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No podemos seguir durmiendo con el enemigo: Benedetti

Por redacción Ecos. Foto: El Heraldo.- Así lo aseveró el Presidente del Partido de la U Armando Benedetti, quien fue categórico en señalar que  las recientes posiciones negativas de Cambio Radical en el Congreso, respecto a proyectos que tienen que ver con implementar la paz, han generado molestias en los partidos de la llamada Unidad Nacional.

Benedetti enfatizó que es necesario recomponer esa alianza de cara al proceso electoral que se inicia y donde los colombianos elegirán el nuevo Congreso de la República y al Presidente de Colombia en marzo y mayo del 2018 respectivamente.

"Lo que pasó en esta legislatura que acabó es la prueba de que Cambio Radical no está con la paz y no podemos seguir durmiendo con el enemigo, es necesario que se recomponga esta unidad (...) Es una decisión que toma el presidente pero pues ya vemos de qué lado esta Vargas y su gente", sostuvo el senador Benedetti.

Además de las declaraciones frente al tema del congresista barranquillero, se suma la afirmación del director de Cambio Radical Jorge Enrique Vélez, quien aseguró durante un foro de tierras en Valledupar, que “el 90% de los decretos firmados por el presidente Santos para implementar el acuerdo de paz son inconstitucionales”. 

En el cierre de las sesiones del Congreso se empezó de esta forma a mover el ambiente entre todos los partidos y se inicia la partida del ajedrez político entre las diferentes fuerzas electorales con miras a alcanzar el poder en las próximas elecciones.

Países de la OEA negocian resolución sobre Venezuela

Por Redacción Ecos. Foto OEA Press. En la declaración de este lunes, Argentina, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, EE. UU., Honduras, Guatemala, México, Paraguay y Perú exigieron que se respete el orden constitucional en Venezuela, en el marco de la 47 Asamblea General de OEA, tras no lograr acuerdo en una reunión de cancilleres.

Esas naciones, entre ellas las más potentes de la región como EE.UU., Canadá o Brasil, tratan de convencer a, al menos, 3 países para que se sumen a los 20 que este lunes apoyaron su propuesta y así lograr una mayoría incontestable de dos tercios, según explicaron varias fuentes diplomáticas.

De acuerdo con el Reglamento de la Asamblea solo necesitarían 18 votos, pero quieren mostrar que tienen los apoyos que requería la reunión de cancilleres, dos tercios de los 34 estados representados en ese encuentro.

Entre algunas de las condiciones que se mencionan en la declaración, firmada este lunes están, por ejemplo, el cese de la Asamblea Constituyente, la liberación de los presos políticos, el fin de la violencia, el respeto del orden constitucional, incluyendo la restitución de los plenos poderes de la Asamblea Nacional y un calendario electoral y la apertura de un canal humanitario.

La declaración recoge los puntos de la propuesta de resolución presentada por Canadá, México, EE. UU., Panamá y Perú en la Primera Reunión de Cancilleres sobre Venezuela, celebrada en Washington, el pasado 31 de mayo y que también tuvo que suspenderse por falta de acuerdo.

La canciller venezolana, Delcy Rodríguez, repudió las declaraciones "destempladas e impertinentes" de su homólogo chileno, Heraldo Muñoz, al que acusó de entrometerse en los asuntos internos de su país.

En su cuenta de Twitter, Rodríguez arremetió contra Muñoz, quien este lunes fue el encargado de leer una dura declaración sobre la crisis venezolana que suscribieron once países de América ante la falta de consenso regional en la Reunión de Cancilleres celebrada en Cancún sobre la situación del país caribeño.

Rodríguez, respondió con tres tuits, en los que acusó al Gobierno chileno de ser "incapaz de derogar leyes pinochetistas, pero pretende intervenir en poderes constituyentes del pueblo venezolano".

"Exijo a canciller @HeraldoMunoz en nombre del pueblo de Allende, promover en su país una Constituyente que derogue Constitución de Pinochet", aseveró.

Para Venezuela, una solución sin precedentes

Por Enrique Krauze. Foto: France Press (AP).- Vivir en los extremos de opresión y libertad ha sido el destino de Venezuela. Hace doscientos años, en su guerra de independencia (las más larga del continente), los venezolanos se mataban entre sí con indecible ferocidad: friendo las cabezas de sus enemigos, asesinando niños, ancianos, mujeres y enfermos, hasta perder la cuarta parte de su población y casi toda su riqueza ganadera. Pero extremas también, en su ambición e intensidad, fueron las hazañas de Simón Bolívar, libertador de futuras naciones (Ecuador, Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia). Y no menos notable fue su contemporáneo Andrés Bello, quizá el mayor pensador republicano del siglo XIX en América Latina.

Venezuela padeció largos periodos de dictadura hasta bien entrado el siglo XX y por ello arribó muy tarde al orden constitucional, en 1959, de la mano de otro personaje extraordinario, sin precedente: Rómulo Betancourt (1908-1981), el primer converso latinoamericano del comunismo a la democracia y, acaso, nuestro más esforzado demócrata del siglo anterior. Por desgracia, el periodo democrático tendría fecha de caducidad: en 1998, cansada de un régimen bipartidista manchado por la corrupción y las desigualdades sociales, Venezuela encumbró al redentor mediático Hugo Chávez.

La tensión continúa. Un sector amplísimo de la sociedad lleva meses volcado en las calles de todo el país reclamando su libertad y sus derechos confiscados por un régimen tiránico que la condena al hambre, la escasez, la desnutrición y la insalubridad. Las miles de imágenes de la represión por parte de los contingentes de la Guardia Nacional que pueden verse en las redes sociales son estremecedoras: disparos a mansalva, emboscadas mortales, decenas de jóvenes asesinados, asaltos a ancianos, vejaciones a mujeres, tanques contra manifestantes. Un Tiananmén diario mientras Maduro baila salsa. No podemos esperar el desenlace de ese drama como esperamos el final de una serie de televisión: Venezuela necesita una solución sin precedentes.

Me tocó presenciar de cerca el penúltimo ciclo de la antigua tensión. Me refiero a la era de Hugo Chávez, antecedente y responsable directo del drama actual. A fines de 2007, viajé por primera vez a Venezuela. Acababa de ocurrir el referendo (el único que perdió Chávez) en el que la mayoría de los votantes se manifestó de manera contraria a la propuesta de reelección indefinida y la conformación de un Estado socialista, lo que habría significado la fusión de Cuba con Venezuela en un solo Estado federal.

Volví varias veces. Hablé con numerosos chavistas, desde altos funcionarios e intelectuales afines al gobierno hasta líderes sociales. Me impresionó el testimonio espontáneo, en barriadas populares, de la gente agradecida con el hombre que “por primera vez”, según me decían, “los tomaba en cuenta”. Sentí que la vocación social de Chávez era genuina pero para ponerla en práctica no se requería instaurar una dictadura. El entonces ministro de Hacienda, Alí Rodríguez Araque, me contradijo: “Acá estamos construyendo el Estado comunal, como no pudieron hacerlo los sóviets, los chinos ni los cubanos”. “¿En qué basa su optimismo?”, le pregunté. “En nuestro petróleo. Está a 150 dólares por barril y llegará a 250”. “¿Y si se desploma, como en México en 1982, quebrando al país?”, insistí. “Llegará a 250, no tengo duda”, me dijo.

En el bando de la oposición hablé con estudiantes, empresarios, escritores, líderes sindicales, militares, políticos y exguerrilleros. Aunque los alarmaba el desmantelamiento de PDVSA (la productiva empresa petrolera nacionalizada en 1975), así como los niveles –una vez más, sin precedente en América Latina– de despilfarro y corrupción con los que el gobierno disponía de la riqueza petrolera, su principal preocupación era la destrucción de la democracia: la reciente confiscación de RCTV (la principal cadena privada de televisión) y el creciente dominio personal de Chávez sobre los poderes públicos presagiaban una deriva totalitaria. Chávez lo había anunciado desde su primer viaje a La Habana, cuando declaró que Venezuela se dirigía hacia el mismo “mar de la felicidad” en el que navegaba Cuba. La presencia de personal militar y de inteligencia cubano en Venezuela y la voluntad expresa de Chávez en volverse “el todo” de su país (como Castro lo era de Cuba), parecían confirmar esos temores.

Pensé que el daño más serio que Chávez infligía a Venezuela era el feroz discurso de odio que practicaban él y sus voceros. Quienes no estaban con él estaban contra “el pueblo”: eran los “escuálidos”, los “pitiyanquis” aliados al imperio, los conspiradores de siempre, los culpables de todo. Había que denigrarlos, expropiarlos, doblegarlos, acallarlos. Concluí que Chávez quería ser Castro, pero el tránsito hacia el “mar de la felicidad” no le sería fácil por el temple de libertad de los venezolanos.

Una historia sin precedentes tenía que desembocar en situaciones sin precedentes, como la súbita enfermedad mortal del caudillo que se imaginaba inmortal y el ungimiento monárquico de su sucesor. Pero nada preparó a los venezolanos para la tragedia que ahora viven. Junto con los ensueños petroleros han caído las máscaras ideológicas. El balance de la destrucción económica y social es terrible, y tardará decenios en asimilarse: tras despilfarrar en quince años cientos de billones de dólares de ingreso petrolero, el país más rico en reservas de América ha descendido a un nivel de pobreza de 80 por ciento  y enfrenta una inflación estimada de 720 por ciento para 2017.

Venezuela es el Zimbabue de América. Una descarada alianza de políticos y militares corruptos, obedientes a los dictados de Cuba e involucrados muchos de ellos en el narcotráfico, ha secuestrado a una nación riquísima en recursos petroleros e intenta apropiarse de ella a cualquier costo humano, y a perpetuidad.

Los asesinatos del gobierno de Maduro no son todavía comparables a los de las dictaduras genocidas de Chile y Argentina en los años setenta. Pero conviene recordar que estas no provenían de un orden democrático (y, en el caso de Pinochet, cedieron el poder tras un plebiscito). Tampoco es una copia del régimen de Castro, que acabó de un golpe con todas las libertades y las instituciones independientes y es la dictadura más longeva de la historia moderna.

Se trata, en todo caso, de una cubanización paulatina, el plan original de instaurar el “Estado comunal” a través de una asamblea constituyente espuria y liquidar las elecciones presidenciales de 2018. Pero este designio totalitario se topa con una resistencia masiva sin precedentes en nuestra historia latinoamericana, una participación cuyo heroísmo recordaría los mejores momentos de Solidaridad en Polonia o la Revolución de Terciopelo en Praga, si no fuera por la sangre que diariamente se derrama.

Es imposible predecir el desenlace. Pero para la comunidad internacional hay una salida. Se trata de la doctrina que el propio Rómulo Betancourt formuló en 1959 y que hoy ha retomado el valeroso Luis Almagro, quien con su liderazgo ha rescatado la dignidad e iniciativa de la OEA. El Derecho Internacional la conoce con el nombre de Doctrina Betancourt.

“Regímenes que no respeten los derechos humanos, que conculquen las libertades de sus ciudadanos y los tiranicen con respaldo de las políticas totalitarias deben ser sometidos a riguroso cordón sanitario y erradicados mediante la acción pacífica colectiva de la comunidad jurídica internacional”.

Nada cabe esperar de gobiernos dictatoriales: Rusia, China, Cuba, Corea del Norte. Tampoco de los serviles satélites de Maduro en la región. En cuanto a Estados Unidos, quizá Obama hubiese logrado la intercesión cubana, pero tratándose de Trump, carente de toda legitimidad moral, sería mejor que en nada intervenga. Quedan Europa, América Latina y el Vaticano. En solidaridad con el bravo pueblo de Venezuela, la Unión Europea y los países principales de América Latina deben tender el “cordón sanitario” –diplomático, financiero, comercial, político– al régimen forajido de Maduro, persuadir al papa Francisco de ser más agresivo en este esfuerzo y presionar juntos a Raúl Castro para aceptar la salida democrática: cese a la represión, elecciones inmediatas, respeto a las instituciones, libertad a los presos políticos.

Donaciones de sangre son aún insuficientes

No más aspersión aérea con glifosato: Minambiente

Logros y desafíos de discapacitados a debate en la ONU

Por Redacción Ecos. Foto: Radio ONU.- Se cumplen 10 años, probablemente,  del mayor logro alcanzado por la comunidad internacional para intentar mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidades, así como su integración plena en la sociedad. Ahora toca hacer balance y pensar en los objetivos para la próxima década.

La Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad fue adoptada por la Asamblea General en diciembre de 2006 y, al tratarse de un instrumento internacional de DD.HH., marcó un antes y un después en el reconocimiento de los 1.000 millones de personas, un 15% de la población mundial, que viven con algún tipo de discapacidad.

Diez años después, 173 países han ratificado la Convención y desde este martes acuden a su cita anual con agencias de la ONU, ONG y otros representantes de la sociedad civil, en la sede de Naciones Unidas en Nueva York. El objetivo es analizar los logros alcanzados hasta ahora y estudiar cómo mejorar la puesta en práctica de los derechos y libertades fundamentales, establecidos en el texto.

Para la costarricense Catalina Devandas Aguilar, Primera Relatora Especial de la ONU sobre los derechos de este colectivo, es fundamental que el encuentro ayude a "lograr un acuerdo sobre cómo avanzar en desagregar los datos estadísticos por discapacidad". Sin eso, Devandas no duda en afirmar que "implementar la Agenda de Desarrollo Sostenible no va a ser posible".

Más de 80 eventos, talleres y exposiciones se celebrarán en el marco de esta X Conferencia de los Estados Parte de la Convención, en los que se abordarán temas como la integración laboral para luchar contra la pobreza, el desarrollo urbano accesible y la participación de las mujeres en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

FARC tiene incertidumbre sobre seguridad jurídica de Acuerdos de Paz

Redacción Ecos. Foto: EFE.- El exjefe negociador de paz de las FARC, alias ‘Iván Márquez’, admitió que los integrantes de esa guerrilla mantienen la incertidumbre sobre la seguridad jurídica de los acuerdos de paz y de si realmente el Gobierno Colombiano cumplirá su palabra con lo pactado en La Habana.

“El mayor punto que siembra incertidumbre en la implementación de los acuerdos es la inseguridad jurídica”, dijo ‘Márquez’ en una declaración televisada desde la Escuela Militar de Aviación (Emavi) en Cali.

‘Márquez’, junto con otros miembros del Secretariado de las FARC y del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, siguió desde el lugar, a través de televisión, un acto de entrega de armas de esa guerrilla a la Misión de la ONU en Colombia, en una población del Departamento del Cauca, a la cual no pudieron llegar por malas condiciones climáticas.

Durante su intervención el jefe guerrillero sostuvo que después de seis meses de haberse firmado el Acuerdo Final de Paz, la Ley de Amnistía avanza de manera lenta, por lo que cientos de guerrilleros que debían haber salido en libertad aún permanecen en prisión.

“También nos generan inquietudes acerca de si hay una orquestación en curso para buscar someternos a la justicia penal y justificar la extradición por parte de sectores que quieren impedir la concordia nacional”, dijo ‘Márquez’.

Asimismo, subrayó que “la persistencia de grupos paramilitares y el asesinato de líderes sociales confirman que la implementación temprana de los acuerdos transcurre en un contexto bastante difícil”, pero dijo que pese a ello, las FARC irán “de las armas a las palabras”, y que llegarán a la política “para influir en ella, para transformarla”.

En su intervención, ‘Márquez’ dijo a Santos que las FARC creen en el compromiso que él asumió al firmar la paz, por lo que lo llamó a implementar los acuerdos por la vía constitucional y a defenderlos “si fuere necesario”.

A su turno, el Jefe de Estado colombiano afirmó que este “es un día histórico” para el país, ya que con la entrega del segundo 30% de las armas de las FARC a la ONU se demuestra que el grupo insurgente “está cumpliendo con el resto del acuerdo” y que entregará el 40% restante el próximo 20 de junio.

“Esta paz se va a construir poco a poco, he hecho el símil con la construcción de una catedral, que es ladrillo por ladrillo; la paz es la condición fundamental y necesaria para que este país se pueda desarrollar”, afirmó el mandatario.

Asimismo, Santos reconoció demoras en algunas partes del proceso, pero destacó que “eso es algo normal” y que pese a todo el acuerdo logrado con las FARC “es el más complejo que se haya firmado en la historia reciente”, señaló.

El Jefe de la Misión de la ONU en Colombia, el francés Jean Arnault, quien sí pudo llegar al Cauca pese a las condiciones climáticas, afirmó que el organismo ya tiene el 33% de las armas de las FARC, que son alrededor de 2.300, y dijo que la idea es tener unas 4.000.

En el acto, delegados de la Oficina del Alto Comisionado de Paz entregaron actas y acreditaciones de manera representativa a cinco miembros de las FARC, quienes de esa forma iniciaron su tránsito a la legalidad. 

Nuevos equilibrios políticos en las Legislativas Francesas

Por Felicia Saturno Hartt. Foto: El Horizonte.-  La primera vuelta confirmó la popularidad del Proyecto Político de Macron y quedó cerca de contar con tres cuartas partes de las bancas de la Asamblea Nacional; nueva debacle de los partidos tradicionales: sin escaños, sin influencia y con fama de populistas.

Francia fue sacudida ayer por un terremoto político de dimensiones históricas cuando el partido La República en Marcha (LREM), del recién elegido Presidente Emmanuel Macron, obtuvo 32,2% de votos en la primera vuelta de las elecciones legislativas francesas y quedó en condiciones de lograr entre 400 y 455 escaños.

Esos resultados, si se confirman el domingo próximo en la segunda vuelta, significan que LREM dispondrá de tres cuartas partes de los 577 escaños de la Asamblea Nacional Francesa.

El partido creado por Macron hace sólo 14 meses tendrá el monopolio absoluto del poder con el control de la Presidencia de la Pepública y una aplastante mayoría en el Parlamento.

Si se confirman, esos resultados representarán la mayor transformación política de Francia desde la creación de la Quinta República, en 1958. La llegada de Macron al poder no sólo puso término a más de medio siglo de alternancia entre la izquierda y la derecha, sino que la renovación tendrá una amplitud sin precedente: en total se calcula que cerca de la mitad de la Cámara de Diputados estará integrada por novicios.

Como lo prometió, Macron ha presentado una mezcla perfecta de gente con experiencia política, tanto de derecha como de izquierda, así como candidatos que vienen de la sociedad civil, sin ninguna experiencia previa. Hay paridad entre mujeres y hombres, hay jóvenes y viejos, profesionales y estudiantes, incluso desempleados.

Una de las principales víctimas de esos resultados fue el partido Los Republicanos (LR), de la derecha conservadora, que obtuvo 21,2% de los votos. Esas cifras, sensiblemente inferiores a los resultados logrados en las elecciones legislativas de 2012, pueden acordarle de 70 a 132 bancas en la Asamblea Nacional, según estimaciones coincidentes de los institutos de sondeos.

El tercer lugar fue ocupado por el Frente Nacional (FN), de extrema derecha. El partido de Marine Le Pen, que era la primera formación política de Francia en cantidad de votos hasta las recientes batallas del 23 de abril y 7 de mayo, totalizó 13,9% de votos, es decir, siete puntos menos que en la primera vuelta de las últimas elecciones presidenciales. Las previsiones le atribuyen entre uno y cinco escaños.

En cuarta posición se ubicó el movimiento Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon, con 11%, cifra que le permite aspirar a reunir entre 8 y 23 escaños. Mélenchon apeló a las otras fuerzas de izquierda para crear un frente contra los candidatos de Emmanuel Macron. "No le acuerden plenos poderes al partido del Presidente", dijo en su llamamiento.

En unas elecciones dominadas por una abstención récord de 51,2% de los 47,5 millones de inscriptos, esa victoria puede acordarle a Macron los medios para aplicar el ambicioso programa de reformas que prometió durante la campaña electoral.

El Partido Socialista (PS), que fue la fuerza política dominante en el Parlamento durante los últimos cinco años, sufrió la mayor derrota de su historia al reunir apenas 10% (contra 39,8% en las parlamentarias de 2012), que sólo le permite aspirar a reunir entre 15 y 40 bancas en el hemiciclo. "Se trata de un retroceso sin precedente", confesó el secretario general del PS, Jean-Christophe Cambadelis.

El terremoto de Macron arrasó con todos los precedentes y provocó una profunda transformación de los equilibrios políticos tradicionales.