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Corrupción, un problema de DD.HH.

Bogotá, D.C. 14 de mayo de 2018. Por Redacción Ecos. Foto: Radio Canadá Internacional. La Presidente de Transparencia Internacional Delia Ferreira,   Una de las ONG más respetadas en el contexto sociopolítico mundial y que arriba a sus 25 años, sostuvo que la corrupción en el mundo es un problema de DD.HH.

Al hacer un balance no solo de la organización, sino del problema casi endémico que la generó, la Corrupción, señaló que “En muchos países la conducta corrupta se ha convertido en la forma normal” y agregó que en el caso de Venezuela, la corrupción ya es crisis humanitaria”, afirmó.

El balance de Transparencia Internacional, según Ferreira, es muy positivo: “Que una organización de la sociedad civil cumpla 25 años es algo para festejar. Transparencia Internacional tiene capítulos en 110 países en el mundo y mantener 25 años de actividad en la lucha contra la corrupción ya es todo un mérito. Se ha avanzado mucho (...) tanto en la consideración de la corrupción como un problema real para las sociedades, como en la generación de instrumentos y organizaciones que sirven para enfrentar el problema”, expresó contundentemente la abogada argentina.

Aseguró que “si uno marca lo que nos queda ahora por delante, creo que nos faltaría trabajar fuerte en la implementación de todas estas normas, para que se transformen en algo más que buenas palabras escritas y guardadas en los estantes de las bibliotecas jurídicas”.

En este orden de ideas, la Presidente de TI sostiene que “estamos cansados de escuchar a políticos y gerentes generales decir que tienen un compromiso contra la corrupción”, pero aseveró que entienden lo que es la corrupción pero no tienen idea del compromiso para atacarla.

El 69 % de los países, en el último índice de Transparencia Internacional evaluó que 180 países, tienen altos niveles de corrupción lo que pone de manifiesto  que hay millones de personas viviendo en contextos de alta corrupción.

Para Ferreira significa que “cuando hablamos de corrupción, no estamos hablando de una cosa abstracta, estamos hablando de DD.HH., de los derechos de la gente que vive en esos países”.

La corrupción en América Latina, en este sentido, presenta una situación muy grave, a los ojos de esta ONG: Chile y Uruguay están en 67 y 70 puntos, es decir con un menor grado de corrupción.

Luego viene un pelotón liderado por Costa Rica, alrededor de los 50 puntos, pero la mayoría de los países están por debajo de los 50 puntos, es decir, hay  niveles de alta corrupción. La situación es, en general, preocupante.

Las razones de esta terrible situación son diversas. Según Ferreira, existe “un poco por la anomia, es decir, ese fenómeno que hace que la norma no sea valorada. Tenemos las normas necesarias; otra cosa es que las respetemos y las hagamos cumplir. Y por la tolerancia por parte de la ciudadanía respecto a los casos de corrupción”.

“Mientras la ciudadanía opera tolerando la corrupción o votando por corruptos porque "algo le dieron”, los mensajes que manda la ciudadanía como elector a la política son los mensajes equivocados”, enfatizó Ferreira.

Resaltó que “nadie puede cambiarle la ética a una persona a los 30 años. Cuando llega a la función pública, explicarle lo que está bien y lo que está mal, resulta redundante, ya es tarde”. 

Aseveró Ferreira que Venezuela es el país más corrupto: “Sí, claramente Venezuela, donde la corrupción pasó a nivel de crisis humanitaria, ya es la última etapa del desastre, porque se han robado absolutamente todo. Las personas enfrentan situaciones increíbles de corrupción para conseguir harina, huevos, un medicamento, si es que se consigue. La población no tiene alimento, no tiene salud, no tiene cómo vivir dignamente, en un país que es el más rico en petróleo en la región”.

El otro país donde la corrupción se ha institucionalizado y es la realidad de todos los días, es Nicaragua, según Ferreira quien además afirmó que en América Latina, se mantiene una corrupción estructural e histórica.

“El  continente tiene una base de corrupción que se ha transformado en algo así como la forma normal de operar: para hacer negocios, conseguir un documento, conseguir un lugar en un hospital, para lo que sea. En muchos de nuestros países se ha normalizado esa conducta corrupta como la forma común y natural de hacer las cosas. Esto tiene que ver con la educación y la falta de control” concluyó Ferreira.