Opinión

Ideología cero

Por Gabriel Ortiz.- Los diez y seis días que faltan para una primera vuelta electoral dejan muy en claro que en Colombia se perdió cualquier ideología política, porque la corrupción, la violencia y los débiles y dóciles dirigentes la derrotaron. Esta población carece de doctrina, convicción, filosofía e ideas políticas.

Antes existían partidos con principios y fortaleza en ideas, líderes y dirigentes con convicciones, con ideales, con fundamentos, con garra, con honestidad.

El Frente Nacional sirvió para recuperar la democracia y limar asperezas entre las dos principales colectividades que manejaban la política colombiana con hegemonía. Subía un partido y temblaban hasta los porteros. Se introdujo la paridad.

Antes los ganadores permitían a los contendores participar burocráticamente, a regañadientes. Más los partidos sostenían su filosofía y sus principios. Las dos colectividades de entonces, y un incipiente partido de izquierda, mantenían su pensamiento, mentalidad, consciencia y honor. Solo el propósito de lograr lo mejor para los habitantes, impulsaba sus tesis y fundamentos.

El Frente Nacional duró 16 años repartiendo el poder entre las dos colectividades y manteniendo la paridad de funcionarios.

El fermento de la violencia nos privó de dirigentes de gran valía y trayectoria que fueron vilmente asesinados. Uno, por cuenta del narcotráfico, cuando estaba en la antesala de la presidencia y otro, que bordeaba ese umbral, por negarse a participar en una conspiración para generar un golpe de estado.

A pesar de todo, los partidos políticos se mantuvieron fieles a sus principios y firmeza ideológica, hasta que un presidente que había militado en el liberalismo, en el poder popular de Samper y en otros movimientos con esas ideologías, tomo las banderas de la extrema derecha, para darle el puntillazo final a los partidos tradicionales.

Por ello hoy estamos en vísperas de que algún grupo sin marcada ideología pueda llegar a la presidencia de Colombia. Ese alud nos ha conducido a la más grave y desastrosa polarización que ha servido para entronizar los partidos de garaje sin ideología, que hoy disputan posiciones y mandatos. Aflora el todo vale para ganar votos. Unos puestos o corruptos contratos convierten los agravios en abrazos.

Nunca antes se había visto tal cantidad de movimientos ávidos, hambrientos y anhelantes de pisar la Casa de Nariño.

En esas estamos. Quienes nos convencían con rectos principios, hoy bajo otras banderas, rodean al que más ofrezca. La corrupción, la violencia y la docilidad y sumisión de los líderes, han destruido nuestros partidos políticos. Un parcializado Consejo Electoral, las falsas promesas de candidatos, las “bodegas” virtuales y caninas disciplinas, manejan política y votaciones.

El populismo, la carencia de ideología y los azotes a un proceso que nos ha sembrado la convivencia, impedirán que podamos avanzar por senderos de progreso y prosperidad que garanticen a los próximos dirigentes eliminar los desequilibrios y la brecha, que impiden la justa repartición de nuestras riquezas.

BLANCO: El firme precio del crudo y el sostenimiento de la calificación del país.

NEGRO: La obstinación de Peñalosa por metro elevado y transmilenios chimenea.

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