Opinión

México y Colombia: dos polarizaciones

Por Rafael Rojas.- En dos países latinoamericanos, México y Colombia, vivimos procesos similares de polarización política, en momentos electorales simultáneos.

En toda América Latina tienen lugar esas polarizaciones, pero por lo general se trata de conflictos permanentes a nivel ideológico o político, entre las opciones extremas del neoliberalismo y del neopopulismo, adscritas a los ejes geopolíticos en pugna. En los grandes países del Cono Sur y los Andes, con todo lo que digan Rafael Correa o Evo Morales o con lo terrible que sea la prisión de Lula da Silva, esas polaridades nunca han sido inmanejables.

No estoy diciendo que no haya izquierdas antisistema o derechas conservadoras y autoritarias en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Por supuesto que las hay, pero las democracias de esos países cuentan con suficientes resortes mediadores como para impedir que la polaridad interna se mezcle con la externa. A pesar del evidente revanchismo de las derechas brasileña o argentina, nunca se podrá decir que la crisis actual del PT o el kirchnerismo, dos corrientes activas en las oposiciones de ambos países, signifique el colapso electoral de la izquierda en el Cono Sur.

En México y Colombia, la polaridad electoral que estamos viviendo sí podría producir las dos cosas: una peligrosa mezcla entre el conflicto doméstico y el geopolítico y una desfiguración, igualmente dañina, de las identidades de la izquierda y la derecha en la democracia latinoamericana. Ambos son países con costas en el Caribe y el Pacífico, y son determinantes para el mundo antillano, centroamericano y andino. Ambos, países con una relación especial con Estados Unidos, construida durante décadas por la guerra civil, el narcotráfico, la emigración, el libre comercio y la seguridad fronteriza.

Pero hay una diferencia sustancial en el sistema político de los dos países que puede decidir el futuro de la actual polarización: en Colombia hay segunda vuelta y en México no. Eso significa que quien llegue a la Casa de Nariño en Bogotá, Iván Duque o Gustavo Petro, estará en condiciones de crear alianzas y pactos para gobernar en mayoría. Mientras que en México, Andrés Manuel López Obrador o una inconcebible coalición entre Ricardo Anaya y José Antonio Meade, difícilmente rebasaría el 45% de los votos. Quien llegue a la Presidencia en México, tendrá, inevitablemente, a más de la mitad del electorado en contra.

Lo peor que podría pasar en una polarización política, como la de Colombia o México, es que el candidato y el partido vencedor decidan insertarse agresivamente en alguno de los bloques regionales en pugna. Por ejemplo, que Gustavo Petro en Colombia o López Obrador en México imaginen que la mejor manera de reforzar su poder interno sea aliándose a Nicolás Maduro o haciendo causa común con la Alianza Bolivariana. No creo, realmente, que eso suceda, como sostienen algunos, pero tampoco hay que descartar de gratis los peores escenarios.

Escrito por Rafael Rojas. Historiador

Cleptocracia y Cacocracia

Por Moisés Naim.- Mientras el mundo se desgañita debatiendo sobre socialismo, capitalismo, independentismo, populismo y otros ismos, los ladrones y los ineptos están tomándose cada vez más gobiernos. Ladrones en el poder los ha habido siempre y gobernantes incompetentes también. Pero, en estos tiempos, la criminalidad de algunos jefes de Estado ha alcanzado niveles dignos de los tiranos de la antigüedad. Y las consecuencias de la ineptitud de quienes mandan se ven ahora amplificadas por la globalización, la tecnología, la complejidad de la sociedad, así como por la velocidad con la que suceden las cosas.

Ya no estamos hablando solo de la corrupción “habitual”; la del ministro que cobra una comisión por la compra de armas o por otorgar a dedo el contrato para construir una carretera. Ni de un caso aislado en el que el más tonto de la clase llega, para sorpresa de sus antiguos compañeros, a ser presidente.

No; en el caso de la cleptocracia se trata más bien de conductas criminales que no son individuales, oportunistas y esporádicas sino colectivas, sistemáticas, estratégicas y permanentes. Es un sistema en el cual todo el alto Gobierno es cómplice y se organiza de manera deliberada para enriquecerse y usar las fortunas acumuladas para perpetuarse en el poder.

Para los cleptócratas, el bien común y las necesidades de la población son objetivos secundarios y sólo merecen atención cuando están al servicio de lo más importante: engordar sus fortunas y seguir mandando.

El caso de los ineptos en el poder es algo distinto. Las cacocracias (los gobiernos de los malos) proliferan en sistemas políticos degradados y caóticos que repelen a los talentosos y les abren paso a los peores ciudadanos, o a los menos preparados. Obviamente es posible que a veces se combinen los dos y el Gobierno no solo sea criminal sino también incompetente. Cuando coinciden, la cleptocracia y la cacocracia se refuerzan entre sí.

Un ejemplo que ilustra la conducta de gobiernos cleptócratas lo ofrece el respetado periodista brasileño Leonardo Coutinho. Recientemente, Coutinho recogió el testimonio de Marco Antonio Rocha, un oficial de la aviación boliviana que reveló el tráfico de grandes volúmenes de cocaína de Bolivia a Venezuela y a Cuba. Cuenta Rocha que semanalmente debía pilotar un avión desde La Paz a Caracas y La Habana cargado con las “maletas diplomáticas”, entregadas por los agregados militares de la Embajada de Venezuela en La Paz. Solo que en este caso no eran ni maletas ni llevaban documentos diplomáticos. Eran enormes bultos que contenían 500 kilos de cocaína.

Una operación de este tipo requiere la complicidad de los más altos niveles del Estado en, al menos, tres países. Esta no es solo la historia de una operación más de narcotraficantes, sino que también revela las actividades de una alianza de gobiernos cleptocráticos.

El primer ministro de Malasia, Najib Razak, quien acaba de perder las elecciones, ha sido acusado de haber organizado un sistema financiero que le permitió pasar 42.000 millones de dólares de cuentas públicas a cuentas privadas controladas por sus familiares y cómplices. En Brasil, el escándalo conocido como Lava Jato reveló una vasta, sofisticada y permanente red de corrupción que involucró durante años a centenares de los más poderosos políticos, gobernantes y empresarios del país y de toda América Latina.

Un error común es suponer que las cleptocracias solo se dan en los rincones más pobres y subdesarrollados. Rusia es un país avanzado cuyos dirigentes muestran claros signos de constituir una cleptocracia. Uno de sus pilares fundamentales son los exagentes secretos de la KGB convertidos en oligarcas cuyas enormes empresas trabajan de la mano del Kremlin.

En un testimonio ante el Senado de EE.UU. en 2017, Bill Bowder, empresario de vasta experiencia en Rusia y acérrimo crítico de su gobierno, afirmó que “Putin se ha hecho el hombre más rico del mundo y su fortuna alcanza a los 200.000 millones de dólares”.

Es también un error pensar que solo en países con instituciones débiles y sistemas políticos inmaduros pueden llegar a ocupar las posiciones más importantes personas que no tienen la capacidad y la preparación necesarias. Lo que estamos viendo en EE.UU. y en países europeos con una larga tradición democrática muestra que ninguna nación es inmune a la cacocracia.

En EE.UU., la búsqueda en Internet del significado de esta palabra derivada del griego antiguo ha tenido un enorme auge desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.

Como buenos prestidigitadores, los cleptócratas saben cómo distraernos de sus fechorías y los cacócratas de su incapacidad. Lo hacen hablándonos de sus ideologías y atacando a las de sus rivales. Mientras nosotros vemos y participamos en estos torneos ideológicos, ellos roban. O tontean.

Y nosotros pagamos las consecuencias.

Moisés Naim. Economista, escritor y analista político venezolano.

Escrito por Moisés Naim. Economista, escritor y analista político venezolano.

A las trumpadas

Por Amylkar D. Acosta M.-Se suele decir que los políticos hacen campaña en poesía y gobiernan en prosa, para significar que unas son las promesas del candidato y otras son realizaciones cuando asumen el mando. Pero quien, contra todos los pronósticos, resultó elegido Presidente de EEUU ha roto este paradigma, como tantos otros. Y en este caso no le quedaba difícil, dada su proverbial aversión por la poesía y por la prosa. El Presidente Trump se hizo el propósito de hacer trizas el mandato de su antecesor Barack Obama y a fe que lo ha venido cumpliendo a pié juntillas, así le lluevan rayos y centellas, sin reparar en el daño infligido a su propio país.

Dijo Georges Louis Leclerc, que “el estilo es el hombre” y Trump tiene su propio estilo y nada cambió en él cuando se trasteó de la Trump Tower de la Quinta avenida de Nueva York a la Casa Blanca en Washington. Se trata de un personaje enigmático, ciclotímico y neurasténico, que actúa por impulsos irreprimibles, pendenciero y así gobierna, perdón, así trina. Pues bien, desde que llegó a la Presidencia, con su sonsonete de “Estados Unidos primero”, ha enconchado como ostra a la primera potencia mundial, aislándola y confinándola en sus propias fronteras. Y como su paranoia no tiene límites, lo ha llevado a concluir que el resto del mundo conspira contra EEUU y por ello ha optado por renegar de los acuerdos y tratados suscritos.

Al fin y al cabo, según afirma su nuevo Consejero de Seguridad el halcón John Bolton “Estados Unidos no tiene la obligación legal de cumplir los tratados que ha firmado y ratificado”. Ya este mismo señor Bolton, siendo Embajador de EEUU ante ONU había espetado con arrogancia que “no existen las Naciones Unidas. Existe una comunidad internacional, que de vez en cuando puede encabezar la única potencia real que queda en el mundo y cuándo convenga a nuestros intereses, podremos conseguir que otros se apunten” (¡!).

En el  curso de su campaña Trump despotricó en contra de la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la que calificó de organización del “desastre”, “siempre nos está molestando” afirmó y amenazó con retirarse si los demás países miembros no se allanaban a sus pretensiones, especialmente en materia de tarifas aduaneras. Y más recientemente tuiteó que “la OMC es injusta con EEUU”. Por su parte Robert Lighthizer, nuevo representante comercial de EEUU, afirma que “EEUU debería ignorar con más frecuencia a la OMC”. Por ello no causó sorpresa su anuncio rimbombante, desde el Salón Oval de la Casa Blanca, de la imposición de aranceles proteccionistas del 25% a sus importaciones de acero y del 10% para las de aluminio el pasado mes de abril. Esta decisión significaba una declaratoria de guerra comercial contra sus socios Canadá, la Unión Europea, Corea del sur, que son sus principales proveedores de acero, pero su blanco principal es China. Así se desprende del más reciente Informe de Estrategia de seguridad nacional de EEUU, el cual considera a China como un rival estratégico que busca "desafiar el poder, la influencia y los intereses estadounidenses, intentando erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos".

Trump aduce que la balanza comercial entre EEUU y China está muy desequilibrada en su contra. En efecto, las exportaciones de EEUU a China en 2017 fueron del orden de los US $130.000 millones, mientras que sus importaciones provenientes de China registraron US $505.000 millones, arrojando un déficit de US $375.000 millones, de un déficit total de US $566.000 millones. Huelga decir que China es el mayor exportador del mundo, desde 2009 cuando desbancó a Alemania, acaparando el 13.2% (US 2.1 billones) de las exportaciones globales y es al mismo tiempo el segundo importador, con el 9.8% (US $1.6 billones), entre tanto EEUU participa con el 9.1% y el 13.9%, respectivamente.

Pareciera que Estados Unidos con Trump estuviera retrocediendo a las ideas mercantilistas decimonónicas, que hace rato caducaron, de Abraham Lincoln, cuando afirmaba: “no sé demasiado acerca de los aranceles, pero lo que sí se muy bien es que, cuando compramos bienes manufacturados a los extranjeros nosotros nos quedamos con los productos y ellos con el dinero. Cuando compramos productos nacionales nos quedamos con ambas cosas.

Para Trump, “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, son pan comido y su proceder va muy en línea con uno de sus asertos en su publicación El arte de la negociación, cuando dice que “hay veces en que la única salida es el enfrentamiento. Cuando alguien me trata mal o injustamente, mi respuesta, toda mi vida, ha sido devolver el golpe lo más fuertemente posible”. Quienes creyeron ingenuamente que eran sólo bravuconadas y baladronadas de Trump se equivocaron. Ya desde diciembre del año anterior había notificado a quien quisiera oírlo que su política comercial incluiría “todas las herramientas posibles para preservar la soberanía nacional y fortalecer la economía” a su manera. Y procedió en consecuencia.

Bogotá, junio 4 de 2018

www.amylkaracosta.net

Escrito por Amylkar D Acosta M. Exministro de Minas y Eenergía

¡Por nuestra tercera libertad!!!

Por Giovanni Décola.- Los colombianos somos esclavos de la violencia, de la corrupción y de la injusticia social. Y pareciera que esta situación nos encantara.

Cuando Simón Bolívar, iniciaba su gesta libertadora, la mayor oposición, la encontró en sus propios hermanos latinoamericanos. Muchos querían seguir bajo el yugo de la dominación española. El miedo a lo nuevo, los entumecía. La respuesta a su sueño libertario, era tildarlo de rebelde, loco, irresponsable. “Sin los españoles, seríamos unos despreciables indígenas”, le gritaban. El resto de la historia, ya la conocemos.

Cuando el Presidente José Hilario López, sancionó la ley segunda de 1851, por medio de la cual se declaró la libertad de todos los esclavos en Colombia, quienes mayormente se opusieron a la ley, quien lo creyera, fueron precisamente los mismos esclavos, a quienes sus amos, le repetían una y otra vez, que, si se les declaraba libres, iban a ser convertidos en despreciables indigentes. Y la gran mayoría de los esclavos así lo creyeron.

Muchos años después, la historia parece repetirse. Hoy, un hijo del pueblo, llamado Gustavo Petro, quiere abrirnos los caminos y romper las cadenas que nos atan como esclavos de la violencia y de la corrupción, para hallar nuestra tercera libertad y empezar a transitar los senderos de la justicia social.

Pero nuestra clase dirigente, empresarial y política, untada hasta los tuétanos de la violencia y corrupción, nos dice que, si gana Gustavo Petro, nos convertiremos en otra Venezuela y pronto vamos a ser unos despreciables castrochavistas, propagadores de odio. Y los esclavos modernos de hoy, así como los de ayer, también se lo creen.

Compatriota, si de verdad, estás hastiado de la violencia y corrupción que nos carcome, tenemos una oportunidad histórica, de poner fin a décadas de ignominia, y derrotar a esa corruptela que hoy se ha juntado en un aquelarre de intereses nauseabundos y mezquinos, cuyo único propósito, es sepultar el sueño de un pueblo que agoniza ante la falta de oportunidades y se ahoga en un mundo de deudas, cuyos acreedores, pretenden engañarnos, una vez más, con el cuento trasnochado de que “el futuro es de todos”.

Nos invitan nuevamente al futuro, los mismos de siempre, a quienes solo a ellos, el futuro les sonríe. Con tal de mantenernos como sus nuevos esclavos, no se inmutan al juramentarse nuevo y eterno amor; así antes se hayan hecho acusaciones mutuas de narcotraficante, paramilitar, corrupto, dictador, o las más tiernas de Gaviria a Uribe: “Mentiroso, mentiroso, mentiroso”. Ni se sonrojan, cuando entregan unos principios y banderas, si es que las tenían, a cambio de un pedazo de esa gran torta, llamada burocracia y presupuesto.

Otro hijo del pueblo, llamado Jorge Eliécer Gaitán, nos advertía, que él no era un hombre, sino un pueblo, y el pueblo es superior a sus dirigentes. Hoy el pueblo se llama La Colombia Humana, y su líder Gustavo Petro. Sólo votando por él, demostraremos que, si somos superior a los dirigentes, y no como dijera el mismo caudillo: “Una multitud anónima de siervos”.

Decía Dante Alighieri en su obra La Divina Comedia: "Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral". La abstención o el voto en blanco, en esta ocasión, no es más que una forma soterrada, de apoyar a nuestros verdugos.

Gustavo Petro, ya hizo lo suyo: arrinconó a todos los corruptos de Colombia en un solo lugar. Nos falta a nosotros, darles su estocada, votando en contra de ellos.

Tal vez, Petro nos genere dudas y hasta temores, pero prefiero mil veces, darle mi voto a la esperanza, que seguir siendo esclavo de mis miedos.

Para los corruptos de ayer y de hoy, el único día, que no soy un despreciable indigente, es cuando voto. Ese día, que tampoco cuenten conmigo.

Colombiano, te invito a soñar: ¿Qué tal, que le dejemos servida la torta?

¡Puede ser nuestra, si votamos por la tercera libertad!!!

Escrito por Giovanni Décola. Abogado y Periodista.

Hidroituango un desastre anunciado

Por: Guillermo García Realpe.- La situación en Hidroituango está pasando de castaño a oscuro, no sólo por el inminente riesgo que el mega proyecto sigue generando a los habitantes de varios municipios rivereños del río Cauca, sino por la deficiente conexión entre sus principales socios, Gobernación de Antioquia y alcaldía de Medellín (EPM).

Y es que en este momento de grave crisis, las principales autoridades antioqueñas empiezan a mostrar desespero ante la falta de soluciones de fondo y lo mismo ocurre con las 120 mil personas que han tenido que abandonar sus propiedades para acampar en albergues temporales.

Cuando parecía que la obra empezaba a dar buenas señales, y cuando los más de dos mil operarios que trabajaron y siguen trabajando a triple jornada daban resultados que se había logrado la cúspide al alcanzar los 410 metros de cota y que por ende el embalse no sobrepasaría ya el muro de contención, surge una nueva amenaza y aún mucho más riesgosa, la de una gran montaña de 130 mil metros cúbicos aledaña a la presa que amenaza con desprenderse, situación que donde se llegue a producir traería enormes consecuencias.

Sin embargo EPM concentra sus esfuerzos en cuatro frentes, que según su propio Presidente, generan alarmas pero no retrasan las labores. Es decir, la prioridad actual son los derrumbes, la inundación en el cuarto de máquinas y el taponamiento existente en uno de los túneles de desviación, superado estos riesgos inminentes, nada fáciles por supuesto, el proyecto seguirá su cauce. Pero en el peor de los casos y siendo pesimistas ¿qué pasaría si no lo logran?

Vendría preguntas de múltiple respuesta, ¿se debería frenar definitivamente el mega proyecto? Siendo esta la más sensata de todas. ¿Quién va a responder por el grave desastre social y medio ambiental? ¿Cuánto tiempo tardaría la reparación a los miles de damnificados aguas abajo del río Cauca? En fin, son muchos los interrogantes que se deben responder en caso que la continuidad de la obra no sea viable.

 

Incluso al interior del mismo Gobierno nacional, se hace un análisis de todos los escenarios posibles y en el hipotético caso de un desplome de la presa, se estima que el caudal del río Cauca superaría los 263 mil metros cúbicos por segundo. Algo realmente ¡dramático!

Según lo reveló el Ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, en épocas normales, el caudal sobre el corregimiento de Puerto Valdivia oscila entre 1.300 y 1.700 metros cúbicos, y puede subir en crecientes hasta 2.500 metros. Los caudales del fenómeno de la niña en 2010-2011 llegaron a 4.700 metros cúbicos por segundo. En la contingencia del pasado 12 de mayo, ese caudal llegó a 6.030 metros cúbicos por segundo, superando lo registrado previamente. Es decir, el panorama de un eventual desplome de la presa es de dimensiones enormes.

Más de una docena de municipios, quince en total estarían en grave riesgo ante tal escenario. En alerta roja estarían Valdivia, Cáceres y Tarazá. En alerta naranja  Caucasia,  Nechí, y en amarilla los municipios de San Jacinto del Cauca, Guaranda, Achí, Ayapel, San Marcos, San Benito Abad, Majagual, Magangué, Caimito y Sucre. Entes territoriales no sólo de Antioquia, sino de departamentos como Sucre y Bolívar, por consiguiente los responsables del mega proyecto deben garantizar que ese riesgo desaparezca en el menor tiempo posible, de lo contrario estaríamos ante una tragedia superior nunca antes vista en la historia de nuestro país.

Los colombianos, hacemos votos para que esta terrible amenaza no ocurra, para que los riesgos sean superados, que las labores de los operarios garanticen la superación de la emergencia, y que los campesinos resguardados en albergues aguas abajo al Río Cauca puedan volver a sus hogares y así retorne la tranquilidad que en otrora vivían, claro está, si la furia de la naturaleza lo permite.

Senador de la República.@GGarciaRealpe

Escrito por Guillermo García Realpe. Senador Liberal de Colombia.

Aprovechar la minibonanza petrolera

Por Mauricio Cabrera Galvis.-Ante el aumento inesperado de los precios del petróleo, vuelven a plantearse las preguntas sobre su manejo ¿Cómo hacer para que estas bonanzas de un producto no perjudiquen a otros sectores de la economía? ¿Cómo evitar la “enfermedad holandesa” y la maldición de los recursos naturales que ha empobrecido a tantos países que se creían ricos por tener muchas reservas de petróleo y otros minerales?

Son tres los elementos claves de una política para aprovechar una bonanza: uno, ahorrar los mayores ingresos fiscales de la bonanza; dos, desligar la tasa de cambio de los vaivenes del precio del petróleo y tres, reinvertir en la búsqueda de petróleo para que la bonanza no sea pasajera.

En cuanto al primero, el ejemplo clásico es Noruega que desde el descubrimiento de los grandes yacimientos de hidrocarburos en el mar del Norte en los años 70 tomó la decisión política de no gastar los ingresos extraordinarios y creó el Fondo Noruego del Petróleo, que ahora se llama “Fondo Global de Pensiones del Gobierno” que ya acumula recursos por más un millón de millones de dólares asegurando el bienestar de los 5 millones de noruegos por muchos años después de que se acabe el petróleo. La ley establece que el gobierno noruego tiene que aportar cada año al Fondo y que no puede retirar cada año más del 4% de los recursos.

En Colombia se han hecho dos tímidos intentos en la misma dirección: el primero con la creación en el gobierno de Samper del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP), el cual llegó a acumular unos 3.000 millones de dólares que se empezaron a repartir desde los primeros años de este siglo. El segundo en el 2012 con la destinación de una parte de las regalías de las entidades territoriales al Fondo de Ahorro y Estabilización, en el que hoy hay ahorrados unos 3.700 millones de dólares. En ambos casos han sido unos montos muy pequeños en relación a los ingresos petroleros.

El riesgo actual es que el próximo gobierno quiera utilizar los inesperados ingresos adicionales del petróleo para financiar propuestas populistas de aumento del gasto o de recorte de impuestos, en lugar de ahorrarlos y aprovechar para disminuir el déficit fiscal y la deuda pública.

La segunda política necesaria es romper la correlación inversa entre el precio del petróleo y la tasa de cambio que es la causa inmediata de la enfermedad holandesa.

Escrito por Mauricio Cabrera Galvis

Tres horas y cuatro tintos

Por Gabriel Ortiz.- El expresidente Gaviria debe estar adolorido, desorientado y con fuertes traumatismos, tras su temeraria actuación saltimbanqui y desconcertante contorsionismo político. 

Primero abandonó al candidato de su partido durante la campaña electoral. Fueron contadas sus apariciones en la plaza pública. Se guardó para la función final de lunes 28. Desechó a De la Calle, a Cristo y a los afiliados al legendario partido Liberal. Se tomó todo el tiempo para preparar uno de los más extensos documentos políticos de la historia reciente. En ocho o diez páginas, a cambio de nada, resumió su entrega y la de su partido a Duque, cuando apenas se conocía el triunfo uribista. 

Los liberales quedaron atónitos ante semejante voltereta. Se preguntan cómo los Picapiedra: ¿Qué vendrá después? ¿Favores políticos? Poder dentro del trono. ¿Posiciones personales o familiares? Nadie se lo explica, pero esa actitud ratifica la creciente desconfianza de la gente en sus dirigentes, en sus diezmadas agrupaciones políticas. 

Mientras nuevos grupos -excepto el uribista con su disciplina para perros- no florecen, los tradicionales partidos reciben por acción de sus directivas, entierros de tercera. 

El partido Liberal ya no es opción de poder y resulta inexplicable que otras de las nuevas alternativas que salen vibrantes a buscar nuevos horizontes, estén en poder de directivos inferiores a las circunstancias. Fajardo, por ejemplo, en quien muchos colombianos tenían puestas sus esperanzas, para salir de la funesta polarización en que nos ha sumido el uribismo, deja el carro sin dirección. Todos sus seguidores, quedaron absortos, cundo los envió a votar en blanco. Esta era una opción válida para salir del atolladero, hasta cuando la Registraduría cambió irreglamentaria e inconstitucionalmente las reglas del juego: ¨el voto en blanco no tiene ningún efecto¨. Es decir el elector no tiene sino a Petro o a Duque. No permitieron que el criticado castrochavista nos llevara a Venezuela, con lo que tanto se nos asustó. Desde ya nos han aplicado la formula electoral de Maduro. 

Estamos en una sin salida. Caminamos hacia la guerra, el desplazamiento, la conculcación de los derechos, las chuzadas y todas esas prácticas que iluminaban los ojos del ex presidente Uribe, cuando celebraba la llegada del liberalismo, el conservatismo,  cambio radical, la U y tantos otros movimientos que buscan posiciones, contratos, mermelada y esas cosas que se denominan corrupción. 

Duque es un joven limpio, con ganas de hacer cosas, para impedir la vulneración de los derechos fundamentales, de buscar la convivencia, pero los burlones ojos de Uribe, su deseo de venganza, su odio, su afán de un tercer período, dicen otra cosa. Duque no podría gobernar con ese Uribe que torpedeó durante ocho años a Santos. 

Duque es Duque, un hombre íntegro y capaz, pero Uribe es Uribe y en Colombia en tres horas y cuatro tintos, todo puede cambiar. 

El contorsionismo y la mermelada nos tienen acosados. 

BLANCO: La generosidad de la gente para salvar a De la Calle. Muchos aportes a la vaca. 

NEGRO: La maldición sobre Hidroituango. 

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Escrito por Gabriel Ortiz

No me asusta ni Petro ni Duque

Por Juan Fernando Londoño.-La campaña política nos ha llevado a los colombianos a tener que escoger en segunda vuelta entre los representantes de los dos extremos del espectro político.

Ha sido una lástima que a Fajardo le hayan quedado faltando 5 centavos para el peso, y aunque sus declaraciones posteriores han mostrado la calidad de su liderazgo, sería bueno que admitiera que fueron ellos los responsables de no tener una consulta con De la Calle porque no querían contaminarse con el Partido Liberal.

Ahora tenemos que escoger entre Duque y Petro o abstenernos o votar en blanco, pero al final alguno de ellos llegará a la presidencia. Desafortunadamente, los primeros mensajes que asoman tienden a generar pánico entre los votantes para convencernos, más que de las bondades del candidato propio, de los terribles males que le esperan al país si gana el candidato rival. No me como ese cuento.

Empecemos por analizar las advertencias contra Petro, porque parecen ser compartidas entre élites educadas y al mismo tiempo manipuladas con especial saña por dirigentes gremiales. Se dice que si Petro gana terminaríamos como Venezuela por cuenta del mesianismo del candidato de izquierda. Un breve recorderis de lo que pasó en Venezuela ayudará a entender las diferencias.

En Venezuela se dedicaron a acabar con los partidos políticos y a culparlos de todos los males del país (un país que en la época de Carlos Andrés Pérez estaba mejor que hoy). Cuando Chávez llega al poder con el apoyo de todos los sectores sociales, tal como lo ha explicado reiterativamente Teodoro Petkoff, construye una nueva institucionalidad con el aplauso casi unánime de la sociedad. Eso le permitió al chavismo controlar todos los poderes del Estado y desde allí apertrecharse para perseguir a sus opositores y perpetuarse en el poder.

Nos pretenden asustar con la idea de que en el caso de que Petro llegase al poder se acabaría con la democracia y montaría un modelo parecido al venezolano, tanto en lo político como en lo económico. A esta argumentación se le olvida mencionar que, incluso en el caso de que esas fuesen las intenciones ocultas de Petro, lo cual ya es de por sí muy cuestionable, tendría una férrea oposición, encabezada por Duque y Uribe en el Congreso, con el apoyo de una bancada conformada por el Centro Democrático, los conservadores y Cambio Radical como mínimo. Igualmente, tendría a los medios de comunicación en su contra, los mismos que han demostrado sus  sesgos en esta campaña. Y tendría el control de las cortes, que ya fueron capaces de atajar a Uribe, que sí tenía todos los factores de poder a su favor. Con este escenario es imposible que Petro acabe con nuestra democracia y al contrario, su problema sería el bloqueo permanente a sus iniciativas que le impediría tener la gobernabilidad necesaria.

Igualmente, buscan infundir miedo con la idea de que si Duque llega al poder volverían los falsos positivos y las chuzadas a los opositores, entre otras prácticas antidemocráticas del gobierno de Álvaro Uribe. En este caso, el argumento olvida dos pequeños detalles.  Primero, que Iván Duque no es Álvaro Uribe y que no comparte los rasgos autoritarios de la personalidad del expresidente. Y segundo, que las circunstancias actuales no son las mismas, las actuaciones del gobierno de la seguridad democrática se dieron en el marco de la agudización del conflicto armado y la obsesión del presidente Uribe en derrotar a la guerrilla por la vía militar, incluso estigmatizando y persiguiendo a quienes no compartían su agenda. Sus problemas, más bien, derivarían de la dificultad que se genere cuando las opiniones de Duque y las de Uribe no estén alineadas, en cuyo caso tendría un problema de gobernabilidad similar al que ha tenido el presidente Santos pero no una dictadura uribista, como muestran los contradictores.

Ambos candidatos, por impopular que suene decirlo, representan genuinas opciones ideológicas y no constituyen ninguna amenaza para nuestra democracia ni para las instituciones. Así que la discusión debe centrarse en las diferencias reales y no en las caricaturas porque lo que sí es cierto es que hace mucho tiempo no tenemos unas diferencias tan claras en la visión de país y en la oferta electoral entre dos candidatos.

Los dos elementos principales que distancian a los candidatos son los temas de paz y de manejo económico. Por eso mi invitación es que hagamos el debate sobre las diferencias reales y no sobre las caricaturas. Esas divergencias tenemos que analizarlas con cabeza fría. Mi próxima columna será sobre ello.

Escrito por Juan Fernando Londoño. Exviceministro del Interior.

Conflicto de jurisdicciones

Por José G. Hernández.- El caso “Santrich”, aunque ha causado gran confusión, ha servido -por eso mismo- para demostrar que en todo lo relativo a la implementación del Acuerdo de Paz se han cometido muchos errores, en especial al expedir las normas sobre Jurisdicción Especial de Paz. A lo cual se ha agregado el débil control de constitucionalidad ejercido.

En efecto, el delito de narcotráfico nunca debió ser considerado conexo con el delito político. Pero, ya que lo fue, lo lógico era que quien lo cometiera después de firmados los acuerdos -lo que implicaba un compromiso en el sentido de no seguir delinquiendo- quedara inmediatamente a disposición de la justicia ordinaria, sin más trámites, y pudiera ser extraditado. Pero en el artículo transitorio 19 del A.L. 1/17 -que la Corte Constitucional dejó intacto- se incluyó una norma absurda: para establecer si la jurisdicción competente era la JEP o la ordinaria, hay que ir a la misma JEP para que sea ella la que diga cuándo se cometió el delito, aunque no tenga las pruebas al respecto.

La JEP no ha debido ser una jurisdicción independiente de la ordinaria. Al concebirla como se la concibió se dio lugar a conflictos como este. Van a ser permanentes. Lo dijimos, y así será en el futuro si no se introducen ajustes a las normas.

- Además, el Gobierno -en su afán de mostrar resultados de “paz” ante el mundo- se precipitó a posesionar a los magistrados de la JEP, sin que hubiera ley estatutaria en vigor, y sin que el Congreso hubiese aprobado las normas procesales. Se gastaron un año en el sistema abreviado “fast track” sin que esos elementos esenciales estuvieran listos, pero las apariencias tenían –a su juicio- más importancia que la lógica.

El primero en generar dificultades para el proceso de paz fue el propio alias "Santrich", si en efecto decidió reincidir en la comisión del delito. Y también al entrar en huelga de hambre, con el consiguiente deterioro para su salud. A ello se une la indebida y discriminatoria actuación de la Iglesia Católica –aceptada por el Gobierno y  la Fiscalía-, al conducir al detenido a uno de sus conventos.

- La JEP no debería entrar a conocer sobre delitos comunes, como el narcotráfico, salvo que estuvieran relacionados con crímenes de lesa humanidad o de guerra, según el ámbito que le corresponde a la luz de las normas que la crearon. Si no hay esa conexidad -que, repito, no ha debido ser establecida-, el narcotráfico como tal, en cualquier época, es del ámbito de la jurisdicción ordinaria, y la extradición se debería regir por las normas ordinarias. No por las especiales, que son de interpretación estricta.

- Hasta este momento, no hay solicitud formal de extradición. Por tanto, no se ha activado la Jurisdicción de la JEP para resolver únicamente la fecha de los posibles delitos.

Pero la JEP  -usurpando facultades del Congreso- dictó un protocolo sobre su propio procedimiento, y después –también sin competencia- se adelantó  a suspender el trámite de extradición que, por sustracción de materia,  no había comenzado.

Ahora, ante recursos elevados por los apoderados de "Santrich" ante la JEP, se ha generado un conflicto de jurisdicciones que resolverá la Corte Constitucional. Confiamos en que hará claridad sobre el tema, en vez de mayor confusión.

Escrito por José G Hernández. Expresidente de la Corte Constitucional

Petro es el candidato ‘liberal’

Por Jorge Gómez Pinilla.- Tomado de El Espectador.-Duélale a quien le duela, Gustavo Petro es el primer candidato de izquierda que pasa a segunda vuelta en una elección presidencial.

Esto constituye un acontecimiento de trascendencia histórica, un verdadero tramacazo electoral, pues pone a temblar los cimientos del ‘establishment’ desde una opción democrática legítima, diferente al escalamiento subversivo que se vivió entre 1998 y 2002, cuando las Farc le metieron el dedo en la boca durante cuatro años al presidente Andrés Pastrana, cuyo estrepitoso fracaso trajo como consecuencia el nefasto régimen de Álvaro Uribe, quien se dedicó a perseguir a sus opositores y a llenar de sangre inocente la geografía nacional con más de 10.000 ‘falsos positivos’ mientras trataba de perpetuarse en el poder.

De aquí en adelante el petrismo no la tiene fácil, pues son más los malquerientes que los adeptos de otras fuerzas que se le quieran sumar entusiastas. En tal sentido ya Fajardo anunció que “ni Petro ni Duque” (en Antioquia sería pecado mortal si anuncia su voto por Petro), y Jorge Robledo cometerá de nuevo la torpeza de 2014, cuando invitó a votar en blanco en la segunda vuelta.

Ahora bien, si le metemos mercadeo político al asunto, la gran ventaja con la que arranca Petro es que él representa la novedad, el cambio, un producto nuevo que mucho abstencionista querrá probar, mientras que Iván Duque es producto viejo con empaque nuevo, un neoconservador vergonzante al que una de dos misiones le cabe si conquista la presidencia: convertirse en aprendiz de las mañas de su mentor, al estilo Corleone, o fungir de traidor, al estilo Santos. En cuyo caso sería digno de admiración, por avispado y por valiente.

Sea como fuere, ningún futuro político respetable le espera al que pretenda ‘repechar’ del inmerecido prestigio de un patrón cuya saga es un rosario de exfuncionarios investigados o condenados por los más diversos delitos, desde narcotráfico y paramilitarismo (su primo Mario, por ejemplo) hasta homicidios (los de su exdirector del DAS Jorge Noguera y su embajador en Chile, Salvador Arana), sin que sea posible omitir los numerosos crímenes (asesinatos, torturas y desapariciones) de los que es acusado su hermano Santiago.

Germán Vargas Lleras no pudo ser presidente pese a la poderosa maquinaria que construyó en los ocho años del gobierno de Juan Manuel Santos (y en los ocho de Uribe) porque descuidó las redes sociales, sin ser consciente de que en el reino de la postpolítica el que no cultive o cautive las redes sociales, está mandado a recoger.

De Humberto de la Calle solo se puede decir que estaba en el lugar equivocado, y su Partido Liberal entró en vías de extinción. Todo lo hicieron mal, desde la absurda consulta de “40.000 millones” de la que nació una candidatura precozmente quemada. Y lo siguen haciendo mal, cuando uno se entera de algunos congresistas 'liberales' que sin ruborizarse anuncian su inclinación por el monigote que un expresidente acorralado por la justicia quiere convertir en Presidente para asegurar su impunidad perpetua.

Pero no todo es caos y confusión, a falta de pan buenas son tortas. Fue precisamente Petro quien comenzó a calar en el imaginario colectivo con un mensaje verdaderamente liberal, al menos más liberal que el de los liberales vergonzantes que con César Gaviria a la cabeza han corrido a refugiarse presurosos bajo las enaguas protectoras del uribismo, sin ser conscientes de lo que nos viene pierna arriba (sin vaselina ni anestesia).

Petro representa entonces -con todos sus defectos y virtudes- al candidato verdaderamente ‘liberal’ que le hacía falta al país para enfrentar a la godarria nacional, esa caverna política donde un godo como Alejandro Ordóñez parece una monjita de la caridad al lado de un sujeto tan peligroso, tan retardatario y tan untado de toda clase de lazos criminales como Álvaro Uribe Vélez.

Hay dos opciones antagónicas, y en tal medida la segunda vuelta nos regresa a los viejos tiempos bipartidistas, mediante la confrontación de un programa conservador y otro liberal, de corte socialdemócrata. Las dos opciones son el antipetrismo o miedo a Petro, y el antiuribismo o miedo a Uribe.

¿Cuál ganará? Hablando en plata blanca, los votos de Duque y Vargas Lleras se dejan juntar porque pertenecen a la misma casta conservadora, son 8.977.533; y los de quienes están del lado no uribista (Petro, Fajardo, De la Calle) suman 9.840.130. Haciendo claridad en que no todos los votos de Vargas serán para Duque ni todos los de Fajardo para Petro, son casi 900.000 votos de diferencia a favor de la opción antiuribe, así que no resulta fácil entender el llanto y crujir de dientes que se ha apoderado de quienes creen que con Petro en segunda vuelta todo está perdido, apague y vámonos.

No señores (y señoras), que no cunda el pánico: las tres semanas que faltan para la segunda vuelta serán claves para que Petro se reinvente y neutralice la prevención de muchos votantes, pero sobre todo para que sorprenda y atraiga a los temerosos con un mensaje incluyente, que invite a la construcción de un gobierno de concertación nacional basado en la búsqueda de lo mismo que proponía el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado: un acuerdo sobre lo fundamental.

Parodiando a Sergio Fajardo, se puede.

DE REMATE: Si la memoria no nos falla, fue Gustavo Petro el que le aconsejó a Antanas Mockus lanzarse a la alcaldía de Bogotá después de que este se hizo famoso al bajarse los pantalones y mostrarles el orto a unos estudiantes revoltosos de la U Nacional, de la que era rector. ¿Qué tal si ahora, en gesto de reciprocidad, a Antanas Mockus le diera por declarar que con Petro sí se puede? ¿O es que acaso Mockus piensa que con Petro no se puede…? Que alguien le pregunte, plis.

Escrito por Jorge Gómez Pinilla. Comunicador Social Periodista.