Principales

Vivir en Piedad

Por William Acero Arango.- “Admiro y quiero a mamá más que mi vida, pero quiero proponer más. La salud es el mejor de los caminos, soy médico”.

Con esa afirmación, muy personal y sentimental, Juan Luis Castro Córdoba, hijo de la candidata presidencial Piedad Córdoba Ruíz, narra las vivencias de su vida y las de sus hermanos en el libro, Vivir en Piedad, donde destaca aspectos desde que empezó la vida pública la controvertida líder que ha estado presente en la arena política de Colombia.

“Como en todas las familias del mundo y de nuestra amada Colombia, la mía es una más, con mil altibajos en todo el sentido de la palabra, pero somos y hemos sido muy felices, porque siempre hemos tenido mucho, pero mucho amor de parte de los nuestros”.

Juan Luis, un médico de tez morena y con una sonrisa que agrada a la mayoría de las personas que lo rodean, narró cómo fueron los primero años de su infancia y adolescencia cuando su madre se metió en política.

“Fuimos muy felices, pero siempre hay un pero. Mi madre desde muy temprana edad fue una mujer valiente y de mucho carácter. Estudio derecho porque su padre, mi abuelo quería a toda costa que ella fuera abogada. En su paso por el colegio y la universidad Pontifica Bolivariana, demostró siempre liderazgo, dejo huella, ayudó desde el consejo estudiantil a muchos de sus compañeros”.

Agrega que “el calvario para nosotros empezó cuando cada día se hacía más visible mi madre en el departamento de Antioquia y en el país. Fue edil de la comuna 12 con la votación más alta, posteriormente secretaría de despacho y Diputada a la asamblea de Antioquia.

Secretaría de despacho con tan solo 28 años, dentro de la familia, y después de mi tío senador ella era la más grande de todos y todas dentro de los negros y de la familia, siempre la vi peleando por los menos favorecidos, por los que no tenían nada, por los negros de este país, por los indios, por todos”.

En su relato Juan Luis Castro destaca que cada día que pasaba en el trabajo de Piedad  era más significativo y representativo porque se fue consolidando como una figura en el ámbito político nacional.         

“Apenas tenía 15 o 16  años cuando mi madre llega al senado de la Republica en la lista del partido liberal, uno  dos años atrás mi madre trabaja de la mano de Álvaro Uribe Vélez, para que este llegara a la gobernación de Antioquia”, sostiene Juan Luis y agrega que “fueron unas elecciones muy reñidas entre los dos partidos tradicionales, Liberal y Conservador. La mayoría de la dirigencia liberal acompañó a Álvaro Uribe, donde también se encontraba mi madre Piedad Córdoba”.

Al referirse a la figura de Álvaro Uribe Vélez dice que lo conoció en Bogotá. “Fue muy curioso, ella me lo presento en la Plaza de Bolívar. Él la saludo: negra cómo va? a lo que mi madre contesto, bien Alvarito trabajando y mostrándole a Juancho a Bogotá. Tímidamente contesté buenas”.

Recordó que Piedad Córdoba hizo campaña por Álvaro Uribe para que llegara a la gobernación de Antioquia, “pero creo que fue allí donde más temores teníamos en la familia, ya que mi madre era para aquella época senadora de la Republica, el partido liberal acababa de elegir como gobernador a Álvaro Uribe, y en la alcaldía de Medellín a Sergio Naranjo, un hombre con un pasado Oscuro, y a quien muchos señalaban de tener vínculos con el narcotráfico”.

“Que pereza, cómo esta ciudad elige a alcalde a ese tipo tramposo y maluco”, recuerda Juan Luis quien le expresó: “no te vas a meter con ese tipo, acordarte que dicen que es mafioso y peligroso”.

Narra que “con esas palabras que le dije, más se envalentonó, y a las 12 horas siguientes estaba dando declaraciones en radio y televisión nacional alegando que ese tipo tenía que ser investigado por sus presuntos vínculos con el narcotráfico”.

Destaca en su libro que desde ahí se agudizaron mucho más las intimidaciones porque todos los días había llamadas amenazantes, llegaban panfletos que complicaban las cosas en la casa y alrededores.

“Muchos de nuestros amigos que frecuentaban nuestra casa no volvieron,  se dieron cuenta que mi mamá hacia muchas denuncias en contra de las mafias de Medellín, del narcotráfico, de dirigentes políticos, de guerrilleros y de paramilitares”.

Recuerda lo que dijo Piedad Córdoba en un debate en el senado de la República “que la guerrilla cuidaba los cultivos de coca de los narcotraficantes en las selvas de nuestro país y cobraba millonarios recursos por ese favorcito”.

No deja de señalar en diferentes párrafos que cada día eran más y más agudas las amenazas. “Mi padre le dijo un día a mi madre: si le pasa algo a uno de mis hijos, hasta a la cárcel te hago meter bandida”, sostiene Juan Luis considerando que “no creo que lo dijera en serio, solo que mi padre estaba muerto del susto por las múltiples amenazas que nos hacían a diario”.

De las amenazas a los hechos

“Las amenazas terminaron, y empezó la verdadera oleada, un local de propiedad de nosotros ubicado en un barrio de Medellín, le colocaron 50 kilos de explosivos. Estalló a medias pero inmediatamente nos dimos cuenta que la cosa era mucho más seria de lo que realmente estaba pasando”, sostiene y resalta que “cuando el ex presidente Uribe, hoy senador, presenta el proyecto para crear las mal llamadas Convivir, mi mamá salió a denunciar que esas tales Convivir no podrían remplazar el estado colombiano, porque además se prestaría para que se camuflaran narcos, bandidos y paramilitares”.

En ese momento en su crónica Juan Luis Castro empieza a narrar el por qué se rompió la amistad con el senador Uribe que en ese momento era el gobernador de Antioquia.

Recuerda que fue muy terrible ese episodio. “Apenas me acostumbraba a lidiar con el tema de ser negro.  En todas partes nos insultaban, nos decían, mil cosas y palabras grotescas”.

Narra que cuando la congresista en ese entonces Piedad Córdoba presentó un proyecto defendiendo a los homosexuales, “fue la de troya. Nosotros, su familia y principalmente sus hijos, fuimos a los que nos tocó cargar en muchas oportunidades las cruces que se echó encima”.

Anota que “Cada paso político de mamá perecía un paso a la muerte: el asesinato del portero del colegio y la muerte de Martin fueron los hechos que me marcaron para toda la vida, mas la de Martín, un policía que habían asignado a la casa donde vivíamos en Medellín desde hacía 6 meses, eso me lleno de más miedo, pero fue el detonante porque me tocó ver como el agente de policía que era uno más de nosotros y nos cuidaba, perdía la vida por las distintas denuncias de mamá y los debates que ella casaba a nivel departamental y local, porque estaba convencida de las injusticias”.

El secuestro

Resaltó que el día más duro de su vida fue el 11 de septiembre. ”Estaba en la Universidad y me llamaron a mi teléfono para decirme que a mi mamá la habían secuestrado. Colgué, pero enseguida fueron más de 15 llamadas. Me preocupé, era una cosa muy insistente”.

Fue contundente en destacar que “El secuestro de mi madre por parte de las autodefensas nos selló a todos. Ese 11 de septiembre fue muy largo en día y los ocho que duró secuestrada fueron como estar en una oscuridad  sin salida”.

Agrega que “mi alma me volvió al cuerpo cuando ese día anunciaron en la radio noticias de última hora, fue algo raro, porque también pensé cosas malucas, se me hizo un nudo en la garganta, pero espere y el periodista anuncio; “acaba de ser liberada la senadora del partido liberal Piedad Córdoba”.

“Dios es grande, exclamé, y fue cuando salimos todos para el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, allí la vimos descender del helicóptero, llegó de botas pantaneras y una camisa blanca. Nos saludamos, y nos dijo: no muchachos es mejor hacerse matar, uno no se puede dejar secuestrar.

Recordó que en muchas oportunidades le dijo: “mamá, no te metas con esos tipos, nos vas hacer matar, yo siempre estaba en desacuerdo con las posturas y las posiciones de mi madre, ella casó y sigue casando peleas muy desiguales y creo que ese no es el camino”.

Se refiere a que Piedad Córdoba apoyó a Uribe para llegar a la gobernación, y a Samper para llegar a la Presidencia. El uno metido con los paramilitares y el MAS, y el otro, que llegó a la presidencia por la plata del narcotráfico. Al respecto me dijo: “no sabía nada de eso cuando los apoyé”.

Recordó cuando los congresistas Luis Guillermo Vélez, QEPD, y Mario Uribe  “le enviaron un mensaje a mi mamá pidiéndole que se saliera del partido y que apoyara a Uribe Vélez, que ya estaba todo listo que iban a ganar que se uniera a ellos y que no apoyara a Serpa que iba a perder”. Sobre el tema mamá me dijo: “como se te ocurre que voy hacer una cosa de esas es un acto de deslealtad, mas desleal que todos es el director del partido, que estaba tomando whisky y armando la candidatura de Uribe y volteando senadores”.

“Sigo apoyando a Serpa porque es el proyecto político que más le convine a Colombia”, me contestó y le dije: madre, vas a perder. Cuatro años exilados por tu culpa, Uribe está apoyado por esos paramilitares que te secuestraron, que maricada otra vez mas peleas”. De inmediato me replicó: “como se te ocurre Juan que voy apoyar a un tipo como esos. Más violencia para este país, no. Seguiré con Serpa hasta el final, pase lo que pase”. Contrario a lo que le dije, me miró y afirmó enojada: “No me volvas a dirigir la palabra”.

Hace un recuento del exilio en Canadá. “Fue duro, primero se fueron mamá, César, Camilo y Natalia. Llegué después de terminar mis estudios. Me encontré con un invierno duro con mucha nieve, ellos ya estaban algo adaptados. No fue realmente complicado, sufrimos mucho por nuestras costumbre y el idioma, pero le cogimos el hilo”.          

Se refiere a la situación económica y dice que fue un tema tortuoso. “César y yo trabajamos en Burger King y Natalia nuestra hermana menor, cuidando niños en casas de familia. Pero volvimos a encontrar paz, era distinto mirar los retrovisores de los vehículos, no nos daba miedo, no había llamadas amenazándonos, no había titulares de prensa, volvimos a ser felices”.

Precisa que “esto solo duro un año. Mamá decide en el 2002 regresar a Colombia para hacer campaña al senado, de todas las formas le pedí que se quedara, que no se fuera que eso estaba muy peligroso”.

“De nuevo fracasé, ella me escuchó como cuando uno regaña a un niño por una pilatuna. Pero mentiras, tan pronto uno lo perdona, sale hacer más daños. Esa era mi mamá. Llego a Colombia a sumarse a serpa y hacer campaña para el senado”.

Lo cierto en la vida de Piedad y Juan Luis es que a pesar de las dificultades por las que han pasado en la actividad política, siguen intensamente dedicados a la campaña electoral: ella, inspirada en su candidatura a la Presidencia de la República por firmas, y él, en campaña al senado de la República por la Alianza Verde.