Opinión

El debate sobre narcotráfico y cultivos hoja de coca

Por Ariel Ávila.- Hace algunos días el gobierno norteamericano manifestó que era posible descertificar a Colombia debido al problema del narcotráfico

La afirmación sorprendió a la opinión pública en general, pues si algo ha hecho Colombia es ser la punta de lanza, en todo el mundo, del modelo norteamericano de lucha contra las drogas. Desde el inicio del Plan Colombia en el año 2000, se han fumigado más de un millón de hectáreas de coca, con el famoso glifosato, que contiene el roundup, una sustancia cancerígena y considerada en muchos países como altamente peligrosa. Es decir, por casi 20 años envenenamos nuestros campesinos y zonas rurales. Además, se han erradicado durante los últimos años centenares de miles de hectáreas de coca y se han mandado a la cárcel miles de campesinos. Invito a cualquier parroquiano a que visite las cárceles en Putumayo, Caquetá, Guaviare, llenas de campesinos que dicen: “Me cogieron por Ley 30”. Las siguientes gráficas muestran los niveles de aspersión aérea y erradicación manual en los últimos años:

El aumento de los cultivos de coca no se puede adjudicar a que el Gobierno nacional hubiese bajado la guardia en la lucha contra las drogas, de hecho, la realidad es más compleja. Se podrían dar cuatro explicaciones, sin embargo, una de ellas es la más importante y es la explicación económica. Con la revaluación del dólar, el precio de la hoja de coca se incrementó casi un 40 por ciento, igual sucedió con la base de la pasta. Un gramo de pasta base pasó de valer 1.200 pesos o 1.400, dependiendo de la región, a valer 1.900 pesos. Obviamente como en cualquier mercado el incentivo para cultivar aumentó. Pero el precio no solo aumentó por el dólar, también por la demanda cada vez más grande de nuevos actores en el mercado, particularmente Brasil. Por ejemplo, en la actualidad el precio de la pasta base de coca en Tumaco está a 1.900 pesos y en Guaviare está a 2.400. Un precio bastante alto.

En segundo lugar, hay un tema de ausencia de capacidad local para generar mercados internos y en gran parte esto se debe a incumplimientos de pactos agrarios en los últimos 25 años. Por ejemplo, hay zonas en Putumayo, como Puerto Ospina, a la que le prometieron luz, vías terciarias y crédito desde las marchas cocaleras de 1996 y casi todo se ha incumplido. En la medida en que no hay condiciones para un mercado local, no le queda otra alternativa a los campesinos que sembrar coca para lograr sobrevivir.

La otra explicación es que muchos campesinos entre el año 2008 y 2011 habían migrado de los cultivos de coca a la minería ilegal, pues los precios del oro estaban bastante altos y los costos de transacción eran bajos. Con la crisis económica los commodities bajaron de precio y la población volvió a migrar a la coca. Claro, como cuarta explicación se podría decir que efectivamente algunos campesinos pudieron haber incrementado los cultivos de coca ante las expectativas de recibir beneficios producto del acuerdo de paz. Sin embargo, resulta un poco curiosos que campesinos que no saben leer, ni escribir, que no tienen acceso a internet y que no tienen una red de comunicación entre ellos, puedan manipular la dinámica de un mercado. Mientras que empresarios colombianos que hablan tres o cuatro idiomas, que saben utilizar internet y que están agrupados en gremios nunca han logrado tal nivel de coordinación. Es decir, pensar que la coordinación en el mundo rural es mejor que en el mundo urbano integrado parece es un chiste. 

Por último, hace poco el experto en cortinas de humo Néstor Humberto Martínez dijo: “Tenemos que triplicar la capacidad operativa contra los narcocultivos”. Solo le puedo decir: después de 20 años de fracaso de esta política todo indica que ese no es el camino. Más bien, en lugar de estar haciendo shows mediáticos, le recomiendo al fiscal combatir las partes no visibles del crimen, donde realmente se hace la riqueza del narcotráfico, al campesino le quedan migajas, pues la gran riqueza está en el blanqueo de dinero. Le doy un dato señor fiscal, donde la institución que usted coordina tiene un papel importante: de cada 200 investigaciones sobre lavado de activos, solo una termina en condena, la mayoría ‘extrañamente‘ se quedan en el camino. Imagínese, qué tal caigan en manos de funcionarios como Gustavo Moreno, el cual usted nombró.

Así que Colombia tiene derecho a iniciar otras estrategias de lucha contra las drogas, la hasta ahora utilizada es una opción, pero no es la única.

Escrito por Ariel Ávila. Politólogo.

Preguntas inofensivas

Por José Gregorio Hernández.- Sobre la actualidad colombiana -infortunadamente- hay muchas más preguntas que certezas. Interrogantes a los cuales no se ha respondido, o no se ha respondido de manera satisfactoria: 

-¿En qué momento –y sobre todo, cómo- llegaron a las altas magistraturas personajes oscuros que han avergonzado a las altas corporaciones judiciales y han hecho que los colombianos hayamos perdido confianza en nuestras instituciones? 

-¿Cómo es posible que el Gobierno haya propuesto inicialmente una improvisada inclusión de la reforma a la justicia en la reforma política, reduciéndola a la reproducción de la Comisión de Aforados (Acto Legislativo 2 de 2015), declarada inexequible por la Corte Constitucional por razones de fondo y, además, por la vía del “fast track”, específica y únicamente previsto para la implementación del  acuerdo de paz firmado con las Farc? 

-¿Por qué ahora quiere, con la misma finalidad, un referendo, si  antes –en relación con el proceso de paz- afirmó, tras proponerlo y reformar la Ley Estatutaria, que un referendo era un suicidio? ¿Y, especialmente, cómo propone un referendo, si antes propuso un plebiscito sobre el Acuerdo de paz, lo perdió y después no cumplió el veredicto popular? 

-¿Por qué el presidente Santos –quien hizo parte del Gobierno Uribe- declara en Estados Unidos (Conferencia Internacional de Desarrollo Sostenible)   que esa administración no creyó en el cambio climático y que por ello eliminó el Ministerio del  Ambiente?  No pertenezco al Centro Democrático, pero -siguiendo a Aristóteles- soy amigo de la verdad, y, hasta donde recuerdo, la Ley 790 de 2002 –impulsada por ese gobierno-  contempló, en el numeral 10 del artículo 7, el “Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial”. Hasta donde entendemos, Colombia nunca ha negado el cambio climático y, por el contrario, desde la Constitución, se proclama como objetivo nacional la protección del medio ambiente y  de la ecología. ¿Está bien que se distorsionen las cosas ante un organismo internacional?  ¿Creen que nadie se da cuenta? 

-Seguimos sin entender la razón para que el Gobierno haya adelantado el proceso de paz con las Farc, quiera avanzar en proceso similar con el ELN y hasta contemple admitir el de grupos criminales comunes, sin exigir la liberación de secuestrados (o, al menos, el señalamiento del lugar en que reposan sus restos, si murieron en cautiverio), y sin exigir tampoco la devolución de los menores reclutados, ni la plena reparación de las víctimas. 

-¿Cuál la razón para el cambio de actitud del gobierno Santos respecto al de Venezuela -su  nuevo  mejor  amigo, según se dijo en 2010-, si, además, confió en ese gobierno para asesorar y verificar todo lo relativo al proceso de paz adelantado con las Farc? 

-¿Cómo puede el Gobierno actual aterrarse de la corrupción y de la falta de independencia de la administración de justicia, si ha postulado sus candidatos  a los distintos altos cargos sobre la base indeclinable del apoyo que en ejercicio de sus funciones den a la paz, desde luego confundida ella  con el Acuerdo Final? ¿Y cómo es eso coherente, si inclusive una magistrada de la Corte Constitucional fue elegida por el Senado bajo la amenaza según la cual, si era elegido otro de los integrantes de la terna, las Farc regresarían a la guerra? 

Un Gobierno debe ser coherente y, sobre todo, veraz.

Escrito por José Gregorio Hernández. Ex presidente de la Corte Constitucional de Colombia.

Políticos, al borde de un ataque de nervios

Por Jairo Gómez.-La turbia y conspirativa relación con los altos tribunales de la justicia hizo aguas y el muro de impunidad va camino a derrumbarse. 

El ambiente está espeso. En los pasillos del Congreso los murmullos no cesan y muchos parlamentarios están al borde de un ataque de nervios. Comentarios van y vienen; no hay sosiego. La turbia y conspirativa relación con los altos tribunales de la justicia hizo aguas y el muro de impunidad va camino a derrumbarse. 

Ni las gruesas paredes del Capitolio Nacional pueden contener los fuertes vientos que soplan desde afuera. “Qué irá a decir Ñoño Elías”, es una pregunta recurrente, sin dejar de lado el ventilador que puede prender Musa Besaile. El fiscal anticorrupción corrupto, Gustavo Moreno, ya logró un preacuerdo con la Fiscalía para ser testigo de primera mano en los casos que hoy comprometen a las Altas Cortes. El asunto es insostenible por más que desde las instancias de poder se intente contener esta podredumbre que va camino a convertirse en el “huracán Bustos”, pero de categoría insospechada. 

Hoy cabe la expresión de un expresidente que invitaba a sus congresistas adeptos a votar antes de que los cogieran presos.

Nunca antes había visto a la clase política tradicional y a las élites tan preocupadas por perder el control de las instituciones de este país: desde la presidencia y su estructura burocrática, pasando por el Congreso hasta llegar al sistema judicial, la cara más oscura de esta atribulada democracia. 

No estoy siendo exagerado, la opacidad con que se administró este país durante décadas y décadas puede, al parecer, llegar a su fin. 

Es tal la preocupación, que en su afán de quitarse el mote tradicional de la política de sus hombros hoy los candidatos de partidos inmersos en aquelarres de corrupción quieren maquillar sus contenidos con propuestas participativas y de compromiso ciudadano, para buscar arrancar una firma que no es otra cosa que una rúbrica más. Como dicen los mismos parlamentarios: “una firma no se le niega a nadie”, cuando se trata de promover un debate o una ley. 

Están complicados y muy en serio, los políticos de vieja usanza. A estos políticos se les puede aplicar la metáfora que Zizek utiliza para explicar momentos de crisis que las sociedades o en particular algunos sectores no quieren asumir, y entonces recuerda la escena clásica de dibujos animados en la que un gato sigue caminando más allá del borde del precipicio sin darse cuenta de que ya no hay suelo debajo de sus pies, y solo se cae cuando mira hacia abajo y se percata que, debajo, solo está el abismo. 

Salir de ese abismo no les va a ser fácil, tendrán que emplearse a fondo para imponer un verdadero cambio. Cosa poco probable, por el rosario de incumplimientos en que se ha convertido la democracia en Colombia. No tienen un discurso auténtico y el mensaje para el ciudadano es más de lo mismo. 

En ese contexto, las matemáticas funcionan y de qué manera. La creativa propuesta programática va camino al ofrecimiento de incrementos salariales, bajadas de impuestos, al mejoramiento del sistema educativo y de salud etc. Y, por supuesto, en la canasta de los sufragios se sumarán los votos que los mencionados parlamentarios, en problemas, dejarán “huérfanos”. 

Es ese discurso que los colombianos venimos escuchando desde que molemos el café; desde inveteradas épocas y nada cambia. Es un desgaste evidente el que golpea, y muy fuerte, a la actual clase política que no se llama a engaños: están convencidos que la clientela y la corrupción, les alcanzará para mantenerse en el poder. Amanecerá y veremos. 

 

@jairotevi

Escrito por Jairo Gómez. Periodista.

16 años después del 11- S

Amylkar D. Acosta M.- El 11 de septiembre de 2001 se produjo el más devastador y cruel atentado terrorista, esta vez contra el corazón de la primera potencia económica y militar del mundo, los EEUU, por parte de Al Qaeda, cuyo cabecilla era el temible Osama Bin Laden, quien sería dado de baja posteriormente en Pakistán, 6 años después. El mismo tuvo como blancos todo el complejo de edificios del World Trade Center, incluidas las imponentes Torres gemelas, en Nueva York y el Pentágono, en el Condado de Arlington (Virginia). 

El saldo en víctimas humanas no pudo ser más aterrador: 2.749 muertos, 6.000 heridos y 24 desaparecidos. Irónicamente, justo en el momento que Bush tramitaba en el Congreso un proyecto para la instalación de un escudo antimisiles para blindar a los EEUU de ataques externos, tres aviones que despegaron de aeropuertos domésticos (vuelos 11 y 77 de América Airlines y 175 de United Airlines) sirvieron como “misiles” para este aleve ataque. 

La respuesta del Presidente Bush en su momento fue declarar la guerra “eterna” al terrorismo y anunció una “cruzada” contra el mismo, expresión esta que fue de tan mal recibo, por su connotación histórica, que debió rectificarla a la primera oportunidad. Repìto lo que dije hace 10 años[1], el mundo no es más seguro que cuando Bush y sus aliados la emprendieron contra el motejado “Eje del mal”. 16 años después de declarada la guerra “eterna”, el terrorismo sigue vivito y coleando, sólo que ahora el protagonista no es Al Qaeda sino el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS, por sus siglas en inglés), conocido tambiérn como Dáesh o Daish, que el troglodita de Trump atribuye haber fundado al ex presidente Barack Obama (¡sic!). 

Los presidentes de EEUU, particularmente los presidentes republicanos, como los borbones ni olvidan ni aprenden. Las contínuas provocaciones y amenazas del Presidente de Corea del Norte Kim Jong Un, con la seguidilla de lanzamiento de misiles balísticos, que podrían portar ojivas nucleares con gran capacidad destructiva, han tenido por respuesta la amenaza de retaliación por parte del ogro de Trump, de responder “con un fuego y una furia nunca antes vista”. Esas son sólo baladronadas!

Y mientras tanto, un nuevo fantasma recorre a Europa y no sólo a Europa, la amenaza terrorista del ISIS, el cual recurre a métodos inimaginables de sembrar muerte y pánico a su paso, desde el frío acto de degollamiento de quienes no comulgan con su dogma religioso, pasando por los atentados suicidas, hasta el uso de vehículos para arrollar a indefensos y despreocupados transeuntes. Sus ataques por doquier han causado asombro, desconcierto y consternación en el mundo entero, pues ningún país está a salvo de sus atentados, siempre en sitios emblemáticos y concurridos, con el propósito deliberado de causar el mayor número de víctimas fatales posibles. 

El ISIS ha sido diezmado por parte de la gran coalisión de más de 30 países, encabezada por las grandes potencias, al dar al traste con su intentona de hacerse fuerte en Irak proclamando el Califato y hacerles morder el polvo de la derrota a los yihadistas en Mosul, su principal baluarte. No obstante, con la misma intensidad con la que se lucha para neutralizar este grupo extremista, el mismo se robustece reclutando voluntarios despitados y radicalizados, fanatizados con sus prédicas, especialmente entre la juventud desencantada y propensa a abrazar su causa, por no tener ninguna otra opción de vida en una sociedad carente de valores que los margina y los discrimina. 

La peor respuesta que se le ha dado a la amenaza latente del terrorismo internacional es la postura del nuevo inquilino de la Casa Blanca, quien con su consigna de “América primero”, como el avestruz, ha enterrado la cabeza en la arena. Trump y con él EEUU renunciaron a su liderazgo indiscutible en el mundo, cediéndole sus espacios a China y Rusia, que han cobrado una gran relevancia geopolítica. Con el manido cuento de que “el americanismo y no el globalismo será nuestro credo”, trump ha replegado a los EEUU a sus propias fronteras y ha impuesto una política aislacionista que le puede salir caro. En uno de sus acostumbrados bandazos se desdijo de lo que había dicho de la OTAN; “dije que era obsoleta. Ya no es obsoleta” espetó el Presidente Trump. Pero su rectificación llegó tarde, pues la canciller de Alemania, una de las principales aliadas de EEUU, Angela Merckel tomó atenta nota de sus dubitaciones y dejó en claro que "los momentos en los que podíamos confiar plenamente en los demás, en cierta medida, han terminado y por lo tanto, sólo puedo decir que los europeos tenemos que tomar nuestro destino en nuestras propias manos". 

Y mientras tanto los ciudadanos del mundo siguen en ascuas, indefensos, más expuestos que nunca a la acción irracional y sanguinaria de estructuras criminales que se escudan en el integrismo religioso para justificar lo injustificable que es cegar la vida al prójimo por profesar una fe distinta a aquella con la que ellos comulgan. Vivimos en un mundo mucho más hostil y vulnerable que enantes! 

Bogotá, septiembre 18 de 2017

www.amylkaracosta.net

Escrito por Amylkar Acosta. Exministro de Minas y Energía.

El Congreso Nacional del Partido Liberal

Por Horacio Serpa.-El Congreso Nacional del Partido Liberal se realizará los próximos 28 y 29 de Septiembre, en Bogotá. Ya todo está dispuesto para recibir a 1.400 delegados del País. Asistirán representantes de los sectores político, social y abierto. Será un Congreso amplio, deliberativo, de gran participación, en el que se elegirá la nueva directiva nacional y se aprobarán las reglas para definir la candidatura a la Presidencia de la República. Desde luego, otros temas nacionales, populares y partidistas ocuparán la atención de la máxima instancia directiva de la Colectividad.

Hace un año no se pudo realizar el Congreso por una orden judicial recibida el día anterior a su celebración. Ella tuvo que ver con la decisión del Honorable Consejo de Estado para que se restablecieran los Estatutos aprobados en 2002, derogados por una Constituyente partidista que la más alta autoridad administrativa del País calificara de ilegal.

En el último año se han hecho a conciencia los mayores esfuerzos por cumplir todas las disposiciones del Consejo de Estado y del Tribunal Administrativo de Cundinamarca. Estamos seguros de haberlo hecho correctamente. Se están cumpliendo con exactitud los Estatutos, tanto el Tribunal como el Consejo Electoral están informados de las actividades del Partido, ya están elegidos los Delegados y dentro de una semana comenzaremos los actos preparatorios de lo que será una memorable jornada. Participarán Congresistas, Diputados, Concejales, ExMinistros, delegados de los sectores sociales y de opinión, etc, con el mejor afán de servirle al País, a las ideas liberales y a la paz.

En el Congreso Nacional el Partido ratificará su ideario democrático, popular, social, en incansable búsqueda de la paz y de la igualdad. Con seguridad expedirá una plataforma programática moderna, muy ajustada a las realidades nacionales. Y ratificará su vocación reformista. Avanzamos en materia de convivencia pero se mantienen la pobreza, el desempleo, una educación deficiente en calidad y sigue la anarquía y la injusticia en la salud. Lo que ocurre en esta materia, muy apropiadamente denunciado esta semana por el señor Procurador, es inaudito. Medimás tampoco dio “pie con bola” y siguen pagando el pato los más pobres y los millones de compatriotas del sector solidario.

Nos falta atrevernos a hacer la reforma económica. Siguen la concentración de la riqueza y el desempleo, no se distribuye apropiadamente el ingreso, el Estado no cumple su deber regulador y poco se avanza en bienes y servicios. Hay que reconocer que progresamos, pero las cosas buenas no le llegan a todos los colombianos. Ni siquiera podemos decir que en nuestra Nación todo el mundo come y tiene agua.

Estos son asuntos de los que nos ocuparemos los liberales. La corrupción tendrá amplio debate. Y desde luego, el proceso presidencial. 

Nada está decidido. No hay una candidatura que supere el 10% en materia de intención de voto y faltan 8 meses para la primera vuelta. El liberalismo no ha salido a la palestra. En pocos días cambiará el panorama y el Partido Liberal comenzará a encabezar las grandes causas.

Escrito por Horacio Serpa. Senador y Presdente Partido Liberal.

Descertificación sería irrespeto, glifosato No

Por Jaime Enrique Durán Barrera.- En una audiencia en el Congreso de EE.UU. sobre tráfico de drogas en Colombia, la semana que acaba de pasar, el Secretario Adjunto de Estado para Seguridad y Lucha Antinarcóticos, William Brownfield, criticó severamente a nuestro país por su laxo papel en la lucha contra el tráfico de drogas, ya que, entre 2013 y 2016, los cultivos de coca crecieron en más de un 130%, pasando de 80.500 hectáreas de cultivos ilícitos en 2013 a 188.000 hectáreas en 2016 y señalando que “tal vez lo más problemático es la producción potencial de cocaína que aumentó en más del 200% en el mismo período de tiempo”.

Según el Presidente Donald Trump “la sanción para Colombia es una “opción” y que no la aplica a “ese país pues, tanto la Policía Nacional como las Fuerzas Armadas son aliadas con las fuerzas de seguridad de EE.UU. en el Hemisferio Occidental”.

Pero Colombia, desde su Presidente, Juan Manuel Santos y demás funcionarios gubernamentales, como el Ministro del Postconflicto, Rafael Pardo, insistieron en la corresponsabilidad frente a la problemática de las drogas: "Las autoridades de los países consumidores tienen una responsabilidad fundamental con sus conciudadanos y con el mundo de reducir el consumo y atacar las organizaciones de tráfico y distribución en sus propios países".

Como Senador de la República, estimo que Colombia es soberana para elegir la mejor estrategia, para no sólo combatir los cultivos de coca, su procesamiento y luego su tráfico, sino lograr su erradicación como cultivo ilícito y como alternativa económica para centenares de grupos familiares y comunidades.

Nuestro país asumió la decisión histórica de suspender la fumigación aérea de cultivos con glifosato, en octubre de 2015, por sus potenciales riesgos a la salud pública y al medio ambiente colombiano, teniéndose en cuenta  que Colombia es uno de los tres países con mayores humedales del mundo y rica biodiversidad,  estimada esta decisión como uno de los factores de incremento de la producción según la DEA.

La ARC, la institución de la Organización Mundial de la Salud que investiga el cáncer, clasifica desde 2015 el glifosato como "probablemente carcinogénico" y en “aplicaciones aéreas implican que éste no sólo cae sobre los cultivos de coca, sino también sobre otros cultivos de los alrededores, sobre la vegetación silvestre, fuentes de agua, personas, etc”. Su uso para erradicar tiene graves consecuencias.

Ocho países de la Unión Europea, a pesar del lobby permanente de Monsanto, productor del glifosato, bloquearon su utilización en sus territorios, al igual que California y otros estados de EE.UU., Canadá, etc e incluso el  Informe de la Relatora Especial sobre el Derecho a la Alimentación de ONU, Hilal Elver, estima que “la práctica agroindustrial podría representar violaciones a los DD.HH, particularmente las relacionadas al uso de plaguicidas como el glifosato.

En este sentido, es importante señalar que Colombia ha asumido el reto de edificar la paz, que es un desafío monumental, que implica generar cambios estructurales, no sólo para erradicar la violencia de un conflicto armado de 5 décadas, sino para dar respuestas propias a sus problemas más complejos, como su debilidad institucional, su escasa regionalización gubernamental y la planificación de su desarrollo sustentable.

El costo de consolidar la paz como factor de futuro implicó grandes sacrificios, pero su logro definitivo, en términos de cambio y desarrollo, abrazará a todos los ámbitos de la vida sociopolítica. Un país que vigorice una estrategia de desarrollo sustentable no tendrá en el cultivo e industrias ilícitas una alternativa de desarrollo y no estará a la merced del crimen y de la violencia transnacional.

Así que Señor Trump, los colombianos asumimos el camino de la erradicación del problema de las drogas, desde una perspectiva social, económica, cultural y ecológica. Un proceso más lento, pero que será exitoso.

Si el gobierno estadounidense nos va a descertificar, ésto sería un irrespeto a las políticas que está implementando el Presidente Juan Manuel Santos en esa materia, cuando Colombia ha sido quien ha puesto los muertos por la lucha contra ese grave problema geopolítico.

Ahora bien, exigimos que Estados Unidos demuestre cuáles han sido los resultados de las políticas adelantadas para disminuir el consumo en su territorio, siendo uno de los países con mayor cantidad de dependientes a las sustancias psicoactivas. Mientras tanto Colombia continuará combatiendo duramente el tráfico y erradicando manualmente, sin glifosato, así nos descertifiquen.

Escrito por Jaime Enrique Durán Barrera. Senador Liberal de Colombia.

Sugestiones: Vendepatrias y mentirosos

Por Mauricio Cabrera Galvis.- No podían ocultar su cara de satisfacción. En las entrevistas radiales la voz se les notaba emocionada, pues habían logrado su objetivo de desprestigiar al país para desacreditar al gobierno Santos y ganar puntos para sus campañas electorales.

Me refiero a la reacción de los dos expresidentes, el de los falsos positivos y el del Caguán, frente a las irrespetuosas amenazas de Trump de “descertificar” a Colombia, dizque por haber fracasado en la lucha contra el narcotráfico. Habían logrado lo que buscaban con sus cartas y sus contactos con el Congreso y al Gobierno norteamericano, sin importarles las consecuencias negativas para el país.

Lo que han hecho estos dos personajes es poner sus intereses electoreros y sus odios personales por encima de la suerte del país. Los partidos por encima de la patria es la consigna retorcida de los vendepatrias. Lo peor de todo es que justifican sus infamias con mentiras.

Veamos por ejemplo las patrañas que dijo en la entrevista que le hicieron en La W el expresidente del Caguán. Dijo que se había suspendido la fumigación con glifosato como una concesión a las Farc y que esa era la causa del aumento de cultivos ilícitos. Doble mentira. La decisión se tomó por razones científicas y jurídicas y el aumento de los cultivos tiene otras explicaciones que ya he analizado.

Dijo que Samper le había entregado el país con 180.000 has. de coca y que él las había reducido a 90.000. Mentira. Según datos del SIMCI de las Naciones Unidas, en diciembre de 1997 había 79.000 has. de coca. Fue en su gobierno cuando aumentaron, a 102.000. en 1998 y al máximo que ha tenido el país -163.000- en el 2000 como resultado del sometimiento a las Farc en el Caguán. Al final de su gobierno solo las redujo a 120.000.

Para defender a su nuevo mejor amigo, dijo que en el 2010 se había reducido el área de coca a 40.000 has. Mentira. Al final del gobierno de la seguridad democrática todavía habían 85.000 sembradas. En su inquina contra el presidente y el vicepresidente no mencionó que la mayor reducción de cultivos ilícitos se logró en el primer período de Santos, al final de los 5 años de Óscar Naranjo como director de la Policía, pues en el 2012 se llegó al mínimo histórico de 49.000 has. 

Para echarle más agua sucia al país dijo que el fracaso en la lucha contra el narcotráfico era responsabilidad de Colombia pues Estados Unidos sí estaba reduciendo el consumo. Mentira, porque allá sigue aumentando la demanda de cocaína, y porque el éxito contra el narcotráfico no se mide solo por el área sembrada sino por la cocaína incautada.

Escrito por Mauricio Cabrera Galvis.

Reforma integral y a fondo

Por José Gregorio Hernández.- Como lo hemos venido sosteniendo, una reforma al sistema de administración de justicia se muestra como indispensable, toda vez que los hechos de corrupción y delito en su interior han hecho inviable la aplicación hacia el futuro de las reglas vigentes, tanto en cuanto a los procedimientos que se siguen y los criterios que se aplican para la selección de jueces, magistrados y fiscales como en lo relativo al fuero que los cobija cuando se trata de su investigación y juzgamiento en lo penal y en lo disciplinario.

Pero una reforma de semejante magnitud no se puede improvisar, como lo pretende el Ejecutivo, incluyendo -a la carrera y sin ningún debate-  un artículo (o varios) en la reforma política, para que, por la vía del “fast track” se restablezca -también a la carrera- el tribunal de aforados que previó el Acto Legislativo 2 de 2015 y que declaró inexequible la Corte Constitucional porque, en su criterio, sustituía la Carta Política y quitaba autonomía a la rama judicial.

Las cosas no son así. No se puede seguir actuando en tan delicada materia únicamente al  impulso de las noticias que impactan en los medios de comunicación, ni para responder al último escándalo o a hechos de corrupción ya consumados, porque con ello no se logra sino una reforma mediocre e inane, o la casi certeza de la declaración de inexequibilidad de lo actuado, bien por los motivos ya dichos en sentencia precedente  (a cuyo respecto hay cosa juzgada material) o por vicios de procedimiento en la formación del acto legislativo, dado que el trámite abreviado del “fast track” es claramente improcedente por exceder el campo delimitado de la implementación de los acuerdos de paz.

No nos arriesguemos a un nuevo fracaso institucional. La reforma a la justicia es demasiado importante para someterla a lo que el Papa Francisco llamó “el chiquitaje”, que en esta materia sería dar un trámite de tercera o cuarta categoría a lo que debería ser de primer orden: una reforma integral, completa, realista, debatida ante el país, bien concebida, con vocación de permanencia. Una verdadera reforma, desde las bases mismas del sistema, introducida por un cuerpo independiente de origen popular.

Quien introduzca estos cambios no puede ser el Congreso, en razón de los muchos conflictos de intereses existentes, y porque, precisamente, uno de los grandes propósitos que busca la sociedad en cuanto a este asunto consiste en despolitizar por completo la administración de justicia.  Además, no hablamos de cualquier tema de menor importancia, sino de algo que toca el corazón mismo de las instituciones y que concierne a la sociedad en su conjunto, porque toda ella es afectada cuando la justicia es utopía; cuando la estructura judicial ha sido contaminada por la corrupción; cuando las sentencias se pueden comprar; cuando a manera de indulgencias se venden absoluciones; cuando todo indica que la corrupción ha minado la confianza pública en la pulcritud de los jueces.

Con todo respeto, discrepamos de la idea de continuar con el sistema según el cual los magistrados de las altas corporaciones judiciales y el Fiscal General de la Nación deben seguir siendo investigados por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes y acusados -en su caso- por esta última ante el Senado de la República. Está probado que no funciona. Que se presta a decisiones politiqueras, a manipulaciones y al “engavetamiento” de procesos trascendentales. 

Reformemos de verdad y a fondo la administración de justicia. Pensemos en grande.

Escrito por José Gregorio Hernández. Ex presidente de la Corte Constitucional de Colombia.

Cizañeros del siglo XXI

Por Jairo Gómez. @jairotevi Solo a un papa de origen latinoamericano, como Francisco, se le puede escuchar de sus labios la palabra cizaña. Una palabra muy utilizada en el lenguaje lunfardo de los argentinos y en las letras de múltiples tangos arrabaleros que nos recuerdan la perfidia de la que se ufanan, en muchas ocasiones, los seres humanos.

Esa perfidia es la que abunda en los discursos de quienes  se oponen a la paz y en las cavernas de quienes no quieren el cambio, asociándola a expresiones que buscan meterle cizaña al camino de la reconciliación. Fue eficaz el mensaje de Francisco cuando sugirió a los colombianos no comerle cuento a esa maledicencia a la que subyace el propósito de provocar incertidumbre  y pesimismo en la población.

“Es cierto que en este enorme campo que es Colombia todavía hay espacio para la cizaña. Ustedes estén atentos a los frutos del trigo y no pierdan la paz por la cizaña. El sembrador, cuando ve despuntar la cizaña en medio del trigo, no tiene reacciones alarmistas”, nos dijo el papa.

Sí, es una metáfora pertinente, muy bíblica ella, porque el trigo cuando crece suele florecer en compañía de una maleza sospechosa, esa maleza que sirve de barricada para contener cualquier expresión popular a favor de los pobres y marginados de la sociedad. Eso es lo que quiso decir Bergoglio, sin temor a equivocarme. Claro, la cizaña busca desbaratar la paz, pero al mismo tiempo desvirtuar a quienes desde la otra orilla proponen zarandear la estructura de la sociedad colombiana. Entonces saltan a la vista los cizañeros, los dueños de la moral, quienes, entre otras cosas,  califican ya no de “mamertos” sino de “castrochavistas” a quienes se atreven a cuestionar la arcaica institucionalidad. Cizañeros del siglo XX, caminando en el siglo XXI.

El papa Francisco no habló en abstracto, su lenguaje fue directo y sin eufemismos: la cizaña no solo le cabe al personaje de marras, como se ha querido personalizar; no, también hay que ubicarla en el contexto de una sociedad que, a pesar de estar dentro de la caverna, quiere salir del hueco oscuro del conflicto. Por ello su voz fue insistente en que los colombianos no nos dejemos enredar, “no nos dejemos quitar la esperanza”; y por ello aseguró  que la reconciliación y la paz estable y duradera se consolidan desde la justicia social, porque la pobreza y la marginalidad son el caldo de cultivo de violencia y miseria que incuba generaciones sin futuro. Esta es la piedra angular del pensamiento político que nos dejó  Francisco en cada una de sus homilías.

En nada se quedó corto Jorge Mario, en cada homilía desnudó la realidad de una sociedad que se repite en muchos rincones del planeta y en los conciliábulos  neoliberales: uno no puede “servirle a dos señores: a Dios y al dinero”. Guante que también cayó en los púlpitos de la Iglesia colombiana, a sus obispos y sacerdotes: “Ustedes son pastores de la Iglesia no [prelados al servicio de los] políticos”. 

La visita del papa Francisco sirvió de bálsamo en medio de tanta incertidumbre política y social que golpea el país. Su presencia y la masiva recepción que tuvo, revelan la ausencia de un liderazgo en Colombia que sepa interpretar los anhelos de cambio que reclama la sociedad colombiana. No nos llamemos a engaños, el mensaje de Jorge Mario taló la conciencia de los católicos fervorosos y de los indiferentes religiosos por igual, quienes escucharon con atención el contenido de un discurso que nos convoca a construir una nueva Colombia.

Escrito por Jairo Gómez. Periodista.

¡Que nadie nos robe la esperanza!

Por: Guillermo García Realpe.- "Que nadie les robe la felicidad, que nadie les robe la esperanza" fueron algunas de las contundes frases pronunciadas por su Santidad Francisco durante su visita a Colombia. 

El momento no podía ser más oportuno, pues el Obispo de Roma como Pastor de la iglesia católica sabe bien nuestras dificultades y el momento tan crucial y definitivo por el cual atraviesa nuestro país. 

Nuestro carismático Papa nos hizo un llamado desde lo más profundo de su corazón, con la esperanza de que atendamos su mensaje de Paz y reconciliación, pero, tal parece que el perdón, ese mismo perdón que clama Francisco, no existe en el corazón de algunos. Muy triste! 

De nada sirve celebrar la llegada de su Santidad y darnos golpes de pecho ante sus sabias palabras, sino las ponemos en práctica durante nuestra cotidianidad y en nuestro trato hacia nuestros semejantes. 

De nada sirve la Paz de Colombia, si sentimos odio y rabia con nuestros vecinos, de nada sirve haber hecho la Paz con las FARC si todavía existe rencor en los corazones, de nada sirve haber silenciado los fusiles si nos seguimos viendo como enemigos. 

Llegó el momento de perdonar, de superar la sed de venganza y muerte y avanzar en la construcción de una nación grande que se levante desde las cenizas y edifique valores, que las nuevas generaciones luchen por combatir los flagelos de la sociedad actual, que fenómenos tan graves y penosos como la corrupción que hoy carcome al país desaparezcan para siempre, que la pobreza que agobia a miles y miles de compatriotas sea cosa del pasado, que la violencia que aún irradian algunos grupos armados ilegales caduque más temprano que tarde. 

El mensaje del Papa Francisco es contundente, acojámoslo y vivamos como un pueblo que superó la horrible noche y que hoy avizora un futuro prometedor, sin más egoísmos, sin poner por encima el bien individual sobre los intereses colectivos, sin seguir pensando en el país del pasado, los colombianos podemos sobreponernos ante las adversidades y la historia así lo ha demostrado. 

Entonces que nadie nos robe la felicidad, que nadie nos robe la esperanza, de nosotros depende que la tristeza y el pesimismo se apoderen de Colombia de nuevo.

Escrito por Guillermo García Realpe. Senador Liberal de Colombia.