Opinión

¿Hidroituango se desploma?

Por: Guillermo García Realpe.- El megaproyecto Hidroituango del que tanto se escucha hablar por estos días tiene con los nervios de punta a todo el país y principalmente al departamento de Antioquia, región que quiere dominar el 70% del mercado energético nacional. 

Sin embargo, este titán de la ingeniería que tiene un costo superior a los once (11) billones de pesos y que estaría listo en diciembre próximo, cambió radicalmente los planes iniciales, incluso, el Presidente de Empresas Públicas de Medellín –EPM- Jorge Londoño De La Cuesta, advirtió a varios medios de comunicación que aún no tiene claridad sobre la continuidad de las obras y si el mega proyecto es viable luego de esta crisis que ya es conocida y que afecta por supuesto toda su infraestructura. 

Se habla insistentemente también que eventualmente la presa podría desmoronarse de dos formas, la primera si el agua logra derribar el enrocado de la cresta y una segunda, sería una posible erosión en la base de la presa y en cuya parte posterior el agua está transitando. 

Cualquier situación que llegase a presentarse sería muy nefasta, traería enormes implicaciones y según se ha dicho por parte de expertos podría causar un daño muy superior a lo sucedido en Armero, es decir, Puerto Valdivia, y municipios como Nechí, Cáceres desaparecerían totalmente del mapa, al igual que la zona baja de Tarazá y Caucasia en un 70% según lo manifestó el propio Presidente de EPM, algo realmente muy grave. ¡Ni pensarlo! 

En toda esta zona de influencia del bajo Cauca antioqueño y aledaña a HidroItuango viven cerca de 120 mil personas que estarían en riesgo extremo, pero hasta el momento han logrado evacuar poco más de cinco mil, por eso las autoridades no ahorran esfuerzos en trabajar incansablemente para sensibilizar a la comunidad de la situación y para ponerla a salvo de cualquier amenaza. Por supuesto hay que preservar también la vida de las personas que trabajan en la obra.

Sin duda, es un problema de grandes dimensiones como el proyecto en sí, nadie al inicio imagino una situación de esta naturaleza. 

Pero si a esta grave tragedia social y ambiental le faltaban ingredientes, sorprendió la Fiscalía General de la Nación al advertir que existirían también posibles sobornos en los contratos de construcción de Hidroituango, que según el Fiscal Néstor Humberto Martínez pondría en aprietos a las firmas Conconcreto y Camargo Correa. 

El jefe del ente acusador ha señalado que “hay indicios que dan cuenta por las evidencias recaudadas y así se hizo de conocimiento público, de que habría pagos en el proceso de contratación de esa represa”, de confirmarse tal situación estaríamos de frente los colombianos ante un nuevo caso de corrupción de enormes proporciones muy superior a los ya conocidos como Reficar, Odebrecht, Foncolpuertos, y muchos otros que el país recuerda. 

Sería increíble, que el más ambicioso proyecto de los últimos tiempos en Colombia también haya caído en manos corruptas que hoy se esconden sin señalar culpables ni responsables. Será entonces tarea de las autoridades correspondientes desenmascararlos, presentarlos a la luz pública y hacer que respondan ante la justicia por la gravedad de sus acciones. 

En los próximos días, una vez se minimice el riesgo que hoy presenta la mega obra, vamos a realizar un debate de control político cuya fecha sería establecida por la mesa directiva para que quienes tienen relación directa e indirecta con Hidroituango comparezcan ante el Senado y le expliquen al país sus acciones. 

En ese orden de ideas vamos a citar a debate de control político a los Ministros de Minas y Energía, Medio Ambiente, Interior, y vamos a invitar al Procurador General de la Nación, al Fiscal General de la Nación , al Contralor General de la República, al Defensor del Pueblo, al Gobernador de Antioquia, al alcalde de Medellín, al gerente de Empresas Públicas de Medellín y a Representantes de la zona de influencia, para que respondan sobre las causas, alcances y circunstancias graves de la tragedia de las últimas semanas alrededor de este importante proyecto hidroeléctrico en Colombia. 

A pesar de que muchos sectores políticos no querían aprobar la proposición de citación a este debate al final lo logramos y en muy pocos días haremos que el país conozca de sus mismos protagonistas todo lo que ha sucedido con este colosal proyecto que hoy tiene en apuros a unos pocos poderosos, y con gran preocupación a 50 millones de colombianos.

Escrito por Guillermo García Realpe. Senador Liberal de Colombia.

Ojo a la Registraduría

Por Gabriel Ortiz.-Preocupantes dudas que se tejen sobre rectitud en la Registraduría y el Consejo Electoral, en proximidades de un debate electoral que decidirá los destinos del país durante los próximos cuatro años.

Quienes dirigen, organizan, desarrollan y responden por las elecciones se han encargado de desacreditarse y sembrar dudas sobre nuestra democracia. Hay desde imprevisión hasta mafias que componen o descomponen los resultados. Los candidatos no están seguros de la limpieza de los escrutinios.

Se asegura que una vez cerradas las votaciones aparecen “testigos” a enturbiar los conteos y rellenar urnas con votos diligenciados por mafias expertas en cambiar los resultados.

Por ello, es difícil entender cómo muchos “quemados” en el primer conteo, al día siguiente aparecen holgadamente elegidos.

Cuando el sol del día electoral se oculta, llega la febril noche con la corruptela de compradores y vendedores de votos que modifican los primeros resultados. Muchos supuestos testigos y “voluntarios” penetran las débiles arcas triclave y proceden a cambiar actas y resultados. Son expertos en cambiar votos para favorecer a quienes han comprado sus servicios.

Muchos de los legalmente elegidos, salen a celebrar, mientras la podredumbre actúa para darles al día siguiente la gran decepción de una derrota.

Ante el reinante desorden en Registraduría y Consejo Electoral, los perdedores solo pueden “denunciar” los fraudes. “Nos robaron las elecciones. Fulano se las robó”, suelen decir. Vaya uno a saber hasta qué punto ello es cierto. Hemos observado cómo hasta después de cumplidos los períodos salen los fallos.

Tal vez parte del descrédito de las firmas encuestadoras obedezca a la manipulación de los conteos de los votos. Lo vimos en el cuestionado No. En las parlamentarias que acaban de pasar y seguramente lo veremos en las presidenciales.

El gobierno, los agonizantes partidos políticos, los líderes honrados -si es que existen-, la academia y la ciudadanía en general, deberían designar una gran comisión electoral que vigile los resultados, apartando al registrador, a los magistrados del Consejo Electoral, y desterrando mafias y testigos que manipulan los debates. Estas elecciones tendrán márgenes muy estrechos. Cualquier cosa puede ocurrir.

Nadie, por ejemplo, entiende cómo un funcionario o funcionaria haya escondido el logotipo de uno de los candidatos. Y lo más grave, es que el jefe haya sido ascendido. Se premió la corrupción. Hay que recordar lo acontecido con los tarjetones del uribismo. Desaparecieron pese a que se habían destinado suficientes para atender a los sufragantes. Se dice que muchos fueron destruidos para favorecer a alguien.

Al parecer las autoridades que manejan las elecciones no son fiables. El país debe reaccionar antes de que sea tarde. La democracia está amenazada.

BLANCO: La atención a los cafeteros para salvarlos de la ruina.

NEGRO: En Hidroituango, se conjugan la impericia empresarial, la corrupción, los errores de diseño, duro golpe a la ingeniería colombiana y hasta posverdad, que pueden llevarnos a la más grande tragedia. Mucho más que la de Armero. Solo Dios podrá salvarnos.

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Escrito por Gabriel Ortiz

La reconfiguración de las identidades políticas

Por Juan Fernando Londoño.- La actual campaña electoral tendrá duraderos efectos en el cambio de las preferencias políticas de los colombianos y la reconfiguración de las identidades partidistas. En adelante tendremos una derecha más sólida y radical y una izquierda más fuerte y con perspectivas de poder real.

Durante los últimos 50 años las identidades políticas se construyeron alrededor del centro, la razón principal fue el pacto frentenacionalista que garantizó el poder compartido entre liberales y conservadores y desdibujó  la confrontación ideológica pues ambos tenían el triunfo asegurado y no tenía sentido la confrontación de ideas con los adversarios.

En la medida en que la competencia entre programas perdió su capacidad para estructurar la dinámica electoral, la disputa al interior de los partidos se volvió el elemento más importante para la supervivencia política, estableciendo así las bases de la extrema personalización del sistema político que caracteriza la democracia en Colombia. Adicionalmente,  el clientelismo se convirtió en el factor principal para aglutinar a los votantes como remplazo de las ofertas electorales, generando al mismo tiempo una sociedad pasiva con gran abstención y unos partidos anclados en el usufructo del presupuesto público.

El Frente Nacional terminó formalmente en 1974, pero sus principales estructuras  tanto legales como culturales perduraron incluso después de la Constitución de 1991. Durante ese período volvió la competencia partidista, pero absolutamente permeada por la capacidad clientelar.  Y con un ingrediente adicional, el desafío de las guerrillas ahondó el consenso en el establecimiento sobre la naturaleza y alcance de las propuestas políticas que eran aceptables. Esos clivajes frentenacionalistas se mantuvieron incluso luego de la destrucción del bipartidismo que ocasionó la nueva Constitución de 1991,  pero que no logró cambiar la forma de hacer la política.

Quienes se alejaron del consenso centrista siempre fueron neutralizados, provenientes de la izquierda liberal de Galán, Samper o Serpa; mientras que la  izquierda, que no compartía el consenso frentenacionalista nunca fue opción real de poder. La naturaleza del consenso centrista tuvo cosas buenas, como el manejo responsable de la economía, que nunca ha tenido un episodio de hiperinflación o defaults. Para las élites era claro que una crisis económica era el único elemento que podría darle suficiente apoyo a la guerrilla para desafiar el estatus quo.

El consenso también tuvo cosas muy malas, por ejemplo, la renuncia de los civiles a manejar el orden público y la ausencia de políticas de redistribución de la riqueza. Ambos temas nos convirtieron en el Estado con más violaciones de derechos humanos y con peores indicadores de equidad económica y social.

La terminación del conflicto armado con las Farc quitó el principal elemento de aglutinación del establecimiento, la lucha contra el enemigo común. Y dividió a las élites entre quienes consideraban mejor un mal arreglo que un buen pleito (santismo) y los que hubiesen preferido continuar la guerra con tal de no hacer concesiones (uribismo). Como se ha señalado muchas veces, la guerra unió y la paz separó.

Sin la presencia del enemigo aglutinador no solamente se fracturó el consenso al interior del establecimiento sino que emergieron nuevas demandas y agendas represadas. Esto es lo que representan respectivamente los candidatos de derecha e izquierda que puntean hoy en día las encuestas. Duque, el establecimiento roto y Petro, las nuevas demandas. Ninguno de ellos cuenta con una mayoría sólida suficiente para ganar la Presidencia por sí solos, pero representan referentes políticos de opciones electorales claramente diferenciadas. Y esas propuestas marcarán el futuro de la política en Colombia.

Con el Centro Democrático, la derecha ha encontrado la vocería que el conservatismo había abandonado por andar dedicado al clientelismo. Y con la campaña de Petro, la izquierda logra iniciar la reconstrucción de su identidad en la época pos guerrillera.

El centro sigue siendo mayoritario, pero es una mayoría sin norte, sin líderes, sin identidad. Posiblemente los verdes tengan más opciones que el Partido Liberal de darle identidad a un centro político, pero eso está por verse. En todo caso, quienes conciben la política como un ejercicio de mecánica y maquinaria están condenados a la extinción.

La política de Colombia ha cambiado en esta campaña y es un cambio que llega para quedarse y quienes logren exitosamente ubicarse en esa política moderna e ideológica serán quienes protagonicen la lucha por el poder en el futuro, los demás podrán sobrevivir pero serán simples zombis políticos.

Escrito por Juan Fernando Londoño Ex Viceministro del Interior. @JuanFdoLondono

Balance negativo

Por José G. Hernández.-Un balance parcial de lo que hasta hoy ha generado el proceso de paz con las Farc arroja, en el nivel institucional, un resultado negativo.

En efecto, si bien hubo una entrega de algunas armas (certificada por Naciones Unidas), se constituyó un partido político  y  hasta ahora no se habla de ataques terroristas, homicidios, crímenes de guerra o de lesa humanidad, secuestros, reclutamientos de menores, siembras de minas antipersonas u otros delitos atribuibles a las desmovilizadas Farc como tales, aunque sí a sus  llamadas “disidencias” -cada vez más grandes y agresivas-,  lo cierto es que nos hemos quedado esperando noticias acerca de asuntos tales como la suerte de muchos de los plagiados por aquéllas; el monto real del patrimonio ilícito de esa guerrilla, según la Fiscalía, aún no ha sido revelado a las autoridades; no han sido liberados todos los menores reclutados ni se sabe dónde están; muchos desmovilizados han abandonado los campamentos; no han sido reparadas las víctimas, y, hasta el momento, no ha habido aplicación de la justicia porque la JEP no ha funcionado, y, por el contrario, pasa por una prematura y preocupante crisis de credibilidad.

El Gobierno proclama ante la comunidad internacional que la paz es completa, pese a acontecimientos tan graves como los que se viven en Tumaco y en la región del Pacífico y no obstante el terrorismo, los secuestros y los crímenes cometidos por los disidentes de la Farc. Además, insiste en los diálogos con el Eln, sin una probada voluntad de paz de esa organización, frente a la cual cometerá tal vez los mismos errores cometidos durante y después del proceso de La Habana. Entre ellos, el más protuberante: no haber exigido -ni exigir ahora- compromisos iniciales de la respectiva organización y de sus líderes, ni  unas condiciones mínimas indispensables para adelantar unas negociaciones serias, como la liberación inmediata de secuestrados y reclutados, reintegro de los bienes ilícitamente adquiridos, reglas claras sobre sometimiento al orden jurídico institucional, hechos objetivos y verificables de verdad, justicia, reparación a las víctimas y garantía de no repetición.

Además, firmado el Acuerdo Final, no se ha evitado la corrupción en cuanto al manejo, destino  e inversión de los recursos previstos para la cristalización de los objetivos de paz buscados; ha habido reclamos de los gobiernos extranjeros que donaron fondos con ese propósito; las explicaciones gubernamentales no han sido satisfactorias, y la Fiscalía General  investiga toda una red delictiva que, al parecer, ha hecho de las suyas con la contratación.

Lo peor desde el punto de vista institucional ha consistido en la pérdida de independencia del Congreso; la aprobación descuidada y apresurada de normas constitucionales y legales incoherentes y mal estructuradas; la innecesaria y desordenada sustitución constitucional, al punto  de haberse desdibujado y resquebrajado el principio de supremacía de la Carta Política; el debilitamiento y la excesiva complacencia del sistema de control de constitucionalidad; la pérdida de control del Estado sobre la totalidad del territorio; además de la reincidencia de desmovilizados  en el delito, con la tácita complacencia estatal, la impunidad para muchos crímenes, inclusive de lesa humanidad, y una administración de justicia especial  muy demorada y, según denuncias internas, altamente burocratizada. Y ello sin hablar del caso “Santrich”, ni de los incumplimientos de compromisos, de parte y parte.

En fin, un balance negativo que contradice los optimistas discursos presidenciales.

Escrito por José G Hernández. Expresidente de la Corte Constitucional

La izquierda, alternativa posible

Por Jairo Gómez.-Es interesante el aporte de Gustavo Petro a la izquierda colombiana en esta campaña presidencial: la sacó definitivamente del clóset.

Acostumbrada a hablar pasito, con un lenguaje vergonzante, hoy se expone ante los colombianos como una alternativa de poder real, con verdaderas intenciones de cambio, un lenguaje fresco y seductor más allá de su propuesta de inclusión que es lo que la sociedad reclama a cántaros. Mientras la derecha, representada en todas sus versiones, se hunde en la mentira, la exclusión, la corrupción y un sistema de impunidad que se hizo para favorecer a los poderosos, la propuesta de Petro abre la esperanza para que esos delincuentes de cuello blanco vayan a la cárcel.

No hay que ignorar que senadores como Iván Cepeda, Jorge Enrique Robledo, y Alex López han puesto su grano de arena desde el Congreso con sus atrevidos debates de control político que han puesto en evidencia el sistema corrompido que gobierna Colombia.

La izquierda ya no es el demonio que va aniquilar la nación y sus instituciones, al contrario esas instituciones las aniquilaron hace muchas décadas quienes las han usufructuado. No saben qué inventarse, no saben de qué artificio echar mano para seguir engañando al pueblo. No hay tal, el coco son ellos no la izquierda (Petro). Mejor ejemplo no puede haber: Uribe es lo más parecido a la inmovilidad, quiere llegar al poder para perpetuar ese orden y regresar el país al siglo XIX, por ello recorre pueblo a pueblo incendiando voluntades con un discurso “castrochavista” trasnochado, tratando de sembrar el miedo sin ningún tipo de lealtad intelectual.

Desde los medios se acude a la opinión como estrategia para atajar a Petro y debilitar a Fajardo. Dos sendas columnas del pasado domingo en El Tiempo son muy reveladoras, en ellas, Rueda y Vargas, critican a Sergio Fajardo (qué coincidencia) con la clara intención de  afectar la imagen del candidato de los Verdes y El Polo para que caiga en las encuestas y, de contera, crecer a Vargas Lleras. Pero no les va a alcanzar, como tampoco sirvieron las falaces y manipuladoras proyecciones de una firma encuestadora.

Qué creíble puede ser un establecimiento político que dice cosas como estas. Va la primera: el candidato Germán Vargas Lleras ya le notificó a la maquinaria que lo acompaña: “Cero corrupción en mi gobierno. Ya les notifiqué a los congresistas (maquinaria) que me apoyan, que se acabó la robadera”. Va la segunda: “Voten antes de que los cojan presos”, les dijo el expresidente Uribe a sus parlamentarios afectos para sacar adelante sus atrocidades legislativas, como la reforma laboral que hoy nos tiene pariendo a los trabajadores colombianos.

Sin embargo, esas fuerzas negligentes y dañinas que han plagado el país de fosas comunes y de asesinatos de líderes sociales a diario sin consecuencia alguna, hoy, increíblemente, mantienen la primera opción de gobernar. Pero no todo está perdido también surge como una alternativa la izquierda capaz de romper este farragoso círculo vicioso que por muchas décadas ha menoscabado la sociedad colombiana.

@jairotevi

Escrito por Jairo Gómez. Periodista.

Hidroituango: una tragedia social y ambiental

Por: Guillermo García Realpe. @ggarciarealpe.- Lo que será el proyecto eléctrico más grande del país concebido hace más de cinco décadas y cuya ejecución empezó hace ya ocho años como un sueño de la empresa privada y de unos pocos poderosos, hoy presenta otra realidad.

Hidroituango se desploma como las grandes montañas adyacentes al imponente río Cauca que se resisten a ser inundadas en una represa que abarcaría 220 metros de altura  y un embalse que coparía 70 kilómetros de largo, con capacidad para contener hasta 2.720 millones de metros cúbicos de agua.

Los expertos que diseñaron el megaproyecto fallaron en sus cálculos, el proceso ha tenido grandes falencias, poca concertación con las comunidades afectadas de la zona y ni qué decir de las graves consecuencias ecológicas y medio ambientales. Hay decenas de familias desplazadas y mucha resistencia por parte de organizaciones sociales que se oponen al proyecto.

El amo y señor de la obra es Empresas Públicas de Medellín –EPM-, que según las comunidades de la zona se convirtió en la última palabra, campesinos denuncian que el nuevo Estado con sus tres ramas del poder público se llama EPM y esa “suplantación” -dicen ellos-, hace imposible que hayan garantías  de Derechos Humanos, ambientales, económicos, políticos y sociales. Lo que sin duda se convierte en un hecho ¡bastante grave!

Lo sucedido en Hidroituango es la segunda tragedia provocada por una hidroeléctrica, el país recuerda hace cerca de tres años cuando por poco hay un nuevo apagón por cuenta de un incendio en la hidroeléctrica de Guatape (también en Antioquia) que produjo directamente afectaciones en las centrales de San Carlos y Playas.

Se reclama entonces más presencia de los organismos de control que ayuden a ser veedores y garantes de los derechos de las gentes que son afectadas por este mega proyecto, pero por supuesto, que también hace falta responsabilidad social empresarial de EPM que al parecer sigue siendo nula con las comunidades afectadas. 

Nadie hasta el momento ha escuchado el clamor de los ciudadanos, se denuncia que  han perdido seres queridos que hasta hoy no aparecen y nadie les da respuesta, al igual que muchos bienes materiales de humildes familias campesinas y lo más delicado, se han producido asesinatos de líderes sociales en la zona.

Pero si la tragedia social ha sido inmensa, ni que decir de la tragedia ambiental. Muchas especies de animales han tenido que abandonar el bosque para salvar sus vidas, miles de árboles talados, de los cuales muchos corren por las turbias aguas del río Cauca generando otra dificultad más.

Hace algunos días otro problema se presentó en Hidroituango, grandes derrumbes pusieron en riesgo la millonaria inversión del megaproyecto, la empresa afirmó en un escrito enviado a la Procuraduría General que “tal situación, presentada desde el día 28 de abril de 2018, fue generada a causa de una condición geológica que ocasionó el desprendimiento de roca y tierra”; situación está que dicen los campesinos no es del todo cierta, teniendo en cuenta que históricamente ese territorio es zona de falla geológica.

Semejante situación generó que EPM tomara la decisión de inundar el cuarto de máquinas para mitigar el grave daño que podría formar –incluso- una gran avalancha aguas abajo del río Cauca.

Quedará entonces el país sometido en el corto tiempo a la potencia energética antioqueña que quiere llegar a dominar el 70% de la capacidad total energética de Colombia, basada únicamente en el componente económico de utilidades y ganancias sin importar el componente social y ambiental que en muchos casos queda en el olvido esperando una compensación que en la mayoría de los casos se queda corta, como se ha visto en otras regiones, como el Huila y el caso de El Quimbo. ¡En Antioquia no cabe un proyecto hidroeléctrico más, están generando energía a costo de la vida de la gente!

Y es que Antioquia sí que le bota corriente a este tema, saben que quien domina  la producción energética tiene garantizado su desarrollo, no obstante aspiran seguir dominando el mercado nacional, pues su capacidad  hidroeléctrica de toda la región es de 5.585 megavatios, muy superior  a la del centro del país considerada en 2.939 megavatios.

El Grupo EPM tiene 25 centrales de generación hidroeléctrica en el departamento que suman una capacidad instalada de 2.836 megavatios, siendo Porce III la central con mayor generación.

También Isagén es un actor importante en Antioquia, sus tres generadoras: San Carlos, que es la central de mayor capacidad instalada del país con 1.240 MW y que tiene la infraestructura necesaria para instalar otras dos unidades adicionales; Jaguas, central que produce 170 Megavatios y Calderas, con una capacidad instalada de 26 Megavatios.

Por lo pronto Hidroituango, el principal proyecto energético que tendrá el país en el corto plazo, seguirá esperando ver la luz al final del túnel.

Escrito por Guillermo García Realpe. Senador Liberal de Colombia.

Primero la gente

Por Amylkar D. Acosta M.-“Es flaca sobremanera toda humana previsión, pues en más de una ocasión sale lo que no se espera”: José Manuel Marroquín. La Perrilla.                                                               

Todo el país sigue de cerca la contingencia que se presentó en Hidroituango, la mayor central hidroeléctrica del país, cuando estaba a punto de iniciar el llenado de su embalse y tenía previsto poner a generar energía la primera de sus tres unidades, que sumadas tendrán una capacidad instalada de 2.400 MW, equivalente al 17% de la demanda nacional,  en el mes de diciembre de este año.

De pronto, cuando nadie se lo esperaba, un alud de tierra taponó el túnel de desviación que permitiría que el Río Cauca, que alimentará la presa, siga su curso y a consecuencia de su obstrucción se ha producido un represamiento aguas arriba y una sensible reducción del caudal aguas abajo. El represamiento entraña un riesgo inminente de una avalancha súbita que amenaza a la población ribereña y el bajo caudal está perjudicando a los pescadores. Y de contera se ha infligido un severo daño ambiental en el área de influencia de este macroproyecto, afectando a la flora y a la fauna.

Está por establecerse la causa última de esta contingencia, que en principio se atribuye a una falla geológica y los técnicos tienen la palabra para establecer si la misma pudo o no preverse por parte de quienes trabajaron los diseños y/o por parte de la firma interventora. Mientras ello se precisa, lo primero es lo primero: se trata de conjurar un daño mayor en la población asentada en las orillas del río y así lo ha venido haciendo las empresas públicas de Medellín (EEPPMM), la dueña de este proyecto.

Sin parar en mientes y sin medir sus costos, las directivas de la empresa, encabezada por Jorge Londoño de la Cuesta, tomaron la decisión extrema de inundar la Casa de máquinas y así evacuar el agua represada, tanto mayor, en cuanto que las lluvias continúan, evitando una posible avalancha, poniendo a salvo la población de los 12 municipios de su área de influencia. Primero está la gente y así lo ha entendido EEPPMM!

La empresa ha dejado en claro que, pese al atraso de su entrada en operación a consecuencia de este imprevisto, estará en condiciones de cumplir con su compromiso de entrega de energía en firme al Sistema Interconectado Nacional (SIN) gracias al respaldo con que cuenta, dada la disponibilidad de su otra Central, Termosierra, de los 2.91 millones de kilovatios diarios de los 2.97 millones de kilovatios al día (1.085 gigavatios/hora/año) a los que está obligada entre diciembre de 2018 y noviembre de 2038.

Todavía es muy temprano para establecer los costos y las pérdidas que le significará a EEPPMM este siniestro, el que por lo demás está amparado, como lo ha asegurado la empresa, por pólizas de seguro que lo cubren. EEPPMM tiene bien ganada su reputación, estamos en las mejores manos, su idoneidad, competencia y capacidad para sortear este impasse está fuera de duda y por ello estamos seguros que pronto lo superará. No se puede bajar la guardia!

Aunque aún no se puede dar un parte de tranquilidad, puesto que todavía los moradores de la zona siguen con el credo en la boca, en situación de peligro y la empresa empeñada en morigerar el impacto y en disipar los riesgos inherentes a este desafortunado evento, lo que sí se puede asegurar, como lo hizo la Presidenta de la Asociación Colombiana de Generadores de Energía Eléctrica (ACOLGEN) Ángela Montoya y el Presidente de Asociación Nacional de Generadores (ANDEG) Alejandro Castañeda, es que no está en riesgo la garantía del suministro de energía al país.

Es bien sabido que el SIN está soportado en una capacidad instalada de potencia en energía eléctrica de 16.800 MW, cuando la demanda máxima, en su pico más elevado, no supera los 10.000 MW. De ello se sigue que contamos con una capacidad para abastecer el mercado que excede la demanda en 7.656 gigavatios hora/año para diciembre de 2018, de 5.387 para el 2019, de 3.065 para el 2020 y de 882 gigavatios para el año 2021. Huelga decir, que otros proyectos de generación importantes están en marcha, entre ellos los de fuentes no convencionales de energía renovables (FNCER), que ya recibieron el banderazo!

Medellín, mayo 11 de 2018

www.amylkaracosta.net

Escrito por Amylkar Acosta M. Exministro de MInas.

Fajardo sí puede vencer a cualquier otro candidato

Por Jorge Enrique Robledo.- En Colombia se puede ser alcalde o gobernador con cualquier porcentaje de los votos mientras supere el de sus competidores y aunque sea inferior a la mitad más uno de los sufragios. Por ejemplo, Gustavo Petro y Enrique Peñalosa ganaron en Bogotá con el respaldo de un poco más del 30 por ciento de los votantes. En contraste, solo se puede ser Presidente con el apoyo de más del 50 por ciento de los electores, sea que se obtenga en la primera o en la segunda vuelta. Para estos efectos, ganar en la primera vuelta pero perder en la segunda puede considerarse una victoria pírrica, figura que se usa desde el rey Pirro, quien triunfó en una batalla con tantas pérdidas que exclamó que otro éxito como ese sería su derrota definitiva. 

La historia de Horacio Serpa ilustra hacia dónde se dirige esta columna. Como se sabe, su imagen positiva fue lo suficientemente alta para permitirle disputar la Presidencia en tres ocasiones, cargo que nunca ganó. Porque su imagen negativa también fue siempre tan grande –sin importar si era justa o injusta la valoración de los colombianos– que ella siempre le impidió llegar a la Casa de Nariño. 

De ahí que sea un deber principal de los estrategas políticos tratar de escoger al adversario que se prefiere en la segunda vuelta, es decir, el que se considere más fácil de derrotar. Y la debilidad depende de las simpatías que genere cada candidato, pero además y de manera determinante, de las resistencias que produzca, porque si en la primera vuelta se vota por el que más se estima, en la segunda se tiende a votar en contra del que más se detesta o se teme. Se equivoca quien vota en la primera vuelta sin considerar lo que pueda pasar en la segunda, que es la que define, en especial si se considera como lo peor que pueda sucederle al país el triunfo de cierto candidato. 

Dichas realidades están en la base de los ataques y calumnias orquestados por las demás campañas contra Fajardo, incluso contradiciéndose entre ellas, porque unas lo presentan como miembro de un espectro político y las otras como del otro. Y con frecuencia lo hacen dentro de concepciones y ataques canallas, que compiten entre sí para ver quién actúa como el peor, pero, eso sí, para elegir a quien presentan como “el mejor”. Parecido al que reconoce que se corrompe para ganar el poder político, al tiempo que jura que gobernará con suma pulcritud. 

Estos ataques tienen origen en que todas las mediciones señalan a Sergio Fajardo como el candidato con la mayor imagen positiva y la menor negativa, combinación que lo pone en condiciones de derrotar en la segunda vuelta a cualquiera con el que le toque competir. De acuerdo con el Gallup Poll más reciente, Fajardo goza de 61 por ciento de imagen positiva contra 18 por ciento negativa, en tanto Duque-Uribe tiene 57-37, respectivamente, y Petro padece por el muy mediocre 41-53, cifras que nos ponen en el serio peligro de que vuelvan a la jefatura del Estado quienes ya han gobernado, y muy mal, a Colombia. 

Las excelentes cifras de Fajardo salen de su hoja de vida y de sus propuestas: a mano limpia, les ganó la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia a una clase política que se decía invencible y gobernó sin recurrir al clientelismo y la corrupción. A pesar de las complejidades de esta campaña presidencial, se ha mantenido fiel a sus convicciones de no actuar indebidamente y su programa de gobierno se inspira en la idea de unir a los colombianos –de todo origen político y sectores populares y clases medias y empresariales– para derrotar la corrupción, cumplir con acierto las normas del proceso de paz, darle gran importancia a la educación en todos sus aspectos, generar un millón y medio de nuevos empleos formales a partir de crear más riqueza en el agro y la industria, reducir la desigualdad social y la discriminación y cuidar y proteger el medio ambiente. 

Como Fajardo puede vencer a cualquier otro en la segunda vuelta, el mejor futuro del país depende, apreciado lector, de que superemos la prueba de las elecciones del 27 de mayo.

Escrito por Jorge Enrique Robledo. Senador del Polo Democrático Alternativo.

Ideología cero

Por Gabriel Ortiz.- Los diez y seis días que faltan para una primera vuelta electoral dejan muy en claro que en Colombia se perdió cualquier ideología política, porque la corrupción, la violencia y los débiles y dóciles dirigentes la derrotaron. Esta población carece de doctrina, convicción, filosofía e ideas políticas.

Antes existían partidos con principios y fortaleza en ideas, líderes y dirigentes con convicciones, con ideales, con fundamentos, con garra, con honestidad.

El Frente Nacional sirvió para recuperar la democracia y limar asperezas entre las dos principales colectividades que manejaban la política colombiana con hegemonía. Subía un partido y temblaban hasta los porteros. Se introdujo la paridad.

Antes los ganadores permitían a los contendores participar burocráticamente, a regañadientes. Más los partidos sostenían su filosofía y sus principios. Las dos colectividades de entonces, y un incipiente partido de izquierda, mantenían su pensamiento, mentalidad, consciencia y honor. Solo el propósito de lograr lo mejor para los habitantes, impulsaba sus tesis y fundamentos.

El Frente Nacional duró 16 años repartiendo el poder entre las dos colectividades y manteniendo la paridad de funcionarios.

El fermento de la violencia nos privó de dirigentes de gran valía y trayectoria que fueron vilmente asesinados. Uno, por cuenta del narcotráfico, cuando estaba en la antesala de la presidencia y otro, que bordeaba ese umbral, por negarse a participar en una conspiración para generar un golpe de estado.

A pesar de todo, los partidos políticos se mantuvieron fieles a sus principios y firmeza ideológica, hasta que un presidente que había militado en el liberalismo, en el poder popular de Samper y en otros movimientos con esas ideologías, tomo las banderas de la extrema derecha, para darle el puntillazo final a los partidos tradicionales.

Por ello hoy estamos en vísperas de que algún grupo sin marcada ideología pueda llegar a la presidencia de Colombia. Ese alud nos ha conducido a la más grave y desastrosa polarización que ha servido para entronizar los partidos de garaje sin ideología, que hoy disputan posiciones y mandatos. Aflora el todo vale para ganar votos. Unos puestos o corruptos contratos convierten los agravios en abrazos.

Nunca antes se había visto tal cantidad de movimientos ávidos, hambrientos y anhelantes de pisar la Casa de Nariño.

En esas estamos. Quienes nos convencían con rectos principios, hoy bajo otras banderas, rodean al que más ofrezca. La corrupción, la violencia y la docilidad y sumisión de los líderes, han destruido nuestros partidos políticos. Un parcializado Consejo Electoral, las falsas promesas de candidatos, las “bodegas” virtuales y caninas disciplinas, manejan política y votaciones.

El populismo, la carencia de ideología y los azotes a un proceso que nos ha sembrado la convivencia, impedirán que podamos avanzar por senderos de progreso y prosperidad que garanticen a los próximos dirigentes eliminar los desequilibrios y la brecha, que impiden la justa repartición de nuestras riquezas.

BLANCO: El firme precio del crudo y el sostenimiento de la calificación del país.

NEGRO: La obstinación de Peñalosa por metro elevado y transmilenios chimenea.

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Escrito por Gabriel Ortiz

¿Será normal lo que ocurre?

Por José G. Hernández.-Es verdaderamente lamentable que en nuestro medio no se haya abierto paso una cultura de respeto a la vida humana, y que, por el contrario, se incrementen los casos de muertes, inclusive por móviles tan bajos como el robo de un celular o de una bicicleta. Lo peor es la tendencia de la sociedad colombiana a tomar el fenómeno como algo normal. Y que las autoridades se contenten con comparaciones de cifras entre un año y otro, indicando que los crímenes han disminuido, y que por lo tanto “vamos por el camino correcto”, frase ésta que, como la relativa a las “investigaciones exhaustivas” o aquella otra según la cual “sobre los responsables (no encontrados) caerá todo el peso de la ley”, se ha convertido en símbolo de mediocridad e indolencia. Todo el mundo sabe que esas frases se pronuncian, a más no poder, como por decir algo, y que son mentirosas, pero el público las acepta.

Asesinaron en el sur del país a los periodistas del diario “El Comercio”; no se han podido rescatar ni siquiera los cadáveres para que sus familias les den cristiana sepultura, y dos personas más permanecen secuestradas, a la espera -quiera Dios que no- de su sentencia de muerte.

Son muchos los policías asesinados en el país en ejecución del llamado “plan pistola”, y miembros del Ejército y la Armada Nacional también han sido víctimas de las organizaciones criminales.

Los casos de sicariato son, de nuevo -como en la época de Pablo Escobar-, cada vez más frecuentes, en distintas ciudades y municipios colombianos. La Defensoría del Pueblo registró entre enero de 2016 y el 27 de febrero de este año un total 282 asesinatos de líderes sociales y defensores de derechos humanos.

Hace pocos días fue secuestrada y asesinada en Arauca la líder comunitaria María del Carmen Moreno, y al día siguiente del hallazgo de su cadáver, la personera de Arauquita informó que aparecieron los cadáveres de dos individuos que, todo indica, fueron los asesinos.

Respecto a esta ola criminal, y con toda razón, se han declarado sorprendidas instituciones internacionales como la Unión Europea (UE), los gobiernos de Noruega y Suiza, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Todos muestran su preocupación por los ataques y asesinatos de estas personas, a la vez que el Estado, más interesado en proclamar ante el mundo que en nuestro territorio todo es paz y reconciliación, ha perdido control y autoridad; y no ha asumido en serio su papel, claramente plasmado en el artículo 2 de la Constitución: “Las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, y para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares”.

Miles de mujeres han sido asesinadas por sus parejas; y todos los días se da cuenta de los crímenes cometidos en Colombia contra los niños, inclusive los de pocos días de nacidos; otros caen en medio de cruces de disparos o por balas perdidas.

En fin, no hay respeto alguno a la vida humana, ni a la dignidad de las personas. Y, a la vista de muchos, eso es perfectamente normal. ¿Habrá algo en los programas de los candidatos presidenciales al respecto?

Escrito por Luis Fernando García. Forero