Jairo Gómez
Jairo Gómez

Por Jairo Gómez*.-Comienza el presidente Duque su gobierno en un ambiente polarizado, con su mentor ad portas de ir a la cárcel y sin una clara gobernabilidad en el Congreso que estimule un buen inicio y propicie un periodo de gracia con el que cuentan los nuevos mandatarios para instalar su programa de gobierno en la nueva realidad política, económica y social del país.

Ya, el nuevo mandatario, nos esbozó a los colombianos a través de un manifiesto en el periódico El Tiempo su programa de gobierno antes de posesionarse. Aunque somero en su exposición, nada nuevo nos espera para los próximos cuatro años. Más de lo mismo. Sin embargo, creo que de ese manifiesto se puede resaltar la siguiente reflexión: “Nuestro deber -dice Duque- es lograr que todos empujemos como país en una misma dirección y que pongamos en marcha políticas de Estado que vayan más allá del ciclo político de los cuatro años con los que cuenta un presidente”.

Es muy oportuno que Duque hable de elevar a “políticas de Estado” decisiones de gobierno, porque eso fue lo que hizo Santos con el Acuerdo de Paz que suscribió con las Farc. Es un pacto que trasciende esos “…cuatro años con los que cuenta un presidente”, como lo afirma el joven mandatario; hecho relevante, más allá de que la Corte Constitucional sentenciara que el acuerdo firmado con las Farc "no se puede tocar en los próximos tres periodos presidenciales”. Se pueden hacer cambios de forma no de fondo, aclara la corte.

También cita el presidente Duque en cuatro ocasiones, la palabra “resiliencia” para equipararla con la capacidad que tiene el pueblo colombiano de sobreponerse a los momentos más críticos que ha tenido que padecer (yo le agrego: desde tiempos remotos) y eso está bien; pero es importante recordarle al novel mandatario que esa palabra, según la RAL, también significa volver a la normalidad y esa normalidad es la que los colombianos queremos consolidar a través de la implementación del Acuerdo Final, no obstante las discrepancias; en eso se cimenta, creo yo, el pacto por superar la diferencia que propone el nuevo presidente, otro camino más hacia la resiliencia.

Ahora, son buenas esas intenciones y bienvenidas, pero los golpes de granizo que se le avecinan al gobierno que apenas comienza podrían ser insalvables si se deja llevar por la violenta reacción que su propio partido Centro Democrático (CD) instaló en el debate público tras la llamada a indagatoria de su líder por la Corte Suprema de Justicia (CSJ); una clara muestra de la desafiante desobediencia es la proclama de apoyo a Uribe publicada (pagada) en los medios escritos más importantes del país contra la CSJ cuestionando sus decisiones judiciales e independencia. Es un golpe a la mesa de la democracia, hecho que obliga a un rotundo pronunciamiento del nuevo mandatario a favor del respeto de la independencia de poderes.

¿De qué nos quejamos? A lo Maduro en Venezuela, no lo pongamos en duda, el expresidente Uribe busca instrumentalizar los poderes Ejecutivo y Legislativo para desprestigiar, humillar y desdeñar el poder judicial. ¡Qué Horror! Para nadie es un secreto que tanto Duque como Macías, más allá de la importancia de sus propias investiduras, son fichas del cuestionado Senador y están donde están porque Uribe los puso ahí.

Una realidad compleja se le avecina al presidente Duque. No tendrá un periodo de gracia tranquilo, sosegado –los cien días- para tratar de aparcar su propuesta de gobierno en la opinión pública. De entrada su propio mentor, el expresidente Uribe, con la intimidante proclama del pasado domingo, le echó más limón a la herida de la confrontación y la bien intencionada iniciativa del presidente Duque de gobernar “sin odios, sin revanchas, sin reconocer enemigos y comprometidos con el progreso de Colombia”, terminó más debilitada que nunca.

Bogotá, D.C, 7 de agosto de 2018.-

@jairotevi

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