Opinión

Los ciegos que no quieren ver

Por Ariel Ávila.- Ahora que la campaña de Iván Duque no quiere asistir a los debates y que ha sido imposible ver a los candidatos contrastando ideas, la campaña de la derecha ha radicalizado sus discursos en tarima y en reuniones privadas. Inicialmente dijeron que harían trizas los acuerdos de paz, luego manifestaron que harían trasformaciones estructurales y en las últimas horas hablan de modificaciones sustanciales.

Estas palabras guardan la intención de no avanzar en la implementación de los acuerdos de paz y en demoler lo que hasta ahora se ha avanzado. Con esto, los afectados no serán las Farc, como piensa un gran sector de la sociedad, sino que los grandes afectados serán todas y todos los colombianos. Sé que muchos no creerán esto, por ello argumentaré en dos grandes ideas el postulado.

En primer lugar, luego del asesinato de los dos periodistas ecuatorianos y su conductor en la frontera entre Colombia y Ecuador, y sobre todo luego del paro armado en el Catatumbo, se dijo que la paz había fracasado y que Colombia había regresado a los años del presidente Pastrana. Pero eso no es cierto, es una gran mentira. Por ejemplo, en el año 2017 se produjeron 180 secuestros en Colombia, la cifra más baja en décadas, en el peor momento de la guerra hubo más de 3.000 secuestros. También los afectados por minas antipersonal se han reducido sustancialmente, en su peor momento, en el año 2006, 1.231 personas fueron heridas por estos artefactos, en el año 2017 la cifra cayó a 56. De hecho, el pabellón del Hospital Militar que atiende a los afectados está a punto de cerrar, pues el número de heridos es bajo. Ni qué decir, de los desplazamientos y las desapariciones forzadas, que  se han reducido fuertemente.

Incluso, en términos de jornadas electorales, Colombia ha vivido las más pacíficas de su historia reciente. El 27 de mayo, en primera vuelta presidencial, no fue trasladada una sola mesa y puesto de votación por temas de orden público, hace 12 años se contaban por centenares. Esto último es increíble, en un país que en las jornadas electorales tenía en promedio 300 municipios en riesgo. Los beneficios del proceso de la paz son inmensos, es inadmisible que aún exista gente que diga que esto no sirvió. Obviamente hay problemas delicados de seguridad en algunas zonas, pero estamos hablando de 78 municipios de 1.122 que tiene el país.

En segundo lugar, el proceso de paz está diseñado para beneficiar a la sociedad colombiana y no a las Farc o las Fuerzas Militares. El acuerdo crea 143 medidas, ya sean programas, proyectos o planes. De ellas, 14 están diseñadas para beneficiar a los actores que estuvieron en el conflicto, las otras 129 medidas son para todos los colombianos: El plan nacional de vías terciarias, o el plan nacional de conectividad o el plan de educación rural. La idea con todas estas medidas es mitigar las causas estructurales de la violencia. De los más de 200 años de vida republicana del país, la mayoría se han vivido en medio de guerras civiles, olas de violencia y fuertes autoritarismos. Han sido pocos los años de paz y democracia.

Colombia se independizó en 1810, luego vino una serie de disputas y guerras civiles, años después se dio la campaña libertadora, luego Bolívar trajo algo de estabilidad y nuevamente en medio de la disolución de la Gran Colombia estallaron brotes de violencia en todo el país. Más tarde se desarrolló un pequeño periodo de tranquilidad y nuevamente se dieron una serie de guerras civiles entre federalistas y centralistas, luego la república conservadora y con ello un fuerte autoritarismo y represión, ya para 1930 llegó Olaya Herrera y con él comenzó la venganza liberal, en 1948 asesinaron a Gaitán y nos metimos en la actual ola de violencia. Una historia de violencia y represión. En los acuerdos de La Habana se dijo que esa violencia cíclica se debía a unas causas estructurales y se determinó que eran tres: 1. Uso y acceso a la tierra. 2. Participación política y democracia social. 3. Economías ilegales, principalmente narcotráfico. Como se sabe los primeros tres puntos del acuerdos se refieren a estos temas, para eso son las 129 medidas.

El riesgo de hacer trizas los acuerdos de paz no está en que las Farc regresen a las armas, eso difícilmente ocurrirá. El riesgo está en que en la medida que no se haga una transformación del campo, no se profundice la democracia y se siga en la política errada de lucha contra el narcotráfico de los últimos 20 años, Colombia está condenada a vivir una nueva ola de violencia, tal vez ya no política, si no más criminal. Por ello, la implementación del acuerdo es fundamental para que Colombia avance como una sociedad y supere la violencia que parece repetirse cada cierto tiempo.

La votación del 17 de junio será entre el pasado y la posibilidad de avanzar, y allí los colombianos escogeremos entre consolidar la paz o quedarnos anclados al pasado de las violencias cíclicas.

Escrito por Ariel Ávila. Politólogo.

Razones para votar por Petro

Por: Felipe Tarquino Sánchez*.- Hace 50 años la sociedad, de la mano de los jóvenes, buscó el cambio. Una movilización alrededor del mundo explotó; en Europa occidental y Estados Unidos, los universitarios y los hippies protestaban contra el sistema capitalista y la sociedad de consumo, luchaban por los derechos civiles… Mientras hoy, Colombia pide a gritos un cambio.

A propósito de las elecciones presidenciales en primera vuelta, en las que el país se pronunció de manera democrática y tranquila, pues no hubo un solo inconveniente de orden público, los colombianos cumplieron con su deber ciudadano, da la casualidad que hace 50 años los franceses y medio mundo expresaban su deseo de cambiar esa idea de sociedad capitalista y de consumo, como también la cultura Mainstream (lo que piensa la mayoría) que se imponía.

Y aunque hace 50 años, Colombia apenas daba sus primeros pasos hacia la modernización, el momento que se vive ahora con las presidenciales, amerita la comparación con lo ocurrido en Francia, en Mayo del 68. Los colombianos estamos ahora ante un escenario desconocido, donde imperan dos verdades: La primera, que los buenos estamos divididos, y la segunda, que el país quiere un cambio urgente. Y digo divididos, porque en estos comicios, sumados los votos de Sergio Fajardo, candidato de la Coalición Colombia; de Humberto De La Calle, del Partido Liberal; y los de la Colombia Humana, de la mano de Gustavo Petro, dan 9’840.130, casi 10 millones de sufragios. Quiere decir que el domingo ganó el deseo de renovación, el rechazo a la corrupción, a las maquinarias, al clientelismo; y la voluntad por tener un país en paz, con eduación de calidad y gratuita; y no menos importante, el respeto por el medio ambiente, su protección y cuidado.

Ya no hay cinco candidatos; la segunda vuelta ha dejado a dos representantes con posiciones muy marcadas, tanto odiados como queridos, uno de izquierda y otro de derecha. Ambos generan incertidumbre y temor en los colombianos, y sus propuestas ponen en vilo a los ciudadanos, que están obligados a informarse mejor y decidir bien.

En mi caso, voté por De La Calle, un hombre, para mí, fiel a sus principios liberales y con una trayectoria impecable, que hizo parte de la Asamblea Constituyente y los Acuerdos de Paz, que estoy convencido deben defenderse a como dé lugar… Sencillamente, un tipo que hubiese hecho un enorme aporte a este país.

Pero Humberto, como es común en la política, me defraudó. Hace unos días expresó su intención de votar en blanco, como lo hizo poco antes Sergio Fajardo, candidato que critiqué por sus flojas y poco contundentes posiciones; lo que dice la sabiduría popular es cierto, es un tibio. Pero por su “neutralidad”, pinta de profesor bacán, acento paisa, relajado, y al parecer poco envuelto en “rollos raros”, tenía ese elemento aglutinador que ahora le hace tanta falta a Petro; su virtud estaba en que sin mucha estructura, recogió el aburrimiento de más de 4 millones de personas frente a la política tradicional y la corrupción. Elemento que se vió nublado por su soberbia, pues cuando era el momento de hacer una coalición la rechazó, sobre el entendido que pasaría sobrado a Segunda Vuelta.

 

“Ay de los neutrales… Se ganarán el odio de los que pierden y el desprecio de los que ganan”, expresó alguna vez Maquiavelo. Lo digo porque tal cosa, como buscar la neutralidad, no es más que una necedad; el centro que tanto vanagloriamos no existe. Si bien algunos no apoyan a la izquierda, ni a la derecha, defendemos principios que determinan nuestra postura; en pocas palabras: Tomamos partido. Como sinónimo de neutralidad, está el voto en blanco. Diré que éste solo representa el camino de Poncio Pilato, un acto que parece políticamente correcto, pero que no consigue eludir responsabilidades, pues quien vota en blanco no está moralmente por encima de quien vota por Duque; por el contrario, un voto en blanco es un voto por Duque ¡No seamos cafres con el país, no lo ignoremos y pongámosle la cara!

El voto en blanco no pasará de ser un saludo a la bandera; y pa’colmo de males, como expresé, un espaldarazo a Iván Duque. Y es que el buen muchacho de Uribe no es la salida ¿Por qué? Porque como dije antes, el cambio no es solo necesario, es urgente. Somos un país en el que la clase dirigente no ha cambiado en 500 años, donde no hemos tenido una revolución burguesa, necesaria para establecer la verdadera democracia. Nuestra clase dirigente siempre ha excluido y marginado al pueblo.

Por siglos, al pueblo no se le ha dado el protagonismo necesario para lograr una verdadera transformación social; no le conviene a la oligarquía, que siempre lo ha visto como una masa horrorosa e inferior, como la “negramenta” y la “indiamenta”. Por eso, líderes como Rafael Uribe Uribe, López Pumarejo, Gaitán y Galán, han sido tan queridos por la gente, porque defendieron los derechos civiles de aquellos sectores populares tan maltratados; intentaron llevar a cabo reformas en beneficio de la gente. Es decir, empoderaron a la sociedad civil. Y esto es lo que Petro ha defendido por convicción, buscar que el constituyente primario defina el destino del país, que no sea un simple formalismo jurídico, sino una realidad el que tengamos una democracia participativa. Pienso entonces ¿Debe darnos miedo que el pueblo se empodere?

Otro punto a favor de la Colombia Humana es el respaldo de los intelectuales a Gustavo Petro. Thomas Piketty, economista francés, autor del “Capital en el siglo XXI”, apoya a Petro. El tipo es un duro en temas de desigualdad económica, y nosotros somos número uno en eso; Peter Singer, ambientalista y animalista, precursor de los derechos de los animales; y Coetzee, nobel de literatura, escritor y lingüista de talla mundial, también se sumaron a esta causa, por una razón en común: La defensa de los animales.

Y es que el componente ambiental y animalista que tiene el programa de Petro, no lo tenía ni tiene candidato alguno, a excepción de Vargas Lleras (quién lo creyera); lo cierto es que Duque, aunque se le ha oído algunas veces incentivar esa “cultura animalista”, no contempla la protección animal. También es preciso recordar que cuando Petro fue alcalde, prohibió las corridas de toros en la Plaza Santamaría; en pocas palabras, está decidido a darle un trato racional a los animales, cosa que sus rivales no.

Personajes como el columnista y caricaturista Antonio Caballero; el jurista y académico Rodrigo Umprimny; el periodista Alberto Salcedo; los escritores Mario Mendoza y Laura Restrepo; el economista y profesor emérito de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, mi casa, Salomón Kalmanovitz; y recientemente Ingrid Betancourt; son algunas de las personalidades que votarán por Petro. A esto, sumémosle las Madres de Soacha, y demás familias de víctimas de los falsos positivos; los campesinos, los grupos afros e indígenas que apoyan el componente étnico de la Colombia Humana, y claramente los sectores populares que ven en Petro un líder sensato que escucha y da el justo y merecido poder a la Sociedad Civil. Mientras, Duque, el candidato de la derecha, tiene el apoyo de la SAC (Sociedad de Latifu… perdón, de Agricultores de Colombia), de Maluma, Pipe Bueno, Silvestre Dangond y Popeye.

Iván Duque, bajo las órdenes de su líder Álvaro Uribe Vélez, poco o nada puede hacer para desprenderse de su mafioso jefe, pues sin mucha trayectoria política y gran ingenuidad, no le queda otra que obedecer. De este modo, el Legislativo, con una mayoría clara a favor de Uribe, no tendrá mayores obstáculos para aprobar proyectos de ley de pura conveniencia; el Ejecutivo, con su lacayo y fiel amigo Iván Duque representándolo, será una rama poderosísima para sancionar dichas leyes. Iván, aconsejado por sus asesores del mal, no tendrá problemas en repartir contratos, favores políticos y burocráticos, para lograr lo que quiera; es decir, la mermelada y corrupción que tanto detestamos, no acabará.

Y la rama que pensamos podría detener esta arremetida uribista, la Judicial, puede ser fácilmente reformada y acomodada (ejemplos como el Cartel de la Toga dan muestra de ello); la idea de unificar las altas cortes en un solo tribunal, ha dejado entrever el astuto y malvado plan que promete arropar con un manto de impunidad al patrón del Ubérrimo. De manera que de una eventual victoria de Duque, el gran ganador no sería éste, que al fin y al cabo es un servidor, sino Álvaro Uribe Vélez, un hombre permeado por la ilegalidad, que carga con cientos de muertos en sus hombros, y que se resiste a soltar el poder. En pocas palabras, no habrá un efectivo control de las ramas al Ejecutivo; el sistema de pesos y contrapesos se derrumbará, y en palabras de Kalmanovitz “destruirá el tejido político y social”, por tiempo indefinido.

Gustavo Petro está llamado a dirigir un gobierno que fortalecerá la democracia, que devolverá tierras a los campesinos y las víctimas, y que modernizará el campo como es debido. Petro no tiene apoyo militar como Chávez y Uribe, ni mucho menos Petro tiene un pasado en la ilegalidad como Uribe. El candidato de la Colombia Humana quiere poner a producir las tierras, que en manos de Uribe seguirían como activos improductivos. Petro buscará disminuir la inmensa desigualdad social que vive el país, un objetivo no de la Colombia Humana de Petro, sino que comparten también las Naciones Unidas, Europa, y todos los países benefactores y desarrollados del mundo.

Reflexionemos, es momento de transformar el país, es nuestro deber dejar claro al establecimiento que el Estado es el pueblo, y no unos cuantos acomodados en el. Hace 50 años, los franceses le dejaron claro a De Gaulle y su régimen anacrónico, que había llegado su fin. Ahora, 50 años después, aun excluidos y olvidados por un Estado indiferente, el compromiso de cambio nos asiste. A la ciudadanía, a los jóvenes, campesinos, clase media y universitarios, les digo que hay que tomar y ondear con orgullo la bandera de la renovación y el cambio; por esto y más razones, mi voto es por Gustavo Petro. 

*Estudiante de Ciencia Política y Gobierno - U. Jorge Tadeo Lozano.

Escrito por Felipe Tarquino Sánchez.Estudiante de Ciencia Política y Gobierno- U. Jorge Tadeo Lozano

Ante las elecciones

Por José G. Hernández.-Los ciudadanos colombianos acudiremos a las urnas el próximo domingo 17 de junio para elegir al Presidente de la República. Lo debemos hacer con sentido democrático; pensando ante todo en los problemas del país -que no son pocos- y en las soluciones que proponen los dos candidatos.

La aplicación del procedimiento establecido en la Carta Política de 1991 nos ha llevado a la necesidad de escoger entre las dos fórmulas que obtuvieron mayor votación el 27 de mayo. Pese a cuanto se ha dicho por los partidarios de una y otra -muchas veces con enorme e injustificada agresividad- este fenómeno político -la confrontación entre dos opciones antagónicas- es precisamente lo propio del sistema democrático. No debemos asustarnos. Simplemente, debemos resolver, con fundamento crítico y sin prevenciones ni odios, con quién nos vamos. El voto es secreto, y entre todos habremos de contribuir, ojalá con gran madurez, a señalar el rumbo de Colombia en los próximos cuatro años.

El momento es trascendental. Participar en las elecciones en esta segunda vuelta, votando por la opción política que cada uno estime más conveniente, es una magnífica oportunidad para escribir una importante página en la historia de la República, en paz y dentro del respeto que merecen las ideas ajenas.

Lejos de la fastidiosa polarización que ha predominado en Colombia en los últimos dos años, considero que estamos ante dos candidatos legítimos, cuyos criterios –claro está, como es propio de la democracia- son totalmente distintos sobre la forma de concebir la sociedad y el papel del Estado y del gobierno, lo cual no los descalifica de suyo en lo personal ni en lo político, y merecen ambos el respeto del ciudadano, que no riñe con el derecho de todos a sufragar según sus convicciones.

Los dos aspirantes han asumido el compromiso de garantizar la paz y prometen no destruir el Acuerdo firmado entre el Gobierno y las Farc-Ep,  aunque, siendo cierto que el Estado se encuentra obligado por lo pactado,  también lo es que -como lo hemos dicho varias veces- los nuevos dignatarios del Congreso y del Gobierno tienen todas las facultades para modificar las disposiciones constitucionales y administrativas aprobadas, y deben expedir las que hacen falta para el cumplimiento de los acuerdos. Es decir, son necesarios los ajustes razonables y proporcionados, cuya introducción beneficia inclusive a los desmovilizados, en cuanto les otorga mayor seguridad jurídica.

La verdad hay que reconocerla, y sabemos bien que, en la fase de implementación del Acuerdo Final, se dictaron normas de distinto rango pero sin la mira puesta en la integración razonada y medida de sus mandatos al ordenamiento jurídico, sino con el propósito -de cortísimo plazo- de mostrar a los colombianos y al mundo una fachada maravillosa en materia de paz, para lo cual no se vaciló en propiciar que fuesen acogidos los contenidos normativos -fueran los que fueran-, sin campo para las iniciativas diferentes, ni para el debate jurídico y de conveniencia en el interior del Congreso, lo que, unido a las varias equivocaciones oficiales y a las no menos erróneas decisiones de la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, han conducido a una creciente desinstitucionalización.

Por lo demás, las elecciones del domingo son la ocasión para demostrar la madurez política del pueblo colombiano. Y deseamos sinceramente que se desenvuelvan de manera pacífica, por fuera de la infortunada polarización que nos viene aquejando. Las dos candidaturas son válidas, y frente a ellas debemos asumir posiciones sensatas: con libertad y razón, cada votante ha de escoger lo que mejor estime, sin que por ello tenga que afrontar insultos, ofensas o calumnias, ni en las redes sociales, ni en los sitios públicos, ni en el interior de las familias o de las comunidades.

Que gane el que encuentre mayor aceptación popular gracias a sus buenos programas y propuestas. Todos aceptaremos, en democracia, los resultados de la votación.

Escrito por José Gregorio Hernández. Expresidente de la Corte Constitucional

Llegó la hora del cambio

Por Jairo Gómez.- Quiero retomar el epílogo de mi anterior columna para escribir este aporte semanal con el que trato, humildemente, de poner en contexto la realidad nacional: “Te conozco bacalao aunque vengas disfrazao”.

Esta frase de una salsa setentera, la de la crónica social y la denuncia de la corruptela, el abuso de poder, la pobreza y la desigualdad en América Latina, describe inequívocamente a la derecha colombiana.

Esa derecha que después de los resultados electorales del pasado 27 de mayo, quedó arrinconada y por primera vez, después de Jorge Eliécer Gaitán (asesinado por las oligarquías conservadoras), hoy ve amenazada su continuidad en el poder. También, por primera vez en 60 años, se dejaron contar y, por supuesto, ya sabemos cuántos son y quiénes son. Pero mejor aún, los electores de izquierda y de centro hoy creemos, con certeza, que los podemos derrotar, que es posible construir otra Colombia.

Hoy nos queda claro que Uribe, Pastrana, Gaviria, Vargas Lleras, Partidos Políticos tradicionales, Gremios Económicos, Banqueros, clanes regionales, gamonales y caciques son la misma cosa. Nada los diferencia; su objetivo es el mismo: preservar para sus intereses, el poder. Los une su veneración a la codicia, el individualismo, y la voracidad por apropiarse de los dineros públicos. Nos engañaron durante décadas haciéndonos creer que entre ellos había diferencias ideológicas y ¡no! Son un puñado de personas uniéndose por un puñado de dólares, como los forajidos de la célebre película de Sergio Leone.

No se puede decir que Duque sea un corrupto, pero la mayoría de la gente que lo rodea hiede a corrupción. Sin siquiera pactar un acuerdo programático le entregaron las banderas a Uribe, el dueño de la gran y nueva componenda electoral. Todo es una farsa. No hay tal unidad por el bien del país, es un verdadero concierto clientelista. Todo lo que hacen y van a hacer para gobernar es corrupto: el clientelismo seguirá vigente; la tal mermelada (57 billones de pesos en los dos últimos gobiernos, dice la revista SEMANA) no desaparecerá, llegará más aceitada; las tales familias en acción (inventadas por Uribe) seguirán siendo una estrategia para disimular la compra de votos; se mantendrá el soborno de las grandes corporaciones y de los dineros del narcotráfico para cambiar el rumbo de la política y la democracia; y las firmas encuestadoras seguirán siendo instrumentos de manipulación y una herramienta macabro-electoral. 

No fue la izquierda de Petro ni el centro de Fajardo quienes se robaron Reficar: el desfalco asciende a 2.500 millones de dólares; ni fueron los responsables de que el puente Chirajara se fuera al piso; ni son responsables de que Hidroituango esté al borde del colapso: se estiman en 12 billones de pesos las pérdidas materiales, ni qué decir de la tragedia humana, del suplicio de los compatriotas en los valles y las ciénagas; centro e izquierda  tampoco son los responsables de los falsos positivos que, según una publicación inglesa, no fueron 3.000 sino 10.000 jóvenes; tampoco son responsables de que en Colombia existan cerca de 8 millones de desplazados por culpa de un conflicto interno que los enemigos de la esfera pública utilizaron para hacer la guerra y lucrarse con la sangre de humildes soldados, policías y campesinos quienes, a falta de alternativas, tuvieron que engrosar las filas guerrilleras; tampoco son responsables de que la tal apertura económica de los noventa (César Gaviria) provocara miseria y pobreza en el agro colombiano; y no son los responsables de la quiebra del sector financiero que tuvimos que pagar las clases medias de este país (Andrés Pastrana).

Lo que ha sucedido en Colombia es el saqueo más infame de un país por parte de castas perversas, muchas hoy al lado de Uribe. Convirtieron Colombia en un botín, en el negocio lucrativo de familias enteras y de élites mezquinas, terratenientes y financieras que le cerraron las puertas a una sociedad que pide a gritos cambios de fondo. 

Todos son lo mismo, no lo duden. Ellos son los culpables del atraso y la desidia. Por eso más de 10 millones de colombianos que votamos libremente el pasado 27 de mayo le dijimos a esas castas políticas que estamos cansados, que llegó la hora del cambio y ese cambio lo representa Gustavo Petro.

@jairotevi

Escrito por Jairo Gómez

La Abeja Politizada

Por Giovanni Décola.-La abeja es el insecto más importante de la naturaleza. Albert Einsten, predijo que, si las abejas perecen, a la especie humana, solo le quedarían cuatro años de vida.

Ellas son las responsables de la polinización de más de 25.000 especies de plantas con flores y del 65% de la producción agrícola.

En las dos últimas décadas, las colmenas de abejas, cada una de ellas, compuesta por miles de obreras, unos pocos zánganos y una sola reina,  se han reducido en dos terceras partes a nivel global. La deforestación, las fumigaciones sin control, el avanzado deterioro del medio ambiente, el cambio climático, las instalaciones de redes eléctricas no subterráneas y de antenas de todo tipo, han mermado su número a niveles realmente alarmantes.

La apicultura hasta hace 25 años era un negocio rentable. La miel, el polen, la jalea real, el propóleos, la cera y hasta su veneno denominado apitoxina, se obtenían en cantidades considerables y rentables. Hoy, ni lo uno ni lo otro.

El apoyo de los gobiernos a los apicultores ha sido insuficiente e inocuo para salvarlos de una crisis que ellos no provocaron y que los arruinó. Los esfuerzos por sacar adelante el proyecto de ley 176 de 2017 de cámara, por medio de la cual se reglamenta la protección de las abejas, solo ha pasado el primer debate, mientras ellas agonizan y los apicultores empobrecidos cambian de oficio.

Colombia es un país agrícola por excelencia, y la extinción de las abejas, sería fatal, no solo para nuestros apicultores, sino también para nuestros campesinos, y como no, para los colombianos, que al tener que importar muchas de nuestras frutas y verduras, el aumento de sus precios, lastimará nuestros maltrechos bolsillos.

Tuvo que haber un ataque reciente de estos valiosos insectos en una manifestación del Senador Alvaro Uribe, a varios de sus simpatizantes, para que Colombia se acordara de quienes nos dan la dulce miel.

En una de las más de las tantas versiones de la biblia en español, encontré en Deuteronomio 7:20, lo siguiente: "Jehová, tú Dios, mandará abejas contra quienes abusen del pueblo, y los que escapen de mi presencia, los avergonzaré a causa del pánico". Seguramente, las abejas se politizaron y saben con certeza a quien hay que derrotar.

Uribistas acusaron a los petristas de atentados bioterroristas con abejas “castrochavistas”. Petristas celebraron que las abejas hallan descubierto “su paraco”. Una elección donde no ganarán Duque ni Petro, sino el antiuribismo o antipetrismo.

Como Apicultor, solo confío en que el próximo 17 de junio, la gente OBRERA de Colombia, derrote a los ZÁNGANOS, que quieren seguir siendo dueños de la dulce miel que no han trabajado, y de esa manera evitar que la corrupción, se perpetué como la REINA de todos los males de nuestra COLMENA llamada Colombia.

Si los Zánganos resultan ser más, al igual que ocurre con la Colmena, ésta pronto perecerá. No quiero que ocurra lo mismo con la República.

Para definir nuestro voto, basta con revisar la lista de adhesiones que han tenido cada uno de los candidatos. Ya no se trata de la paz o la guerra, sino de Salvar la Democracia o resignarnos a que un enjambre de corruptos, se adueñe del país.

Iván Duque no es el problema, sino su patrón y esa nefasta alianza de intereses tan disimiles como nauseabundos. Si fueron corruptos los ocho años de Gobierno de Uribe, en el cual solo tenía alianza con los conservadores, no me quiero imaginar esa rebatiña de miel, puestos y contratos ahora que se sumaron los de Cambio Radical, la U, lo que queda del Partido Liberal, y otros especímenes más.

No creo tampoco que Gustavo Petro solucione en cuatro años, los graves problemas que azotan a Colombia hace 200 años. Pero sería un tanque de oxígeno enorme para salvaguardar el remedo de Democracia que nos queda.

Sería, un tatequieto a esa clase política que ya no se ruboriza, a la hora de unirse, para repartirse el botín.

Llegó la hora de un verdadero cambio, y es ahora o dentro de 70 años. Y una espera tan larga, ni mi cuerpo ni Colombia la resistiría.

Escrito por Giovanni Décola. Abogado y Periodista.

Bienvenida la consulta anticorrupción

Por Guillermo García Realpe.  @GarcíaRealpe Después de mucho tiempo y de una larga espera, el Congreso de la República dio aval para que se convoque la consulta anticorrupción como mecanismo para frenar este grave flagelo que es uno de los principales males que viene afectando a Colombia.

La consulta anticorrupción es un mecanismo de participación popular que se estrenará en el país y es un claro mensaje para ponerle fin a las prácticas que usan los corruptos para llenar sus arcas a costillas de los dineros públicos.

Según la Contraloría General de la República, cada año $50 billones van a parar a los bolsillos de los corruptos, sin duda, una cifra exorbitante y aterradora, de ahí que se hace necesario ponerle fin de una vez por todas a este grave flagelo que llena de indignación al pueblo colombiano.

La consulta tendrá siete preguntas y se requiere que por lo menos cerca de quince (15) millones de ciudadanos acudan a las urnas para responder SI a los interrogantes que ahí se plantean.

La reducción del salario de los congresistas y de altos dignatarios del Estado es uno de los puntos más centrales de la iniciativa, que pretende bajar de 41 a 25 salarios mínimos mensuales vigentes, equiparando al país con los salarios que en promedio devengan congresistas en la región.

Un segundo punto establece que los corruptos NO tendrán casa por cárcel, ni mucho menos subrogados penales, por el contrario tendrán prisión intramural sin rebaja de penas.

El tema de la contratación también se endurece y se acaban los pliegos “sastre” que se hacen a la medida del contratista para que accedan de forma expedita a las licitaciones menores y también de millonarios recursos.

La rendición de cuentas será obligatoria para que los ciudadanos conozcan de primera mano las gestiones legislativas de sus congresistas, en nuestro caso, periódicamente rendimos cuentas de nuestra actividad en el Congreso y lo publicamos en los diversos medios virtuales.

Las declaraciones de renta deberán ser públicas, en ellas se deberá establecer todos los bienes y conflictos de interés de quien aspire a posesionarse en cargo público, así se sabrá con qué patrimonio entra y con qué se sale, como un instrumento de transparencia y de recuperación de la confianza de los ciudadanos hacia su institucionalidad.

Limitar los períodos en corporaciones públicas es otra de las preguntas que los ciudadanos deberán responder en la consulta anticorrupción, en ella se establece que sólo se podrá permanecer en las mismas sólo hasta tres períodos consecutivos, algo que realmente es justo, la política hay que oxigenarla, dejar espacio para nuevos liderazgos y no perpetuarse en el poder.

Se ha dicho inicialmente que la consulta podría ser convocada para el próximo domingo 02 de septiembre, y en los próximos tres meses los promotores podrán adelantar la respectiva campaña.

De todas formas nuestro voto será sí a todas las siete preguntas que este mecanismo establece como un mensaje de lucha anticorrupción y como aliado de las buenas prácticas de transparencia, porque quienes conocen de cerca nuestro actuar, durante más de 30 años de carrera pública, nunca hemos estado vinculados a escándalo alguno, siempre hemos impulsado una política sana, sin manto de dudas, sin suspicacias y dentro del marco del respeto por los recursos públicos, por la confianza de nuestros electores y como un acto de lealtad con la patria.

Bienvenida la consulta anticorrupción, los invito a que participemos masivamente y derrotemos en las urnas a los corruptos, este es un paso inicial muy importante para hacerlo y de todos depende que tengamos un país libre de éste flagelo que sigue carcomiendo a las entidades públicas y privadas del país.

Escrito por Guillermo García Realpe. Senador Liberal de Colombia.

¡Ya era hora!

Por Amylkar D. Acosta M.- Primero fue la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) la que, mediante la Resolución 60 del 11 de diciembre de 2015, decretó unas medidas cautelares tendientes a “preservar la vida y la integridad de niños y adolescentes de Riohacha, Uribia, Manaure y Maicao” amenazadas seriamente por los flagelos del hambre, la desnutrición y el abandono inveterado por parte de todos los gobiernos.

Por nuestra parte respaldamos en su momento esta decisión de la CIDH por considerar que la misma respondía a la tragedia humanitaria por la que atravesaba y sigue atravesando la comunidad Wayüu, cuya población es la más vulnerable entre las vulnerables, en la que los niños a temprana edad se desgajan del árbol de la vida como si fueran racimos podridos acabados de nacer. Demandamos sin éxito de parte del Gobierno Nacional el cumplimiento de dichas medidas cautelares, para lo cual planteamos entre otras medidas urgentes la expedición del Documento CONPES para la erradicación de la pobreza en La guajira, el cual sigue durmiendo el sueño de los justos en los anaqueles oficiales sin concretarse.

Posteriormente, con motivo de la crisis de gobernabilidad del Departamento, acéfalo en ese momento a raíz de la suspensión en el ejercicio de sus funciones del Gobernador recién electo, visitamos en la Casa de Nariño, en compañía de prestantes personalidades de La guajira, al señor Presidente para pedirle, entre otras acciones, su inmediata intervención para que se aprobara de manera expedita el Documento CONPES de la referencia, en el cual se contempla “una estrategia para la disminución de las brechas sociales en La guajira, con énfasis en la erradicación del hambre y la desnutrición infantil”, el cual todavía seguimos esperando, en momentos que el actual Gobierno llega a su final.

En marzo del año pasado, el señor Procurador General de la Nación Fernando Carrillo solicitó a la Corte Constitucional declarar el “estado de cosas inconstitucionales”, debido a la crisis humanitaria en que se debate La guajira toda y pidió, además, “unificar las medidas que tanto el Gobierno Nacional como los entes territoriales deben adelantar para superar el estado de crisis que soporta la Gran Nación Wayüu”. Qué alcance y qué efectos tiene dicha declaratoria? De conformidad con la sentencia T-025 de 2004 de la propia Corte la misma se define como “la declaratoria que hace la Corte Constitucional, cuando se constata la vulneración repetida y constante de derechos fundamentales que afectan a multitud de personas, cuya solución requiere la intervención de distintas entidades para atender problemas de orden estructural”.

Posteriormente trascendió la noticia, que le dio la vuelta al mundo, según la cual en el curso del trámite de ingreso de Colombia a la OCDE, Human Rights Watch (HRW), le solicitó analizar previamente “la emergencia alimentaria del pueblo Wayüu”, al considerar que su respuesta al requerimiento de la CIDH por parte de las autoridades dejaba mucho qué desear. En su pronunciamiento su Director para las Américas José Miguel Vivanco manifestó “en el Departamento de La guajira, los niños Wayüu mueren de hambre en tasas desproporcionadamente altas”.

Pues bien, la Corte Constitucional, en vista del desacato de su Sentencia T – 302 del 8 de mayo de 2017, en la que se acogía el pedido de la Procuraduría en el sentido de declarar el estado de cosas inconstitucionales, acaba de ordenar su cumplimiento. Su Sala Séptima de revisión había confirmado el fallo de la Sala de Casación de la Corte Suprema de Justicia, avalando la orden dada por el Tribunal Superior de Riohacha que amparaba el derecho de las comunidades in comento a acceder al agua potable y salubre. Procedió de esta manera, al considerar que “existe un incumplimiento de los parámetros mínimos constitucionales aplicables a las políticas públicas del Gobierno Nacional, de La guajira, de los municipios de Riohacha, Manaure, Maicao y Uribia y de las autoridades indígenas con jurisdicción en esos municipios”.

Al declarar el estado de cosas inconstitucionales, la Alta Corte ordenó que se tomen medidas prontas y eficaces para superarlo y así evitar situaciones tan aberrantes “como el que los indicadores de tasa de mortalidad por desnutrición de menores de cinco años para el Departamento de La guajira no alcance la meta establecida en el Plan Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional o alcance el nivel promedio del país”. Precisa la Corte que, según el Informe que le sirvió de base para su determinación, “para el año 2013, la tasa de mortalidad por causas asociadas a desnutrición en menores de cinco años fue de 32,54% por cada 1.000 niños en el departamento, y el promedio nacional fue de 6.76”.

Y va más lejos la Corte Constitucional, al confirmar la orden dada por el Tribunal Superior de Riohacha a las entidades demandadas sobre medidas inmediatas para que las comunidades beneficiarias puedan tener acceso a agua potable y salubre”. La Justicia cojea, pero llega!

Barranquilla, junio, 8 de 2018

www.amylkaracosta.net

Escrito por Amylkar D Acosta M. ex presidente del Congreso y ex ministro de Minas y Energía.

Gracias a las víctimas

Por Juan Manuel Galán.- En cifras globales hay más de 8.5 millones de víctimas en Colombia, lo que representa un poco más del 18% de la población de nuestro país. Todos saben que para atenderlas, en el 2011 se promulgó la Ley 1448 que creó un andamiaje institucional para cumplir su propósito. Esa misma ley, le ordenó al Congreso conformar una comisión con miembros de todos los partidos para efectuar el seguimiento a su aplicación. Bajo este contexto, la Comisión de Seguimiento a la Ley de Víctimas llevo a cabo su última sesión en el Congreso de la República y presentó el resultado final de su trabajo.

El enfoque en las regiones fue prioritario para la comisión. Así se realizaron Foros Regionales y Temáticos, acompañados por más de 3.000 asistentes, de más de 50 municipios y 12 departamentos; experiencia que fue plasmada en el video documental “Víctimas, una mirada a la reconciliación”. Eso nos permitió lograr una acción transformadora de verdad. Me refiero al trabajo de incidencia política que se hizo en el Congreso para incorporar, las prioridades de las víctimas del conflicto armado, en la agenda del Parlamento y específicamente en las iniciativas sobre el Procedimiento Legislativo Especial para la Paz.

Así construimos un puente para acercar la institucionalidad a las víctimas, que trajo beneficios de doble vía. Por un lado,  permitió a las víctimas hacer aportes de manera constructiva para enriquecer el debate legislativo y no solo identificar responsables de su propia situación. Por otro lado, le permitió al Congreso cambiar la idealización de lo que es una víctima. Reconocer también que más allá de un sujeto vulnerable, hay un protagonista de la vida pública conocedor de primera mano de las causas del conflicto y capaz de hacer aportes para lograr la reconstrucción del país. 

Este es un camino que no podemos deshacer. Es necesario comprometer al nuevo gobierno en la profundización de los avances en reconocer a las víctimas. Por eso es urgente tener en cuenta los principales retos de la legislación que se concentran en el subregistro de las víctimas en el exterior, los bajos porcentajes de cumplimiento en restitución e indemnización administrativa y el déficit presupuestal. Es inevitable concluir que las metas definidas en la ley del 2011, no se cumplirán en el corto plazo. Sin duda y con paso firme hay que avanzar en la ampliación de la vigencia de la ley para cumplir con su propósito, antes de que caduque.

Escrito por Juan Manuel Galán. Senador Liberal.

Resultado electoral y voto en blanco

Por Jorge Enrique Robledo.-Todo voto a conciencia, así se esté en desacuerdo con él, es respetable: por uno o por otro candidato y por supuesto en blanco (cuatro millones de franceses acaban de votar así), si el ciudadano, a su juicio, considera que ninguno de los candidatos pasa los mínimos indispensables para hacerse merecedor de su confianza.

En el Polo se descartó a Duque, la mayoría votará por Gustavo Petro y en un amplio sector votaremos en blanco. A Petro le hicimos una vigorosa campaña presidencial en 2010, a pesar de que nuestra primera opción había sido Carlos Gaviria, pero, lamentablemente, el 2 de agosto de ese año, él rompió con el Polo porque no quisimos elegirlo presidente del partido para consumar un acuerdo que sin consultarnos ya había hecho con Juan Manuel Santos, quien acababa de vencerlo en las urnas. Y porque la confianza que debe sustentar las relaciones personales, de negocios y políticas acabó de perderse, además de otras razones, cuando desde la primera vuelta de 2014, y existiendo candidatura del Polo, Petro decidió respaldar la fórmula Santos-Vargas Lleras. En http://bit.ly/2LRzkig aparecen los detalles de esta historia, que también refutan la falacia de que esta fractura se debió al carrusel de la contratación.

La repugnante matonería de la que estamos siendo víctimas los partidarios del voto en blanco, lejos de amilanarnos, nos fortalece. Porque les da otra razón a nuestras convicciones y ayuda a refutar la falacia de que votar en blanco es votar por Duque o por Petro, dependiendo de lo que se les antoje endilgarnos a nuestros contradictores.

Las pasadas elecciones no tienen antecedentes en Colombia. Porque confirmaron que sí es cierto que los colombianos estamos hasta la coronilla de la clase política y de los partidos que han impuesto a tantos pésimos gobernantes, hasta el punto de llevar a la debacle a sus candidatos presidenciales. Si Duque se salvó de la hecatombe fue porque ocultaron su origen turbayista y santista y, manipulando el proceso de paz, Uribe creó la ficción de que Santos y él no eran de los mismos con las mismas, como si no tuvieran idénticos orígenes políticos, no hubieran gobernado juntos y el propio Uribe no nos lo dejara en la Casa de Nariño como una de sus peores herencias.

Con la decisión de César Gaviria de adherir a Duque, adhesión a la que se sumaron las demás fuerzas de la Unidad Nacional –sin fotos, claro, no sea que se les pierda un voto–, se le dio veredicto final a un debate en el que también nos han agredido para silenciarnos, con la mentira de acusarnos de no ser partidarios del proceso de paz porque no le alcahueteamos a Santos las muy retardatarias medidas que logró colar al amparo de dicho proceso, por lo demás con el apoyo del uribismo. La vida terminó por confirmar que Uribe, con toda irresponsabilidad, exageró sus desacuerdos con el proceso de paz para mejor competirle políticamente a Santos, quien, a punta de mermelada, convirtiera en santistas a los congresistas uribistas, proceso que hoy, con un pique bastante cómico, se está dando en sentido inverso, convirtiendo al uribismo a muchos de los hasta ayer santistas.

De un inmenso significado político, presente y futuro, fue la gran votación por Sergio Fajardo, a quien poco le faltó para pasar a la segunda vuelta y sin duda ganar la Presidencia de la República. Una candidatura montada sobre unos fundamentos éticos sin los cuales ningún país puede darse el rumbo correcto, con un programa democrático en el que están representados los anhelos de progreso del conjunto de la nación colombiana, proyecto desarrollado por la Coalición Colombia, el acuerdo entre la Alianza Verde, Compromiso Ciudadano y el Polo Democrático pensado para actuar también conjuntamente en las elecciones de 2019 y 2022.

Con independencia del resultado de las elecciones del 17 de junio, seguiremos luchando según nuestras convicciones, siempre esforzándonos por lograr que el cambio por el que han empezado a moverse los colombianos sea el que de verdad les convenga a los intereses nacionales, al margen de las incomprensiones y agresiones que pueda generarnos.

Escrito por Jorge Enrique Robledo. Senador del Polo Democrático Alternativo.

Se vende el Partido Liberal

Por Diana Marcela García Barón.- La decisión de la jefatura única del Partido Liberal, el ex presidente César Gaviria Trujillo, de adherirse a la candidatura de Iván Duque Márquez, va en contra de todos los principios e ideales de la histórica colectividad roja. 

Esa determinación le dio una estocada al Partido Liberal… ¡El liberalismo ha muerto! Eso nos duele a miles y miles de liberales que desde las bases, de una u otra forma, principalmente con el voto, han luchado para recuperar el poder y gobernar a Colombia. 

El interés personal de un Expresidente, que llegó a la jefatura de Estado porque recibió las banderas del inmolado Luis Carlos Galán Sarmiento, por parte de su hijo, Juan Manuel, y que ahora está arrepentido de haberlo hecho, permite establecer el desastre y hundimiento del partido del pueblo. 

En mis recuerdos quedará aquel partido que luchaba por mantener y proteger la institucionalidad del país, la cual se está viendo en peligro con propuestas como la “Reforma a la Justicia” del candidato Iván Duque y que tiene como base la unificación de Cortes, eliminando así uno de los grandes avances de la constitución del 91: la creación de la Corte Constitucional donde está consignada la tutela, entre otros derechos fundamentales. 

Duque es la antítesis de los ideales liberales, debido a que pone a un lado el Estado laico e invoca que la biblia será su guía en su gobierno. Cuenta con el apoyo de Vivian Morales quien promovió un referendo discriminatorio frente a la adopción de niños para las parejas del mismo sexo. Se le suma la fuerza de derecha, más no electoral, del ex procurador Alejandro Ordoñez, quien también ha discriminado a las parejas del mismo sexo y que busca que se les prive de la posibilidad de crear una familia. 

Con la decisión personalista de Gaviria, el liberalismo pone a un lado su lucha contra la utilización de la fumigación como método para la erradicación de los cultivos ilícitos, olvidando el daño que no solo le causa esta práctica al medio ambiente, sino también a todos los campesinos que lo único que conocen y saben hacer es trabajar la tierra, tierra que será infértil debido a la fumigación. 

Irónico es que quien apoyó de manera abierta el proceso de paz, sea hoy quien invite a los liberales a apoyar al candidato a la presidencia por el partido Centro Democrático, un Partido que ha mostrado abiertamente su rechazo al posconflicto, a la JEP y que busca hacer trizas el acuerdo de paz. 

Quién juró llevar en alto las banderas del partido liberal luego de la muerte de quién dio su vida por su patria y su partido, el Señor Luis Carlos Galán, hoy decide darle la espalda a un colectividad con historia en reivindicaciones sociales y progresistas, y a cambio, pide votar por una opción a la Presidencia que entierra al liberalismo y que da la posibilidad de reencarnar a Uribe en el poder. 

Sí es cierto que la política es dinámica, pero es vergonzante que un ex presidente Liberal, a su antojo, sin el mínimo respeto por los ideales e idearios liberales y que están incrustados en las necesidades del pueblo, haya abusado arbitrariamente acompañar la candidatura del Centro Democrático. 

Se quedará solo el expresidente Gaviria, mirando el horizonte de Simón, no el grande: Bolívar, sino de su hijo, quien en el camino del nepotismo, los liberales le van a recordar que quien gobernó a Colombia con la bandera liberal de 1990 a 1994, pidió el apoyo a una candidatura que ha cuestionado y sigue criticando el proceso de paz para la reconciliación y la convivencia nacional. 

Señoras y Señores, el liberalismo se vendió al mejor postor… al Centro Democrático, al Castrochavismo.

Escrito por Diana Marcela García Barón. Estudiante de Derecho.