Internacional

Estado Islámico: victorias y derrotas

Maracay, 27 de octubre de 2017. Por Felicia Saturno Hartt. Foto: Computer Hoy.- Debilitados y con menguado poder militar y financiero, yihadistas perdieron su capital Raqa, pero poseen aún su poderoso aparato propagandístico y estructura operativa, en diferencias países, están sólidas.

Todavía emite algunos estertores de terror que se diseminan a lo largo del mundo, por momentos de manera esporádica y, con preferencia, en ciudades estratégicas de Europa. Pero el Estado Islámico ya no es lo que supo ser hace algunos años y su estructura orgánica parece ir perdiendo terreno poco a poco.

Por si algo faltaba para confirmar esa decadencia pronunciada, sufrió el tiro de gracia: la caída de la ciudad siria de Raqa, que proclamó hace tres años como la capital de su califato, junto con Mosul, en Irak, cuyo dominio ya había perdido en julio pasado.

Según distintas estimaciones, el Estado Islámico llegó a controlar unos 40 mil kilómetros cuadrados en Irak y Siria (equivalente al territorio de Bélgica), aunque otras proyecciones indican que eran 90 mil kilómetros cuadrados (similar al territorio de Jordania).

El feudo en el que el grupo terrorista yihadista implantó la ley islámica (sharia) comprendió inicialmente a Mosul, Tikrit, Faluya y Tal Afar en Irak, además de Raqa, en Siria.

La organización llegó a contar con 15 mil combatientes, según funcionarios estadounidenses, y con hasta 50 mil en su momento de apogeo, según confiaron en su momento expertos en seguridad iraquíes.

Soufan, una consultora experta en temas de Medio Oriente, consideró que unos 12 mil extranjeros se plegaron en pleno auge a las tropas del Estado Islámico, de los cuales unos 2.500 llegaron desde países de Occidente.

Para llevar a la práctica en los últimos cuatro años su incontrolable raíd de destrucción, odio y muerte contra bastiones de la civilización occidental, como París, Bruselas, Londres, Berlín y Barcelona, entre otros, los milicianos del EI dispusieron de un apreciable poder de fuego, que nada tuvo que envidiar al armamento utilizado por aquellos que se empeñaron en destruirlo, con Estados Unidos a la cabeza. En todo este tiempo, el grupo acumuló artillería pesada, ametralladoras, lanzacohetes y baterías antiaéreas.

La pregunta importante es cómo hizo para acceder a tamaño arsenal. Y la respuesta es relativamente simple: en su momento, sus líderes se ufanaron de controlar un patrimonio estimado en unos US$ 2.000 mil millones. A priori, esa suma parecía ser suficiente como para financiar sus despiadadas operaciones.

Además de un sofisticado aparato de propaganda, que permitía difundir al mundo atrocidades como decapitaciones y ejecuciones públicas, realizadas justamente en Raqa, utilizada como improvisado teatro de semejante horror.

Ahora bien, ¿de qué manera el EI pudo tomar contacto con semejante capital? Al principio, el dinero llegaba desde Qatar, acusado por sus pares del Golfo Pérsico de financiar al terrorismo, y Arabia Saudita.

Pero la venta de petróleo y gas natural de los territorios que estaban bajo su égida, además de la recaudación de impuestos y de lucrativos delitos como la extorsión, el contrabando o el secuestro. Y eso sin contar que, por ejemplo en Irak, se apoderó del capital que estaba bajo custodia de los bancos en las ciudades donde impuso su ley.

De todas formas, la asfixia a la que en forma paulatina fue sometido en Siria e Irak, le llevó a perder su hegemonía, lo que se tradujo en pérdida de armamento, combatientes y, sobre todo, recursos para financiarse.

Aunque la derrota en Raqa fue un golpe directo al corazón del movimiento, tampoco debe pensarse en un exterminio total, porque el EI instruyó en todo este tiempo a una legión de "lobos solitarios", dispuestos a actuar en cualquier circunstancia cada vez que se les convoque. Un objetivo difuso y difícil de intervenir y todo un desafío para el mundo global.