Opinión

Un 2018 de Paz y Democracia

Por Jaime Enrique Durán Barrera.- Es indudable que el 2018 sea de mejores perspectivas. A más de un año de la firma del Acuerdo de Paz y los palpables cambios que Colombia está experimentando, en diferentes dimensiones producto de esta decisión histórica, que interrumpe un futuro determinado por la violencia y el desamparo, el porvenir sonríe a los colombianos.

Aún existen riesgos y desafíos que pueden afectarnos, sobre todo desde la perspectiva económica. Este primer año del Postconflicto, con el debate político y legislativo y la reorganización institucional, con una visión más regional, no podía generar resultados inmediatos, pero si posibilidades para el 2018.

Diversos analistas pronostican un crecimiento de la Economía Colombiana, en un promedio del 2.7%. El Fondo Monetario Internacional  es más optimista, señala un crecimiento de 2.8%. Anunciosque si se suman a los dividendos de la paz, van a crear escenarios para la inversión, el emprendimiento y la planificación que contribuyen a generar crecimiento, pero también inversión social y productiva.

Ciertamente existe un escenario de polarización. Pero soy optimista. Sin conflicto armado, con integración social y nuevos grupos políticos y con una Colombia que está asumiendo su diversidad y pluralidad, se pueden promover cambios importantes, oportunos y necesarios.

Nuevas voces entrarán a la escena política y nosotros, los liberales, celebramos un posible y necesario debate sobre los problemas, sueños y oportunidades de una Colombia sin violencia.

El 2018 es el año de los nuevos liderazgos. Como Liberal apuesto a una Colombia con más inclusión y desarrollo sostenible. Por ello, creo importante generar un proceso electoral desde las propuestas y no desde los insultos, desde lo que tenemos en común y no desde las descalificaciones.

La polarización sólo favorece a los enemigos de la Paz, hoy debilitados y sin caretas. Tenemos que asumir que existen posiciones diversas y dialogar para construir democracia real y participativa, no gobiernos parcelados por intereses individuales y sectarios.

Los políticos tenemos una deuda histórica con Colombia: detener la corrupción, requerimos ser consecuentes con el proceso de paz y desde nuestras regiones, construir el mapa de la diversidades que unidas harán una Colombia más justa, más incluyente y más prospera para todos. 

Feliz 2018 Colombia, asumamos el desafío del  desarrollo con fe y esperanza.

Escrito por Jaime Enrique Durán Barrera. Senador Liberal de Colombia.

La grandeza de Claudia López y Jorge Robledo

Por Ariel Ávila.-Comenzaron las etapas de montaña en la carrera presidencial de 2018. Lo que vimos hasta noviembre eran las etapas planas, donde había más de una treintena de candidatos. El 11 de diciembre comenzó la montaña, en ese momento los partidos debían definir listas al Congreso y debían estar claras las coaliciones. Para esas fechas el país estaba pendiente, al menos de tres cosas. La consulta liberal, que la terminó ganando Humberto de la Calle; el que dijera Uribe, que terminó siendo Iván Duque y la definición entre Claudia López, Jorge Robledo y Sergio Fajardo.

Fajardo, Robledo y Claudia se agruparon en la denominada Coalición Colombia, su eje fue la lucha contra la corrupción y la transformación de la política. Pero dentro del pragmatismo político había diferencias marcadas entre ellos, la principal era que Claudia López y Jorge Robledo tenían partidos políticos con representación en el Congreso, es decir, tenían credencial. Fajardo por su lado era abiertamente el candidato más viable de los tres, pero no tenía partido y tampoco congresista. Así las cosas, tanto los Verdes con Claudia, como el Polo con Robledo tenían la sartén por el mango. Ellos ponían las condiciones e inicialmente fue así.

Las condiciones fueron tres: acuerdo programático, en el cual todos cedían; consulta el 11 de marzo, día de las elecciones al Congreso, con la idea de repetir la famosa ola verde del año 2010 y; la tercera condición fue la de listas conjuntas con compromiso ciudadano. Parecía que Fajardo no tenía otra alternativa que ceder o irse solo y repetir lo de 2010, cuando no sacó un solo senador y su candidatura se fue al piso en tan solo una semana.

Claudia y Robledo habrían podido radicalizar su posición y no hacer ningún acuerdo; con ello animarían sus bases, agitarían los sectores radicales de sus partidos  y al final terminarían siendo la misma minoría que son ahora. Robledo pudo haber agitado su lado izquierdo  y considerar a Fajardo como un “agente del establecimiento y la oligarquía” y Claudia pudo agitar a sus radicales de centro  que no creen en la política pero que votan por candidatos como ella, estos se han ganado el nombre de “apolíticos”. 

Sin embargo, estos dos políticos pensaron más en el país que en sus partidos, entendieron al menos tres cosas: Por un lado, que Colombia en lo que tiene que ver con corrupción tocó fondo, y que se debe trasformar la política colombiana, para ello no se pueden agitar las minorías, se deben hacer coaliciones que permitan ganar y cobijar la apatía política. También lograron entender que el momento de ellos no era 2018, había candidatos que tenían mejores condiciones para competir y que representaba sus aspiraciones de trasformación y ese era Fajardo. Por ello, no sometieron a este último a una consulta, ni condicionaron su vicepresidencia, decidieron apoyar a Fajardo a cambio de un acuerdo programático. Es decir, entendieron la coyuntura del momento y decidieron dar un paso al costado.

Escrito por Ariel Ávila. Politólogo.

Un maremágnum

Por José G. Hernández.-Las consideraciones que, con un sentido crítico, hemos venido exponiendo no recaen sobre el proceso de paz en sí mismo sino que se refieren a la manera como el Estado ha venido plasmando en normas jurídicas, por la vía del "fast track", el contenido del Acuerdo Final (A.F.) suscrito entre el Gobierno y las Farc. 

Pero los errores vienen de antes. Sin estar obligado, el Presidente de la República convocó un plebiscito, no sin antes tramitar una reforma  legislativa con el objeto de reducir a 13% el umbral exigido para su validez.

Empero, dadas  las  equivocadas  decisiones  de confundir el valor de la paz con un voluminoso  documento (297 páginas) firmado en Cartagena el 26 de septiembre de 2016,  no suficientemente divulgado –y, en consecuencia, votado por muchos  a ciegas-, y de polarizar al país señalando a los críticos de ese documento como enemigos de la paz, triunfó en las urnas  la opción negativa.  Ganó el No por escaso margen, pero ganó. Un hecho cierto, certificado por la autoridad electoral,  que no ha debido ser desconocido.

Se había reformado la Constitución mediante el  A.L. 1/16, cuyo artículo 5 supeditaba su entrada en vigencia a la refrendación popular del A. F.

Como es natural, el A.F. ha debido ser renegociado. Ante un texto materialmente distinto, no habría sido necesario otro plebiscito porque las bases habrían sido diferentes, y cabían otras opciones como un referendo o una asamblea constituyente. No se procedió a ello, y se prefirió  agregar trece páginas  al texto negado, sin tocar su fondo (se firmó en Bogotá el segundo A.F. el 24 de noviembre de 2016), para después llevarlo a "refrendación", no del pueblo -como lo exigía el A.L.- sino del Congreso, que lo aprobó sin leerlo. Y la Corte Constitucional, en incomprensible sentencia, pareció dar a entender que el voto del Congreso no tenía solamente el valor de un control político sino el de una "refrendación popular", aunque, a la luz de la Constitución, el Congreso carecía de facultades para ello.

El A.L. 1/16 entró, pues, en vigor sin que se cumpliera el requisito establecido en su artículo 5, y por tanto comenzaron a ser aplicadas sus disposiciones especiales: a) Un procedimiento simplificado (que dieron en denominar “fast track”) para la aprobación de leyes y reformas constitucionales por el Congreso con miras a la implementación del  segundo A.F.; b) Facultades extraordinarias otorgadas al Presidente de la República para expedir decretos con fuerza de ley.

Siguieron los errores del Gobierno y del Congreso durante el proceso de implementación. Y se mantuvo  -o se profundizó- la polarización del país, entre buenos y malos. Siendo los buenos, según el Ejecutivo, los que apoyaran sin discutir todas sus iniciativas, y los malos quienes formularan reparos o críticas, o expresaran discrepancias. Estos últimos eran -y se adelantó toda una campaña mediática al respecto- los “enemigos de la paz”.

El “fast track” no solamente implicaba reducir los debates a la mitad sino la obligación, para los congresistas, de votar en bloque abultados proyectos, sin iniciativa y sin posibilidad de introducir modificaciones a los textos, a menos que se contara con el permiso del Gobierno. 

Fueron muchas las normas aprobadas en sustitución o vulneración de la Carta Política. Se quiso convertir el Acuerdo en norma supra constitucional, o en Tratado Internacional. Se buscó hacer el Acuerdo inmodificable. Normas, y más normas. Los jueces llegaron a ordenar la expedición de actos reformatorios de la Carta. Y la Corte Constitucional profirió sentencias ambiguas. Todo lo cual hizo del orden jurídico colombiano, a lo largo de este año, un verdadero maremágnum. Continuará.

Escrito por José Gregorio Hernández. Expresidente de la Corte Constitucional

El Camino de la Paz

Escrito por Jaime Enrique Durán Barrera. Senador Liberal de Colombia.

Baja de nota

Por Amylkar D. Acosta M.-No le fue bien en el 2017 a la economía colombiana, esta se rajó en varias asignaturas que le dan por reprobado el año que termina. En primer lugar, de cuerdo con el Informe Global de Competitividad 2017 – 2018 del Foro Económico Mundial (FEM) Colombia perdió 5 posiciones con respecto al Informe anterior, al pasar del puesto 61 al 66 entre 137 países evaluados. Además, según el más reciente Informe de la firma internacional de auditoría KPMG, “el país es menos capaz de enfrentar choques externos”, como el más reciente de la caída de los precios de los commodities, que en el pasado. En la edición 2017 del Change readiness Index se sitúa a Colombia en el puesto 65 a nivel mundial con una caída estrepitosa desde el escalón 46 que ocupaba en el anterior Informe, correspondiente al año 2015, es decir que cayó 19 posiciones, en la clasificación que hace el Informe de la “versatilidad” y resiliencia de las instituciones. 

Según el Nobel de Economía Paul Krugman en materia competitividad “la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es todo”. Y, de acuerdo con la Presidenta del Consejo Privado de Competitividad Rosario Córdoba, un estudio que realizaron junto con la Universidad de los Andes demuestra que la productividad en Colombia ha permanecido estancada por más de dos décadas y “hoy Colombia registra uno de los niveles más bajos de productividad del mundo, incluso inferior a los del resto de países de América Latina”. A guisa de ejemplo, según este estudio, un trabajador colombiano produce menos que uno chileno y menos de la cuarta parte de un estadounidense. 

Y, para rematar, el bajo crecimiento de la economía, los déficits gemelos, el desaforado incremento de la deuda pública (40% del PIB, US $120.000 millones) y la incertidumbre asociada a la coyuntura electoral y a la polarización política, que golpea el principal activo de la economía que es la confianza, llevaron a la calificadora de riesgos Standard & Poor´s (S&P) a bajar su calificación desde BBB a BBB-, quedando a un solo peldaño de perder el grado de inversión, con lo cual se dificulta y encarece el crédito externo, al tiempo que aleja a la inversión y a los inversionistas, que ahora verán a Colombia en zona de riesgo. 

Es de anotar que esta es la primera vez que S&P le rebaja a Colombia su calificación de riesgo en más de una década, durante los cuales se ha ponderado  muy bien la calidad de su deuda soberana del Estado colombiano en moneda extranjera obtuvo en abril de 2013, por fin, el grado de inversión, que ahora está en riesgo de perder. 

Hay una arista del completo Informe de S&P que le sirvió de base para tomar su decisión a la que poca atención se le ha prestado, es el peso que tuvo en su decisión el alto índice de corrupción que acusa Colombia, el cual se refleja en la baja nota alcanzada en el Indicador de Control de la Corrupción de 44.2 sobre 100, ocupando la 6ª posición entre los 20 países de Latinoamérica. Y al respecto se afirma en el Informe que ello afecta a la economía, en la medida que “podría paralizar o hacer más lenta la toma de decisiones en el Gobierno, lo que se traduciría en desviaciones de las políticas y deficientes resultados económicos (mayor endeudamiento). Y advierte claramente que “la corrupción podría afectar nuestra evaluación económica a través de diferentes canales, incluso el empeoramiento de las condiciones para hacer negocios. La incertidumbre y la injusticia que genera la corrupción podrían frenar la inversión privada, fomentar negocios ineficientes”. Es más, advierte que en el plano político “la indignación pública que deja la corrupción erosionaría la posición de los partidos políticos favoreciendo el populismo, debilitaría la institucionalidad haciendo más difícil gobernar, por lo que una baja de las calificaciones soberanas sería inminente”. Más claro no canta un gallo! 

Así S&P, para dorar la píldora, mejorara la perspectiva de calificación de negativa a “estable”, el Ministro Cárdenas encajó el golpe infligido a la política económica, asumiendo el recorte de la calificación como una “señal de alerta”. Y fue muy enfático al advertir, que “esto nos invita a pensar con mucha responsabilidad en el debate político que se avecina, en cuales deben ser las fórmulas de política fiscal durante los próximos años”. Y no le quedó otro camino que anunciar, a través del Plan Financiero 2018, un drástico apretón fiscal para el próximo año para asegurar un déficit fiscal del 3.1%, al tiempo que revisó, una vez más, a la baja la meta de crecimiento para el año entrante del 3% al 2.7%, la cual, aunque es más realista, luce todavía demasiado optimista. Este tétrico panorama explica de sobra el pesimismo que ha invadido a los colombianos: según una Encuesta reciente de YanHaas, el 76% cree que el país va por mal camino y el 81% cree que la situación económica del país es mala. La economía y el país están bajos de nota! 

Medellín, diciembre 22 de 2017

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Escrito por Luis Fernando García. Forero

Todos y todas contra Bogotá

Por Gabriel Ortiz.- La Atenas Suramericana, la capital de Colombia, la ciudad que pone los impuestos, la que está 2.600 metros más cerca de las estrellas, es la más odiada, la más calumniada, la más aborrecida y la de que todos quieren hacer leña. Todos y todas, como ahora  se estila, la que utilizan, la que aprovechan, pero a la que le sacan el cuerpo cuando hay que hacer algo por ella.

Con razón hay quienes afirman que a Bogotá, hasta sus alcaldes la odian. Todos y todas se resisten a creer que un funcionario que entrega las llaves de la capital a cuanto lagarto llega, no haga algo por redimirla. Con una mano muestra “títulos” que lo consagran como la sapiencia mundial en urbanismo, mientras que con la otra exhibe planos, proyectos y animaciones para cambiar el verde de una envidiable sabana, por manchas grises cementeras que enturbian las esperanzas de quienes quieren llegar al 2030 sin tanques de oxígeno en sus espaldas.

Ni hablar de la movilidad, la inseguridad, el desempleo, la pobreza y el abandono de extensas zonas en donde la existencia humana, no es vida.

En buena hora el Procurador Fernando Carrillo ordenó suspender una licitación para la semaforización, al no encontrar “apego a la legalidad del proceso”. Como dicen los humoristas: “por algo será”.

Los administradores de la odiada ciudad señalan que la semaforización es urgente. Y en verdad que es urgente, por Bogotá, no se puede transitar. ¿Por qué será? “Por algo será”. El actual alcalde en su primera administración se lució angostando las pocas calles y avenidas que tenía nuestra odiada ciudad, quebrando de paso  a los pocos comerciantes de esas zonas. Ejemplo claro la 15, que pasó de 5 carriles a 3 y hace parte del eterno trancón de la avenida norteña.

Claro que los “tacos”, como dicen en Medellín, obedecen a las improvisadas ciclovías, al incremento de los vehículos que pagan impuesto de rodamiento, a los recicladores, a las motociclas, al desorden y a la falta de planificación.

En la aborrecida ciudad, hace muchos años no se habilita una nueva vía, aunque cada año saquean los bolsillos de sus habitantes con impuestos de valorización. Los “avivatos”, utilizan todos los carriles cuando hay que salir de una avenida. Nadie respeta los semáforos. Se estaciona en cualquier lugar. El transmilenio es un caos porque fue mal copiado. Las losas tuvieron que repararse antes de terminarlas, por el fallido invento del relleno fluido. En resumen, esta pobre ciudad es víctima de sus propios alcaldes que no han hecho nada por ella. Es tan de malas, que ni siquiera le permiten revocar los mandatos de quienes han llegado al Palacio Liévano.

Abreviando: Bogotá, la Atenas Suramericana, en materia de tráfico, recibe palo de todos y todas. En seguridad, es inhumana, abunda la pobreza, pero eso sí: tiene más de ocho millones de críticos y críticas. Problemas y problemas.

BLANCO: Feliz Navidad Bogotá. 

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Escrito por Luis Fernando García. Forero

Navidad y paz

Por José G. Hernández.-Quiera Dios que la Navidad de 2017, más allá de las fiestas, de las vacaciones, de la pólvora (que debería erradicarse como expresión de una cultura violenta), de las mutuas felicitaciones formales  (vacías de contenido), se constituya en lo que debe ser según sus orígenes: una ocasión de encuentro, a partir del advenimiento  de Dios hecho hombre -como lo creemos los cristianos- para traer un mensaje de amor y paz.

La Navidad tendría que ser en Colombia, como en otras latitudes, una hermosa oportunidad de verdadera y sincera reconciliación, y, en nuestro caso, debería servir para que los colombianos, recordando la paz que el Niño Jesús  trajo consigo, entendamos que ella es un valor tan importante para la sociedad y para todos que no se puede reducir a un simple documento, ni a una determinada ley, ni a un discurso político, ni se puede confundir con la supuesta o real entrega de armas de una cierta organización subversiva.

Infortunadamente, por procedimientos mediáticos y por la fuerza de la insensata repetición de palabras huecas, aprovechando la desesperación de un pueblo que durante medio siglo ha sufrido los males de la violencia, la destrucción y la muerte, nuestros actuales dirigentes y algunos líderes de opinión han conseguido restringir al máximo el contenido del concepto, dividiendo arbitrariamente a los ciudadanos entre “amigos” y “enemigos” de la paz, según si compartimos o no, total o parcialmente,  unas cláusulas convencionales que nosotros no negociamos, que no necesariamente conducen a la paz;  ni contribuyen a ella, ni comprenden todo aquello que requiere la paz, ni se pueden confundir con el genuino y mucho más amplio concepto de paz.

La paz -ese preciado valor que, como derecho y deber, busca realizar el artículo 22 de la Constitución-, no debería servir como medio para alcanzar fines políticos o réditos personales; ni se debería circunscribir al farragoso documento firmado el 24 de noviembre de 2016.

No es ético que nuestro Gobierno pretenda usar a cada paso el concepto de paz para neutralizar a sus contradictores y críticos, por serios y respetuosos que sean, exhibiéndolos ante propios y extraños como "enemigos de la paz", pues ello va contra esenciales valores democráticos.  Ni es leal confundir a la paz con la actual administración, de suerte que, a la luz de tan arbitrario rasero,  o se hace y aprueba cuanto el Ejecutivo proponga o indique, o se es “enemigo de la paz”. Y en ello no se respeta ni la independencia del Congreso, ni la imparcialidad de los tribunales, pues, para no enemistarse con la paz, ni aparecer como un "guerreristas" recalcitrantes,  están obligados -aunque prevariquen- a validar sin discusiones cuanta iniciativa o deseo oficial se les presente, por descabellado o antijurídico que sea.

La Navidad, como decíamos en columna radial, es ocasión propicia para reflexionar  acerca de la verdadera paz y para corregir las confusiones que han llevado a convertirnos en una sociedad intolerante, en que  la más mínima discrepancia es censurada y públicamente condenada  como acto opuesto a los objetivos de la paz. 

La Navidad  -concluíamos-  ha de buscar la paz, pero una paz que vivifica, que enaltece, que congrega, que une. No una paz que divida. No es una paz que enfrente. No es una paz que polarice. Es, por el contrario,  la paz espiritual que debería anidarse en el corazón de cada ser humano, sin prevenciones ni  censuras.

Escrito por José Gregorio Hernández. Expresidente de la Corte Constitucional

La ley de Murphy

Por Amylkar D. Acosta M.-El empirismo de la Ley de Murphy es implacable: todo aquello que anda mal siempre es susceptible de empeorar y si “algo puede salir mal, saldrá mal”. Y esto, exactamente, es lo que ha venido sucediendo con la economía colombiana. Cuando se creía que lo peor había quedado atrás con el paso del 2016 y se esperaba que el 2017 sería el año de la recuperación de la senda de un mayor crecimiento del PIB, el comportamiento de este nos ha defraudado. Según dijo hace un año el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas este año estaba llamado a ser “mejor para la economía colombiana en comparación con el 2016” y con el optimismo panglosiano que lo caracteriza le apostó a que “la economía crezca 2.5% el próximo año”, refiriéndose al 2017.

 

Sin embargo, la economía siguió rengueando, sin poder levantar cabeza y arrancó el año, según el DANE, con un anémico crecimiento de sólo el 1.1% en el primer trimestre, lo cual obligó al Ministro Cárdenas a recalcular su meta de crecimiento bajándola a un modesto 2.3%. Luego la rectificaría dos veces más al conocer los registros del segundo (1.3%) y tercer trimestre (2%), para un promedio de 1.5% para los primeros nueve meses del año, fijándola primero en el 2% y por último en el 1.8%, que sería el más bajo en lo corrido de este siglo. Para alcanzar ésta, según el propio Ministro, el crecimiento del PIB en el cuarto trimestre tendría que ser del 2.5%, asaz difícil de lograr. De hecho la previsión del B de la R es del 1.6% para el 2017, la del FMI es del 1.7%, sólo el Banco Mundial y la CEPAL coinciden con la del Gobierno.

 

Estos datos nos indican que la desaceleración de la economía se ha prolongado por cuatro años consecutivos, durante los cuales el ritmo de crecimiento se ha venido debilitando pasando del 4.9% en 2013, 4.4% en 2014 al 3.1% en 2015, al 2% en 2016, para recalar este año muy por debajo del 2%, según lo pronostican los mas serios analistas. Colombia, entonces, tiende a nivelarse por lo bajo con el mediocre crecimiento que ha caracterizado a la economía de la región en los últimos años y que podría alcanzar el 1.7% este año. Lo más grave es que la economía colombiana además de ralentizarse, viene creciendo muy por debajo de su promedio histórico de décadas anteriores que supera el 4% y de su crecimiento potencial, el cual a su vez ha bajado dramáticamente desde el 4.5%, según ANIF, a sólo el 3.5%, el cual, al paso que vamos será del  3% anual durante 2015-2020.

 

De otra parte, la economía sigue resentida por los déficits gemelos, que sigue arrastrando irremisiblemente. A septiembre de este año el déficit en la Cuenta corriente de la Balanza de pagos se situó en el 3.7% del PIB ($11.000 millones), al arrojar la suma de US $8.363 millones, no obstante contar con una tasa de cambio competitiva, que pudo favorecer las exportaciones no tradicionales, pero que no han podido aprovecharla porque quedaron malogradas por la enfermedad holandesa que contrajeron con el boom del sector minero-energético, ahora de capa caída. Si bien las exportaciones han crecido este año el 19.2%, ello en parte obedece al efecto rebote, pues veníamos del peor año para las exportaciones, debido al desplome de los precios del petróleo, que fue el 2016. Este incremento de US $4.842.9 millones con respecto a las exportaciones del 2016, para ubicarse en los US $30.066.8 millones, muy lejos de los US $60.125 millones del 2012, se explica en un 72% (¡!), es decir US $3.488 millones, por los mejores precios del crudo y el carbón, los cuales subieron en el transcurso del año 28% y 22.5%, respectivamente.

 

Entre tanto, el déficit fiscal ronda el 3.6% del PIB (casi $34 billones) y el Gobierno quiso corregirlo y de paso espantar el fantasma de la baja de la calificación de la deuda soberana pasando por el Congreso de la República una reforma tributaria, pero se quedó con el pecado y sin la gracia, porque al tiempo que desestimuló el consumo y frenó el crecimiento, el mayor recaudo estuvo muy por debajo de las expectativas. En efecto, según la propia DIAN, entre enero y noviembre se alcanzó a recaudar la suma de $128.7 billones, para un incremento con respecto a igual período del año anterior de 7.8%, 2 puntos porcentuales menos de lo esperado, para alcanzar la ansiada meta de tener una presión fiscal del 14.2% del PIB. Así las cosas el comportamiento de la economía en el 2018 es de pronóstico reservado. 

Barranquilla, diciembre 18 de 2017

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Escrito por Amylkar Acosta M. Expresidente del Congreso y ex ministro de Minas y Energía.

Fajardo y Coalición Colombia son la alternativa

Por: Jorge Enrique Robledo.-Como es obvio, a quienes han malgobernado a Colombia en los últimos 16 años, y más atrás, les quedó gustando. De ahí que quieran que en 2018 el Presidente sea otro de “los mismos con las mismas”, como ya lo denunciara en sus días Gaitán, de forma que con cara ganen ellos y con sello también. Que se sigan enquistados en el poder los que han puesto el ciento por ciento de los presidentes y han condenado al país a una economía de mercado tan mediocre como grandes han sido sus esfuerzos por ocultarlo, y a unos índices de desigualdad social y corrupción que nos avergüenzan ante los países que sí han tenido éxito en la modernización de su aparato económico y sus relaciones sociales y políticas.

Y se empeñan en que esta sea la segunda elección presidencial consecutiva montada sobre una pelea de perros y gatos, manipulada para que los colombianos no puedan reflexionar, viveza traída de la confrontación de décadas entre liberales y conservadores que con tanto éxito usaron los antepasados políticos y de todo orden de la Unidad Nacional y el Centro Democrático. El que no conoce la historia está condenado a repetirla.

Los de mi generación nos criamos en el miedo y el odio a los del partido que no era el de nuestros padres, y eso que ya los jefes del liberalismo y el conservatismo habían dado la orden de parar la matanza que azuzaron y que dejó unos doscientos mil asesinados entre los campesinos y las gentes sencillas de los dos partidos, en tanto las diferencias entre sus jefes políticos y los beneficiarios de sus medidas nunca fueron más que pleitos por el botín burocrático y la imposición de prácticas que enriquecían a unos y a otros pero que no desarrollaban al país. Por ello fue que el Frente Nacional en nada modificó el orden económico y social, incluido aplicar todo lo que dictaminaran en Washington, pero sí impuso como orden legal la dictadura política bipartidista y el reparto al cincuenta por ciento de la marrana burocrática y contractual.

Ese miedo que producía escalofrío, aceitado con la corrupción clientelista y el poder de un Estado repartido como botín, más la hábil utilización del disparate de un alzamiento armado que nunca tuvo ninguna justificación verdadera, les permitió a los mismos controlar la política durante varias décadas. Y cuando les empezó a fallar el truco, pero también como un engaño a los colombianos, les sacaron crías políticas al liberalismo y el conservatismo, auténticos clones en todo lo fundamental, que mantienen a Colombia presa de un modelo de país que en muchos aspectos tiene más premoderno que de moderno.

Para el muy notorio propósito de regresar a Colombia a los días de la hegemonía liberal-conservadora pero con otros personajes, las cúpulas del santismo y el uribismo están usando el proceso de paz –y no es que no pueda debatirse al respecto–, de forma que los colombianos, envenenados, no puedan darse cuenta de que a ese proceso lo convirtieron en cortina de humo para ocultar que si son 50 los temas principales, santismo y uribismo están de acuerdo en 49, y que con cualquiera de ellos que gane en 2018 volverá a triunfar el pacto que bien ilustra que los mismos con las mismas sostengan al Fiscal Martínez, al que impusieron el Grupo Aval y Odebrecht, financistas de sus dos campañas presidenciales en 2014.

De ahí que ellos estén tan agresivos contra Fajardo y la Coalición Colombia, ayudados por los incoherentes que se aliaron con Santos desde el 2010 y votaron por este y por Vargas Lleras en la primera vuelta de 2014 o respaldaron al gobierno después. Porque los mismos saben que Fajardo es el único que puede ganarles, con el respaldo del Polo, los Verdes y Compromiso, verdades que están generando que millones de colombianos de todos los orígenes sociales y políticos, mamados de los malos gobiernos y políticos de siempre, se conviertan en el fenómeno ciudadano capaz de vencerlos y empezar a superar la crisis que vive Colombia.

A quienes se preguntan que por qué tomé mis últimas decisiones, una respuesta breve: además de lo dicho hasta aquí, afirmé que en la Coalición Colombia ocuparía el puesto que me tocara para construirla, inspirado en la idea de toda mi vida de que en política solo hago lo que considere mejor para el país, incluso si entra en contradicción con mis intereses personales. 

Bogotá, 15 de diciembre de 2017.

Escrito por Jorge Enrique Robledo. Senador Polo Democrático Alternativo

¡Basta ya de tarifas aéreas costosas!

Por Guillermo García Realpe.- Muchos colombianos, pero especialmente quienes somos usuarios frecuentes del transporte aéreo en Colombia nos preguntamos ¿por qué el exagerado costo en el precio de los tiquetes en las aerolíneas nuestras?

Por qué motivo no se ha podido regular este importante tema de interés nacional para que haya un precio justo y acorde a las necesidades del mercado, ¿será acaso que hay algún interés de por medio?

¿Por qué siempre somos los usuarios quienes terminamos pagando los platos rotos, no sólo en el elevado costo de los tiquetes, sino en otras situaciones como por ejemplo retrasos e incumplimientos de las aerolíneas? 

En fin, estas y muchas más inquietudes son las que quiero advertirles en esta columna de opinión a los colombianos.

Si bien la ley otorga al servicio prestado por las empresas de transporte público, el carácter de esencial, por lo que la actividad de transporte, cualquiera que sea el modo, se encuentra sometida a la regulación del Estado.

En ese orden de ideas ya la Corte Constitucional ha fallado en varias sentencias como la T-987/12 donde se afirma que “el transporte público aéreo es, por mandato de la ley, un servicio público esencial, lo que significa que el mercado económico que le es propio está altamente intervenido por el Estado”.

Pero preocupa también que el Estado, sí este transporte es esencial no haga una regulación efectiva de las onerosas tarifas que hoy tenemos, entonces sino es capaz el Estado de intervenir, ¿entonces quién?

¿Hasta cuándo seguiremos los colombianos siendo sometidos al monopolio tarifario en tiquetes aéreos?

Hay que reconocer que en Colombia tenemos sana competencia, pero esa competencia debe verse también reflejada en unas tarifas bajas que estén al alcance de cualquier ciudadano y no de un excelso grupo de personas.

Entonces, surge otra inquietud, ¿por qué las aerolíneas sí pueden ofrecer precios más justos en tiquetes internacionales que las rutas domésticas en Colombia?

Por qué es igual o más barato viajar a algunos destinos internacionales, que Bogotá-Pasto por ejemplo, o por qué es más económico tomar una ruta a otros destinos nacionales.

¿Hasta cuándo los Pastusos y en general el pueblo nariñense vamos a seguir sometidos a estos abusos?

¿Por qué no aplican el mismo rasero para todos, o es que acaso los pasajeros que viajan al exterior son usuarios de primera y quienes semanalmente nos desplazamos internamente somos de segunda categoría?

Estaremos muy atentos a seguir haciendo un detallado seguimiento para indagar más a fondo y saber las verdaderas causas del monopolio tarifario aéreo, porque es injusto que los usuarios sigan pagando  un elevado costo por un servicio que debería ser mucho más barato. 

@GarciaRealpe

Escrito por Luis Fernando García. Forero