Colombia se ha jugado en esta época mundialista una de las contiendas más difíciles: la de golear inclusive al narcotráfico. El negocio más funesto del mundo, nos ha llevado a los más insospechados desastres. La lucha ha sido y es titánica. No solo contra los cultivos ilícitos, sino contra nuestra cultura, nuestra sociedad y nuestro futuro. El enfrentamiento no se circunscribe al consumo, al crimen y a la destrucción, sino a otros factores que genera semejante lucro.

Es increíble que la lucha tenga que enfrentar hasta a los dramatizados de televisión que se ocupan del tema y convierte a los capos en héroes. Nuestra imagen y de la nuestra gente ha rodado por el suelo, mientras muchos se lucran política y económicamente.

Otro de los graves problemas es que del negocio se remunera hasta la fumigación. Los vendedores de glifosato, las empresas que asperjan los químicos y otros participantes en esa cadena. Hay amigos y enemigos en esta práctica de erradicación de los cultivos ilícitos. Verdaderas organizaciones de lado y lado que han contribuido a sembrar nuestro territorio de angustia, sangre y malos hábitos.

Las mafias que manejan las siembras tienen montajes criminales para evitar la escasez de estupefacientes, mediante un fomento de los cultivos, que hoy han llegado a superar las 200 mil hectáreas.

Quienes fumigan y quienes producen los químicos también están, voluntaria o involuntariamente en la jugada.

Tanto los narcos que surten el mundo con coca como los que elaboran pastillas y drogas químicas hacen parte de la maraña.

Colombia, a pesar de quienes desacreditan su labor, trabaja arduamente en la erradicación, pero la tenaz lucha es torpedeada por traficantes, “pastilleros” y ciertos políticos.

Personas e instituciones, junto con el gobierno, no cesan en su lucha contra la coca, mientras los “pastilleros” no son perseguidos aquí, ni en el exterior.

Nuestras autoridades no se desalientan. La Policía ha perfeccionado nuevas, efectivas y seguras tecnologías para frenar las siembras. Ya anotó el primer gol. Junto con expertos experimentó con éxito un dron que fumiga y diezma los cultivos.

Con este sistema evita malograr la tierra y ocasionar consecuencias adversas para la vida humana y animal. La meta es destruir cien mil hectáreas en breve tiempo.

A este golazo se suman programas de erradicación voluntaria al que han ingresado alrededor de 100 mil familias, de las cuales ya hay 15 mil en procesos productivos.

Estos goles en “el mundial contra la coca” son los que no exhiben las estadísticas gringas, ni los enemigos de la paz, a la que le endilgan y endosan el incremento de los cultivos.

Así como respaldamos a nuestra selección, por sus triunfos y  progresos, debemos tomar conciencia de la acción del gobierno, la policía y la sociedad contra el narcotráfico en nuestro territorio y exigir, al mismo tiempo, acciones inmediatas contra los pastilleros.

BLANCO: En Colombia ganó la minería. Dos golazos de Mina.

NEGRO: La pérdida irreparable para el periodismo que constituye la muerte de la colega Ofelia Romero de Wills. Paz en su tumba.

Gabriel Ortíz. Exdirector del Noticiero Nacional.

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Junio 29, 2018 - 12:46 AM

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