Opinión

La puja en la derecha por las maquinarias

Por Jairo Gómez.-La puja en la derecha colombiana por ganarse la hegemonía en las próximas elecciones está para alquilar balcón. La llegada de Vargas Lleras prendió las alarmas en el Centro Democrático y eso tiene al máximo jefe, el senador Uribe, pegado del techo.

Naturalmente, el sosiego con que el expresidente estaba haciendo sus cálculos se ha visto alterado, no solo porque el ex vicepresidente le usurpó el discurso, sino porque llegó con todo su poderío a disputarle las maquinarias en plena ebullición electoral, y con las mismas armas: clientelismo puro y duro, y continuismo.

La maquinaria importa y ese trabajo lo venía haciendo, a placer, el expresidente Uribe, desde su cómoda curul en el Senado. Su discurso altisonante, si se quiere “veintijuliero”, el día del debate sobre la corrupción de Odebrecht, asumiendo de oficio la defensa de sus colegas en el Congreso, le sirvió de termómetro para intuir hasta dónde podría llegar en su propósito de aglutinar esos apoyos en torno a una gran coalición de derecha liderada por el Centro Democrático (CD). Ese día, al exmandatario, se le vio contento. Dio un golpe de mano oportuno, no oportunista.

Ese es Uribe, un viejo zorro de la política. Así son los caudillos. Alguna vez le preguntaron a De Gaulle: ¿qué no debe hacer un político? “Perder la iniciativa”, respondió; y en eso Uribe es un mago, ni corto ni perezoso sacó lo mejor de sí para recordarles a sus homólogos senadores, muchos de ellos  antiguos aliados en sus ocho años de gobierno, que en él pueden reeditar la lealtad y la confianza que encontraron en el pasado. Un discurso emocional, dirigido a una clase política acorralada por los escándalos de corrupción y ávida de continuismo. Ahora, en un gesto más de olfato político coyuntural,  se fue a un canal local a elogiar a su más enconado rival –V Ll- sobre quien reclamó en el reciente pasado una investigación “por intrigar en la elección del Fiscal General de la Nación” y hoy, en un giro de 180 grados, lo ensalza como un “hombre poderoso e inteligente”.  

El pragmatismo es un componente del arsenal político del expresidente y lo activa cuando se trata de sumar, por ello sus declaraciones le vienen bien en momentos en que Vargas Lleras irrumpe en la escena política con fuerza aupado por una estrategia mediática ampliamente favorable y, al mismo tiempo, sembrando dudas en torno a si la propuesta del CD es la única que le garantiza a la maquinaria su reelección. A diferencia de Uribe, el jefe de Cambio Radical va al grano con la suficiencia y seguridad que le da el haber administrado recursos del Estado durante cuatro años. 

La más reciente jugada de Vargas Lleras es un ejemplo de ello, un día de estos llegó a un  encuentro con varios senadores pesos pesados del partido Conservador (dice la Silla Vacía) acompañado del pastor Carlos Alonso Lucio, exguerrillero del M-19 y esposo de la líder cristiana del partido Liberal, Vivian Morales, hoy en franca rebeldía contra las directivas del partido Liberal y el gobierno. El encuentro podría ser uno más de tantos sino es por el mensaje que lleva implícito: todo está por escribirse, ni conservadores, ni liberales,  ni cristianos, están reservados  para el uribismo.

La maquinaria, un objetivo nada despreciable para Uribe y Vargas Lleras, porque en lo demás el relato es el mismo: comparten la estrategia de la mentira y el miedo; en lo económico, unas son las reglas para los ricos (financiadores de las dos campañas) y otras para los pobres; en política, encarnan el continuismo; y en la justicia, les preocupa la JEP del acuerdo de paz: perdieron el control sobre los magistrados y la verdad es incómoda. Ya pasaron los tiempos en los que se enfrentaban en los micrófonos y no se tenían compasión ni tregua, pero ambos saben que sólo el peso de la maquinaria determinará quien derrota a quien en primera vuelta. Lo predecible, lo más seguro, es que en una segunda vuelta la reedición del Frente Nacional sea un hecho y será la coalición de la derecha a derrotar. 

@jairotevi