Opinión

La consulta que resulta

Por Juan Fernando Londoño.- Las consultas populares de los partidos son un muy buen negocio para los candidatos. Este es el fenómeno que explica el rápido crecimiento de Iván Duque y Gustavo Petro. El primero se perfila como el seguro ganador de la denominada Gran consulta por Colombia y el segundo parece tener un triunfo sólido en la Consulta inclusión social para la paz.

Las consultas para escoger candidato permiten proyectar la imagen de los candidatos que participan en ellas, posicionar sus ideas y atraer la atención de la opinión pública. Esto le ocurrió ya a Humberto de la Calle, quien gracias a la consulta liberal de noviembre pasado logró ascender en su intención de voto hasta el 10 por ciento. Incluso Sergio Fajardo, escogido en un proceso de consulta mediante encuestas también vio favorecida su intención de voto catapultándose al primer lugar de las preferencias con un 17 por ciento en diciembre pasado.

En esta ocasión son Duque y Petro los que se han beneficiado del bono de atención que generan las consultas y han protagonizado un crecimiento vertiginoso en los últimos meses. De acuerdo con el Índice Agregado de Preferencias Electorales (Iape) - que mide el comportamiento conjunto de los candidatos promediando el conjunto de las encuestas- Petro pasó de tener un 12 por ciento de intención de voto en diciembre a un 22,6 por ciento en febrero. Por su parte Duque pasó de un 9,8 a un 21,9 por ciento en el mismo período.

Factores externos han ayudado también ambas candidaturas, por ejemplo, los anuncios de procesos judiciales contra Álvaro Uribe generaron un proceso de cohesión de las bases del Centro Democrático en torno a su jefe y a su candidato presidencial, consolidando así las opciones de Duque tanto en la consulta como en la elección general. Por su parte, las dificultades para organizar las manifestaciones de Petro en Medellín y Cúcuta ayudan al protagonismo del candidato, mientras que las agresiones en su contra despiertan una solidaridad aún mayor.

Las consultas no solo aumentan la intención de voto, sino que efectivamente generan un importante flujo de electores cuando coinciden con los comicios parlamentarios. La confluencia genera que se inflen los resultados de las consultas, pues al fin y al cabo los ciudadanos no tienen que asumir un costo mayor por emitir un nuevo voto.

Lamentablemente, el fervor electoral producido por las consultas no necesariamente genera un apoyo sostenido en el tiempo. Varias veces quienes han ganado las consultas encuentran disminuido su capital electoral cuando llegan a la primera vuelta. Así ocurrió con Horacio Serpa en 2006 y con Noemí Sanín en 2010. De momento el protagonismo y el liderazgo en la intención de voto han permitido que los candidatos de los extremos del espectro político se roben el show. La pregunta es si esos niveles de favorabilidad se mantendrán hasta asegurar su paso a la segunda vuelta.

En el caso de Iván Duque el arrastre de la consulta parece más sólido y duradero. Por una parte, además del buen desempeño que pueda tener en la consulta va a contar con un posible triunfo del Centro Democrático en la elección del Senado. El uribismo cuenta además con el logro de su anterior candidato, Óscar Iván Zuluaga, quien ganó la primera vuelta en 2014 con una votación cercana al 30 por ciento. Con este conjunto de cifras no parece posible que la candidatura del senador se pueda desinflar.

La situación de Gustavo Petro es distinta. Por una parte, no se sabe qué pasará con su lista al Senado. Si la lista de los “decentes” no pasa el umbral sería un serio traspié para sus posibilidades, pero aún en caso de superar el 3 por ciento no parece posible que vaya a obtener una bancada fuerte para acompañar su aspiración. Los antecedentes no son tan sólidos como los del uribismo. En 2010 el propio Petro obtuvo en primera vuelta el 9 por ciento de los votos. Previamente, en el año 2006, el candidato Carlos Gaviria logró un 22 por ciento de los votos consiguiendo el mejor desempeño electoral de la izquierda hasta ahora.

Es previsible entonces que el empate de 22 puntos entre Duque y Petro refleje el piso electoral del primero y un posible techo para el segundo, juzgando por los antecedentes electorales. No obstante, es posible que el triunfo el domingo contribuya a que ambos sigan creciendo en las encuestas. Veremos si les dura hasta la primera vuelta.