Jairo Gómez
Jairo Gómez

Sí, uno de los periódicos más prestigiosos del mundo 'The New York Times' (NYT) hizo de un “ensayo” anónimo, la noticia más importante de la última semana en Estados Unidos que, por supuesto, estremeció los muros de la Casa Blanca.

El anónimo publicado por el NYT, al parecer una persona de las “entrañas” de Donald Trump reveló, palabras más palabras menos, la incapacidad de su jefe para ejercer la presidencia de Estados Unidos con sus consecuentes peligros para la seguridad nacional. El escrito nada nuevo dice sobre Trump, pero el periódico la utilizó para sacar ventaja sobre la figura presidencial y ponerlo en aprietos. Hecho censurable por tratarse de una denuncia que no tiene origen en una investigación propia del periódico.

Bien lo dijo la periodista de The Washington Post, Margaret Sullivan, según cita la revista SEMANA, que la decisión del Times de publicar la pieza fue “un pantano de rareza lleno de cuestiones de ética periodística y con posibles consecuencias legales”.

La primera reacción de Trump fue calificar la publicación a través de su arma preferida, el Twiter, de “traición”, y le reprochó al periódico que si “ese anónimo cobarde de verdad existe, NYT debe, por razones de seguridad nacional, entregarlo al gobierno de inmediato”.

Seguramente el periódico no revelará la identidad de su “fuente”, pero lo que es éticamente cuestionable es que un medio de comunicación del prestigio del NYT decida darle entero crédito a un anónimo sin contrastar la veracidad de lo escrito, y justificar la decisión de publicarlo sencillamente porque conoce el nombre del responsable y su cargo en la Casa Blanca. Ahora, si es cuestionable la publicación del anónimo, es más grave aún que no tenga la opinión de la contraparte, en este caso el presidente Trump. Una regla de oro del periodismo.

Y qué tal el esperpento de argumento de la sección editorial del periódico para justificar por qué puso a circular la versión anónima: “Creemos que publicar este ensayo sin firma es la única manera de ofrecer una perspectiva importante a nuestros lectores”. Es decir, vamos a fiarnos de los embusteros para hacer noticia.

No hay explicación que justifique ese adefesio periodístico salvo que haya existido la intención editorial de revelarse políticamente ante sus lectores y declararse abiertamente anti-Trump. Es legítimo que un periódico o un canal de televisión o una emisora asuman una postura política, pero debe decirlo. Eso es transparencia ética.

Esa realidad se repite con frecuencia en los medios de comunicación occidentales cuyo sesgo ideológico desvirtúa la idea de que la prensa es un foro público, una especie de ágora que fortalece la democracia.

“Un periodismo que acepta vivir con una memoria corta de los hechos, tal como aparecen en un día determinado, y con la versión que de ellos han ofrecido las fuentes interesadas, es un periodismo mutilado que se pone en manos de las partes enfrentadas”, sentencia Furio Colombo, en su libro Últimas Noticias sobre el Periodismo.

@jairotevi

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