Internacional

El entusiasmo electoral huyó de Chile

Maracay, 20 de noviembre de 2017. Por Felicia Saturno Hartt. Foto: El Mercurio.- No hubo sorpresas al conocerse que los candidatos de Chile Vamos y Fuerza de la Mayoría serían los que van al ballottage el próximo 17 de diciembre.

Lo  insospechado que Sebastián Piñera rindiera más bajo de lo esperado, con un 36,7% de los votos, muy lejos de los 44 puntos que anticipaba la Encuesta del CEP. Por otra parte, Guillier logró 22,7%, cerca de lo que marcaban los sondeos.

Los sondeos ubicaban a la izquierdista Beatriz Sánchez en tercer lugar, lo que se cumplió, pero con un porcentaje mucho mayor al esperado: la candidata del Frente Amplio obtuvo 20,3% de los votos, lo que deja a la periodista en una buena posición y 12 puntos más arriba de lo que anticipaba la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). Ahora resta saber si Sánchez apoyará a Alejandro Guillier en la segunda vuelta del 17 de diciembre.

El fantasma de la abstención nunca fue tan visible en Chile como en estas elecciones. Tras una campaña apática, en los primeros comicios presidenciales con voto voluntario, el pronóstico más optimista marcaba que la participación sería del 45% del padrón (de 14,3 millones de personas). Sin embargo, se superó esa cifra: 46%.

De acuerdo con los pronósticos optimistas, se esperaba que votara el 45% del padrón, compuesto por 14.308.151 personas en Chile y 39.137 habilitadas en el extranjero. Ayer, con el cierre de mesas, la estimación de votantes fue del 46%, lo que eliminaba el temor de una bajísima participación después de cuatro años de turbulencias, escándalos políticos y desconfianza creciente de la ciudadanía en las instituciones.

Piñera tiene un capital político. Quienes apoyaron al ex presidente no tienen reparos en defender públicamente las ideas de un líder que habla de la Educación como "un bien de consumo", que defiende la teoría económica del derrame y que sostiene que disminuyendo los impuestos a los empresarios mejorarán todos los sectores sociales. Lo cierto es que ese pensamiento está respaldado en la memoria colectiva por el hecho de que durante sus cuatro años de mandato el país creció a un ritmo del 5% anual.

Y los resultados muestran que en esta elección el "voto castigo" tocó al candidato del Oficialismo, un sector que perdió credibilidad por los escándalos de corrupción que golpearon al gobierno de Bachelet, durante el cual la economía, además, sufrió un freno. Tras cuatro años, queda un resultado electoral incierto, con un electorado fragmentado.