Economía

Una mirada económica al 2018

Maracay, 10 de enero de 2018. Por Felicia Saturno Hartt. Foto: PIKcaso. Existe un interesante estado de ánimo en los mercados y en los analistas económicos para este 2018. Un consenso internacional, entre analistas, académicos y funcionarios gubernamentales expresa que este año será tan bueno o quizás mejor que el 2017, en términos de consumo, empleo, inflación y crecimiento.

En este orden de ideas,  esto no se explicará, con la excepción de países como España y otras naciones de América Latina, solo por la recuperación de la crisis, sino también por la fortaleza de sus mercados. Cada vez son más las grandes naciones que, como EE.UU., han alcanzado su PIB potencial y se disponen a superarlo.

Pero las preocupaciones también están presentes. La primera es el estancamiento de los salarios reales y la lentitud en la recuperación de la productividad. Otra importante son los riesgos geopolíticos de líderes imprevisibles y escépticos ante la globalización como Donald Trump, vuelcos inesperados como el Brexit, violencia incontenible como la de México o crisis territoriales como la de Cataluña.

Indudablemente surgirán distintos debates. Destacan, entre ellos, cómo debe dividirse el poder o distribuirse la riqueza, hasta qué punto necesitamos más reformas estructurales para mejorar la productividad, estimular la promoción social, reducir la precariedad y la pobreza y garantizar la sostenibilidad de las pensiones y ayudas de intervención de las poblaciones vulnerables.

El Fondo Monetario Internacional, que siempre es más prudente que de optimista, ha tenido que revisar al alza sus previsiones mundiales de crecimiento para el que viene. Abandonamos, según el FMI, un año donde el PIB global habrá aumentado un considerable 3,6% y llegamos a otro donde avanzará una décima más.

Goldman Sachs, más optimista, se anima a apuntar que ellos esperan un 4% de crecimiento en 2018. Son cifras menores pero muy parecidas a las de los años anteriores a la crisis económica. El temido enfriamiento de China seguirá siendo un factor relevante.

El crecimiento es,  sustancialmente, el propio impulso de la recuperación económica, el fortalecimiento de la demanda sobre todo en China y en los países desarrollados y, en términos más globales, el incremento de la confianza y la actividad de los inversores, la reactivación de la producción industrial, la mejora en el acceso al capital y las condiciones de financiación y, por fin, unos precios del petróleo que, a pesar de su recuperación, se mantendrán el año próximo por debajo de los niveles de 2010.

El crecimiento económico acelerado se traducirá en millones de puestos de trabajo. Eb los últimos cinco años, el desempleo se ha reducido cerca del 40% en las economías avanzadas hasta el punto de que algunas de ellas, como Alemania, han alcanzado el pleno empleo. Es cierto que sigue y seguirá habiendo situaciones preocupantes como las de Grecia o España, pero también lo es que, por ejemplo en el caso de España, el desempleo caerá en un 37% entre 2012 y 2018.

Liderarán el crecimiento económico los países emergentes y, muy especialmente, los asiáticos. Destacarán entre ellos Indonesia, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam. La región de naciones emergentes que menos crecerá será América Latina y el Caribe, muy por detrás de Oriente Medio y el Norte de África y de la media de los países subsaharianos.

La inflación se mantendrá en unos niveles extraordinariamente modestos por una mezcla entre los bajos precios de las materias primas, en especial, de la energía, y por una lenta recuperación de los salarios. La inflación media en las economías desarrolladas no llegará al 2%, la cifra que suele invitar a los bancos centrales a elevar los tipos de interés y, en consecuencia, a encarecer la financiación.

En los países emergentes y en desarrollo, aunque se espera que repunten los precios dos décimas más rápido que este año, lo cierto es que a mediados de 2017 su inflación cayó a mínimos de los últimos ocho años. En 2018, el FMI cree que la inflación de los emergentes y países en desarrollo, con la exclusión de casos especiales como Venezuela, se situará en el 4,4%.

Otros debates como nuevos retrasos de la edad de jubilación (la sostenibilidad de las pensiones sigue sin estar asegurada), la necesidad de una renta mínima que mitigue la embestida de la robótica, una reforma laboral que recorte la dualidad y la discriminación de determinados colectivos o la apuesta por una educación excelente y continua que, además, reduzca el fracaso escolar, serán muy certeros escenarios de consenso.