Por Mauricio Cabrera Galvis.- El mundo está en riesgo de caer en una destructiva guerra comercial por las improvisadas y contradictorias políticas comerciales de Donald Trump, tomadas sin consultar a sus asesores y funcionarios, e inclusive en contra de la opinión experta de algunos de ellos. Lo más peligroso es que en opinión de Trump, “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”.

Primero fue el anuncio de aranceles adicionales a las importaciones de acero y aluminio, supuestamente por motivos de seguridad nacional. La improvisación se hizo evidente cuando pocos días más tarde se eximieron de este arancel a las importaciones provenientes de Canadá, México y Europa, con lo cual se hizo evidente que el objetivo real de la medida eran los productos chinos.

Luego vino el ataque directo contra China y se anunciaron aranceles a productos importados de ese país por valor de USD 50.000 millones. Las razones invocadas en este caso fueron la reducción del enorme déficit comercial de Estados Unidos con ese país y la presión para que China respete la propiedad intelectual y deje de robar tecnología.

Como China no es una “banana republic” a la que el Tío Sam pueda manejar a su antojo, respondió imponiendo un arancel del 25% a las importaciones de 128 productos americanos por igual valor. Trump se enfureció con la respuesta y amenazó con nuevos aranceles a otros productos importados por valor de USD 100.000 millones. Con mucha calma las autoridades chinas anunciaron que cualquier medida arancelaria sería respondida con una equivalente. Es la crónica de una guerra comercial anunciada.

Es cierto que Estados Unidos tiene un enorme déficit comercial con China porque le compra USD 275.000 millones más de lo que le vende. Pero tratar de resolverlo a punta de aranceles bilaterales no solo es estúpido porque genera una guerra comercial mundial, sino inútil porque no resuelve el problema.

La pelea entre EE.UU. y China repercutirá en todo el mundo. Si los chinos no pueden vender su acero y aluminio en EE.UU., van a tratar de vender esos excedentes en otros países, incluyendo a Colombia, y para hacerlo van a ofrecer descuentos. Para defender sus industrias nacionales esos países también impondrán aranceles compensatorios, y China hará lo propio con medidas retaliatorias.

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