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Argentina dijo "No" al Populismo

Buenos Aires, 23 de octubre de 2017. Por Pablo Kummetz. Foto: M. Brindicci/Reuters.- En la República Argentina cada dos años son elegidos un tercio de los senadores y la mitad de los diputados. Hace dos años, Cambiemos, la coalición de Mauricio Macri obtuvo el 34% de los votos en todo el país. Este domingo el resultado fue mucho más beneficioso para el partido oficial. El Gobierno alcanzó el 42% de los votos y tendrá un tercio de los senadores y el 41% de los diputados.

Gobernar será ahora mucho más fácil y cómoda para Macri. Hasta ahora, el Presidente debía negociar trabajosamente sus mayorías parlamentarias. De los 91 proyectos de ley del Gobierno, solo 37 fueron aprobados.

El Gobierno planea ya una ofensiva de reformas para los próximos meses, que puede contar también con el apoyo de sectores de la oposición y gobernadores interesados en negociar acuerdos beneficiosos para sus propias provincias.

En todo caso, Argentina ha demostrado que el país es gobernable sin el Populismo Peronista. Algo nuevo en la política argentina. Macri podrá dar continuidad a su proyecto político y tiene grandes posibilidades de que su gobierno no sea un mero interregno entre dos ciclos peronistas: una condición indispensable para la llegada de las tan anheladas inversiones extranjeras.

Estas elecciones pueden significar una nueva era en la política argentina y abren las puertas a una posible reelección de Macri en 2019. Su agenda de reformas puede continuar.

La mejor prueba es que incluso sindicatos moderados están dispuestos, por lo menos, a dialogar sobre una flexibilización laboral, algo impensable hace algún tiempo atrás.

Los próximos grandes pasos serán probablemente reformas en los derechos impositivos y de capitales. "Y esto es solo el comienzo”, dijo recientemente Macri en una conferencia económica en Buenos Aires.

No fue la política la que cambió la sociedad, sino que la sociedad cambió a la política. El Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner fue el que en realidad hizo posible el cambio. Demasiados groseros fueron los engaños, las políticas populistas y la omnipresente cleptocracia de Kirchner y su entorno.

Ahora le pasan la cuenta. No solo política, sino también judicialmente. Tanto el vicepresidente del antiguo gobierno como su ministro más poderoso, el que decidía sobre los grandes encargos públicos, están procesados por graves delitos de corrupción. También los jueces han registrado que los vientos están cambiando y comienzan a aplicar las leyes con mayor rigurosidad y consecuencia.

Incluso las finanzas personales de la expresidenta, su hija y su hijo están bajo la lupa de la Justicia. Desde el origen de millones de dólares en efectivo hallados en una caja fuerte en un banco hasta transacciones dudosas con empresarios de obra pública: mucho está saliendo a luz. Algunos de los más estrechos antiguos colaboradores de la expresidenta están ya en prisión. Ya no puede excluirse que a la expresidenta le suceda lo mismo.

A ello se agrega un posible procesamiento por traición a la patria. La sospecha: un pacto secreto con Irán para tratar de desvincular a iraníes de un atentado contra un centro cultural judío en 1994, que dejó 22 muertos y más de 200 heridos. Por aclarar está aún también porque el fiscal que investigaba en esa causa apareció muerto con un disparo en la cabeza un día de informar al Congreso sobre el avance de sus conclusiones.

Argentina no tiene por qué llorar por su pasado reciente. Es de esperar, que la nueva era gane en impulso y profundidad. No solo sería importante para el país, sino también para toda la región.