo nada.

Para finalizar esta tragedia macondiana, el excandidato Gustavo Petro, adalid de la lucha contra la corrupción y su frontal ataque a las “élites despojadoras” del país, aparece en un video contando y guardando en una bolsa plástica paquetes de billetes para, según él, financiar su proyecto político.

Creo en las explicaciones que Petro dio para justificar la llegada de esos dineros a su campaña, dineros que además, asegura, reportó a las autoridades electorales, pero un político del talante del exalcalde no se puede dar ese lujo; desde donde se mire es una imagen fea y desagradable. Lo lamento por Petro. La mujer del cesar no solo debe serlo, sino parecerlo.

Tres personajes, una misma tragedia: su credibilidad por el suelo.

Bogotá, D. C, 4 de diciembre de 2018

*Periodista y Analista Político.

@jairotevi

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