Opinión

Paz, narco y corrupción

Por Gabriel Ortíz.- Para algunos a la paz le llegó su 9 de abril y manifestaron alborozo. Pero la sensatez de la mayoría hizo reflexionar a una Colombia que apenas empieza a usufructuar la convivencia.

La paz no es débil, no desfallece ante la menor dificultad. Se impone contra viento y marea y soporta los zarpazos de quienes quieren volverla trizas.

Lamentable lo ocurrido el 9, porque se presta para aplicar los más bajos golpes a la naciente reconciliación. De resultar cierta la participación de “Santrich” en el tráfico de coca, pueden venir ventarrones contra el proceso. Pero este, por fortuna, tiene defensas y blindajes que impedirán que se vaya a pique como pretenden quienes buscan un rio revuelto votos para alcanzar la presidencia. “Santrich” tendrá debido proceso y la misma Farc han dicho que si la JEP lo encuentra culpable, aceptarán esa decisión.

El narcotráfico es una amenaza para Colombia y para la paz. Desde hace muchos años a nuestro país y a nuestra gente las azota la corrupción, que  sembró el narcotráfico con la barbarie del dinero fácil.

Está por todas partes. La practican los grandes y los pequeños. Se utiliza para todo. Para ganar elecciones, para obtener posiciones, en los sectores público y privado.

La paz no podía pasar inadvertida para los corruptos. Trataron de penetrarla incursionando en la contratación, en el manejo de los fondos que con sacrificio destinan los colombianos y el mundo con generosas donaciones.

Los enemigos de la paz se amparan en la corrupción para desacreditar el proceso, pero esconden la mano cuando reciben sinecuras o contratos.

Critican a las Farc, dicen que no entregaron rutas del narcotráfico, no todas las armas, los niños, ni las caletas y los bienes. No ven los beneficios de la paz si no reciben contratos. Si hubiera repartición y corrupción, ella sería una panacea. La defenderían como a ciertas gobernaciones que trafican con los alimentos para los niños, con pensiones  para falsos dementes, con modificaciones a los POT, con montajes de “reficares” llenas de oro y maquillaje de balances. Esa es la corrupción que se quiso apoderar del proceso de paz.

El caso “Santrich”, viene cargado de tigre para golpear brutalmente la convivencia.

Colombia no puede malograr el esfuerzo de un puñado de hombres y mujeres que sin desmayo alcanzaron lo que muchos rechazaban y lo que tantos empezamos a disfrutar.

La corrupción y el narcotráfico no pueden malograr los anhelos de un país, la esperanza de los casi 50 millones de compatriotas que caminan por las rutas del progreso, del bienestar y de la conservación de la vida.

Ni la corrupción, ni el narcotráfico, ni los caza-contratos podrán estropear nuestra paz: la paz es más fuerte que quienes buscan un atajo para llegar al poder en medio de una guerra que los beneficiará y lucrará.

BLANCO: La U. Externado confirma a un Señor Rector.

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